Kuala Lumpur, edición familiar

Los vuelos no fueron malos, pero sí muy largos. El primero de 5 horas y media…el segundo salió con más de una hora de retraso y duró otras 8 horas. En total, pasamos más de 24 horas en ruta y casi sin dormir (con bebés en el asiento contiguo, subidas y bajadas de temperatura e interrupciones cada 3 horas para comer algo)

Por fin aterrizamos en Kuala Lumpur. La verdad es que pensamos que tendríamos 2 días completos, pero leímos mal el billete del avión y al final solo tenemos un día y medio. El medio era después de ese viaje, así que no esperábamos mucho. Kuala Lumpur es solo el destino al que llegamos con el vuelo más barato, pero no es una ciudad tan amigable para los niños como Singapur o Bangkok, así que con 2 o 3 días pensamos que había suficiente.

El primer día, después de desempacar las cosas en el apartamento, decidimos ir a cenar a un Food Court (como en nuestro primer viaje a Malasia) – hay mucho de nostalgia en cada cosa que vemos, y también queremos compartir con los niños lo que nosotros vivimos.

La idea del foodcourt les gustó – muchos sitios para elegir comida con una zona común de mesas…parecido a lo que ahora se hace en España con los Food Trucks. La comida ya no triunfó tanto – mucha soja y carne muy especiada. Al final se lanzaron a la pizza.

Lo mejor de la noche fue que el foodcourt estaba en Suria KLC, el centro comercial de las Petronas, y al salir pudimos verlas junto a otros rascacielos iluminados. A Hugo le chiflan estas cosas, estaba muy contento.

Ahí acabó el día…después de casi 36 horas sin dormir, nos fuimos a morir al apartamento.

A la mañana siguiente fuimos a ver las Batu Caves, un complejo de tempos dentro de cuevas calcáreas a 20 minutos en taxi del centro. La verdad es que el entorno de los templos es bonito, pero los templos Hindús siempre tienen ese aspecto poco formal, casi de parque temático (muchos colores, ídolos con expresiones graciosas). Hugo se reía diciendo que era como Port Aventura, todo de poliespán.

Para ellos lo más interesante fueron los monos que, como en muchos templos hindús, campan a sus anchas y piden descaradamente comida a todo el mundo. Amalia parecía no tenerles ningún miedo (absolutamente ninguno) y no se llevó uno a casa de milagro.

La verdad es que podríamos haber visitado más templos, pasear más por la zona…pero a 32 grados y con un sol de espanto, había consenso en que nos apetecía más ir a la piscina del apartamento.

Después de pedir comida a domicilio y de dormir una laaarga siesta (todos menos Sebas), subimos al piso 51 a la piscina infinita del edificio (su mayor reclamo). La verdad es que las vistas desde la piscina son bonitas y las fotos quedan muy bien.

Para acabar el día decidimos pegarnos un homenaje nostálgico e ir a comer a “El Cerdo” – un restaurante español en Kuala Lumpur. No es que no queramos probar la cocina local, es que este restaurante tiene historia. Está vez no tuvimos que comer con agua y pudimos pedir de todo – y aunque estaba bueno, volvimos a confirmar que no se pueden repetir experiencias (lo que en 2008 nos parecía un lugar de postín, ahora es algo bastante normalito). Todo cambió, sobretodo nosotros.

Al salir del restaurante paseamos por las calles de Bukit Bintang – unas de las más turísticas y animadas de Malasia – pudimos ver prostitutas (Hugo intentaba adivinar quien lo era una vez que le explicamos que las había), bares musicales, karaokes, comida callejera, músicos al aire libre, caos general y puestos de masajes.

Aquí es donde paramos – masajes de piés y cuello para cuatro. A los niños les encantó y creo que incluso nos trataron mejor por ir con ellos. De ahí a pasear por la calle de los puestos de comida, comprar alguna chuchería y al apartamento otra vez.

Es como si no hubiésemos hecho gran cosa, y aún así tenemos la sensación de no habernos dejado nada de lo que realmente queríamos hacer. Estamos siguiendo el ritmo de los niños, y de momento no va mal. Estamos hablando mucho con ellos, y ellos se sienten escuchados. Empezamos bien.

Un comentario sobre “Kuala Lumpur, edición familiar

  • Dora Cabrera 19 diciembre, 2023 at 16:02 Reply

    Hola familia, al fin en destino. Viéndolos cada día es como no darse cuenta de los cambios que han hecho los niños, pero al ver las fotos se notan y mucho. Han crecido y eso me produce cierta saudade. Disfruten, disfruten y disfruten. Ya se darán cuenta que compartir con los hijos es lo mejor del mundo. Acá de preparativos navideños, vendrán Nati y Martín a nuestra casa, así que todo será en familia y con fresco. Las noches y las mañanas son de rasca, ya era hora. Un enoooorme abrazo para todos. Cuídense. Los queremos

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