Empezamos la semana de Templos

Hoy nos levantamos con el propósito de ir a ver los templos más emblemáticos de la ciudad. Nos dirigimos en taxi al Wat Phra Keow o Gran Palacio, en un recorrido que en metro son 15 minutos si llega y en coche fueron 45 minutos pasando por el barrio chino. Al llegar el calor era asfixiante y en esta zona de la ciudad alrededor del Palacio, no hay sombras.

Sandra iba con pantalón largo y camiseta, el resto en pantalones cortos. Sandra. Llevaba pañuelos para cubrir las piernas del resto. Pero por sorpresa para nosotros, los hombres no podían llevar Salong (al contrario que en Indonesia) y teníamos que comprar sí o sí, pantalones para poder entrar. El calor, sumado a que nosotros ya lo habíamos visto, que estaba plagado de gente y que  nos tocó las narices el negocio de los pantalones… pasamos del Palacio.

En su lugar, lo intentamos con el Templo del Buda Esmeralda, que alberga el Buda tumbado más grande, al menos de Tailandia. El tiempo en este templo pasó apaciblemente, con mucha menos gente, con sombras y donde pudimos tocar un Gong para nuestros mejores deseos para el 2024.

Tras la visita, volvimos en metro a Silom, donde comimos para capricho de Hugo, unos ramen. El comentario de Hugo fue “está riquísimo, mucho más bueno que el que comimos en SIngapur”. Y así es la globalización, que puedas comer comida japonesa en Singapur o en Tailandia.

Tras la comida, compramos algunas chuches, hoy llegaríamos tarde a Siem Reap, y Sebas se afeitó la barba.

Desde el hotel al aeropuerto hay un trayecto de 30 minutos, y todos maldijeron a Sandra cuando nos hizo ir con 1 hora y media de antelación. Los motivos eras claros, el tráfico en Bangkok es un asco. Y así fue como el trayecto de 30 minutos se convirtió en uno de hora y media. Llegamos justo para hacer el check inn que era un caos, pasar el control de migración e ir a la puerta de embarque.

Tras una hora de vuelo, llegábamos a Siem Seap, el proceso de visa fue lento y pagado sospechosamente solo en efectivo, nos costó 140 euros ( hicieron la conversión 1:1 del dólar). Por suerte, un chófer del hotel donde nos hospedábamos había venido a buscarnos, ya que hay una hora aproximada de trayecto.

Por fin llegamos a Angkor Heart Bungalow. La llegada fue perfecta, nos trajeron comida de bienvenida, pese a que Sebas en el camino había encargado comida a un restaurante de la ciudad. La habitación es bonita, sencilla, acogedora y con todas las comodidades básicas cubiertas, y algunas no básicas como nuestra piscina privada.

Aunque las camas son un poco duras, descansamos para poder coger con ganas la visita a Angkor Wat.

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