Quién dijo que el camino a Lovech sería fácil?

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Abandonamos Koprivshtitsa, lo que parece un camino corto en el mapa, resulta ser un camino serperteante ascendente y un paso de montaña. No recordamos el tiempo con exactitud, pero tardamos en llegar una 3 horas por estas carreteras, sin poder adelantar – no podíamos pasar de 40 (los búlgaros sí adelantan, pero los adelantamientos que hacen son de película de acción).

Hicimos un parón en el camino, en Troyan  para comer, en un local nos dijeron que no tenían pizza (el de la mesa de al lado se estaba comiendo una) solo para no atendernos ya que la camarera no entendía inglés y éramos “el marrón” del día. Da igual , había más sitios y todos servían lo mismo… pizza.

Tras la comida fuimos a visitar el  Monasterio de Troyan o  Dormición de la Santísima Madre de Dios . El Monasterio de Troyan , que es ortodoxo, es el tercer monasterio más grande de Bulgaria.y está situado  a orillas del río Cherni Osam cerca de Oreshak, Se celebraba una especie de mercadillo , parece ser que es un destino turtístico importante.

La iglesia , Sveta Bogoroditsa, es bonita, con pinturas por todas las paredes, una cola enorme de fieles esperaban en estoica fila para tocar el icono de las tres manos de la Virgen.

Todo fue tranquilo, hasta que un religioso ortodoxo se quedó mirando a Martín fija y apaciblemente hasta que éste se levantase de la piedra en la que estaba tumbado.

Visto el monasterio y dado el capricho de unos hinclables a los chanchos (5 levas: aprox 2.5 euros hasta que se cansasen!!) pusimos rumbo a Lovech.

Llegamos a nuestro hotel  (con piscina) pero salimos a pasear por la ciudad. A nosotros nos pareció interesante el barrio antiguo (Varosha) y como no el puente cubierto.

Para poner un poco de información del puente, único en Europa, tiene una estructura de madera de roble y haya, la cubierta es de hierro y los pilares son de piedra. Conecta la parte antigua de Lovech (barrio de Varosha) con la parte moderna y es el símbolo de la ciudad. Hay puestecillos dentro del pasillo que aquella hora ya estaban cerrados. Cenamos en la gran plaza, de nuevo con un vino blanco, “del puente cubierto” muy muy interesante.

Descubrimos que Bulgaria tiene muchos vinos que son de nuestro agrado.

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