Un Singapur diferente cada vez

La verdad es que el principal y casi único motivo para repetir (o cuatripitir) una ciudad tan cara como Singapur era satisfacer a los niños y pasar el fin de año viendo los fuegos artificiales con el fondo de una gran ciudad.

Por fin llegó el día, y decidimos ahorrar energías por la mañana y perrear en el hotel. Por la tarde salíamos a comer y encontramos un centro comercial muy curioso, con muchas tiendas dedicadas a la salud, el aprendizaje y la creatividad (judo, canto, danza, dibujo). Y arriba de todo, un karaoke.

Decidimos entrar y darle una oportunidad a eso que es tan asiático como encerrarse en una cabina a gritar como condenados luces de colores. Y fue una pasada – quizás uno de los grandes momentos del viaje. Hugo, para nuestra sorpresa, se desinhibió y gritó como el que más. El punto álgido llegó con una canción que nos sabíamos en español (Pepa vamos pa la fiesta…) Subidón (tanto que repetimos al día siguiente)

Salimos de ahi a ponernos guapos para la noche de fin de año – sin saber que nada iba a salir según los planes. A pesar de que reservamos un restaurante en la Marina (cosa difícil), el servicio fue malísimo…perdimos mas de 2 horas cenando y eso nos hizo llegar super justos a ver los fuegos…no nos quedó más remedio que seguir a la “manada” de gente y acabamos en un sitio no muy bueno…y metidos de lleno en una marabunta.

Pero lo peor no fue eso – lo peor fue que Amalia empezó a agobiarse entre tanta gente…pero decidió aguantar para no fastidiar la experiencia, contra todos sus instintos. Es muy buena y generosa, pero al final, después de unas uvas que nos comimos bastante desincronizadamente, no pudo más y pidió salir de allí. Sebas la acompañó y salieron antes de que acabaran los fuegos.

Y una vez fuera, rompió a llorar en un ataque de ansiedad. Las multitudes la agobian y se estuvo aguantando demasiado tiempo. Pasamos casi 1 hora hablando y jugando para tranquilizarla…pero habíamos perdido a Sandra y Hugo, que tenían todo el dinero y todos los móviles – así que más ansiedad y estrés (para Sandra).

Al final nos encontramos y fuimos a sentarnos al parque para bajar el estrés, mirando el lago y escuchando música de relax.

Lo que sí salió bien fue conseguir taxi inmediatamente en medio de esa noche de locos. Y como esta montaña rusa de emociones empezamos el 2024!

El primer día del año lo pasamos perreando y de compras, preparándonos para el vuelo nocturno a Cebú.

Un comentario sobre “Un Singapur diferente cada vez

  • Dora Cabrera 4 enero, 2024 at 13:55 Reply

    Cómo disfrutan los niños, ay mi niña y su agobio a las muchedumbres, en eso nos parecemos. Un abrazo a todos!

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