Molinos de viento y Utrecht

Esta entrada pertenece a la serie Holanda
Ver Más Entradas

Nos levantamos con el firme propósito de ir a ver campos de tulipanes, pero amaneció nublado con mucha posibilidad de lluvia y mucho frío. Cambiamos nuestros planes para dejar los tulipanes en un día soleado.

Decidimos ir a Zaanse Schans a ver un pueblicito de aproximadamente unas 30 casas y molinos de viento. Viajar hasta allí fue muy fácil, desde la estación central había un bus directo (391) que tardó tan solo 40 minutos.

Cuando llegamos nos dimos cuenta de que era un lugar muy muy turístico, con bastantes autobuses de tour. Sorprende bastante ver tanta gente paseando por un pueblo, sobre todo teniendo en cuenta que vive gente en esas casas. Se sacrifica la pérdida de intimidad con la ventaja de trabajar en tu pueblo, ya que hay bastantes puestos de recuerdos, museos-tienda de quesos, chocolates, barricas… para todos los gustos. Como siempre la comida la dejan de lado y se conforman con tener puestos de perritos calientes, que es donde fuimos a morir cuando nos entró el hambre.

Fue muy agradable pasear por las calles llenas de puentes que cruzaban minicanales, sin tráfico y rodeados de jardines y flores. Fue un poco de aire fresco después de dos días de ciudad.

Lo mejor de la visita fueron los molinos, había molinos de pintura, de aserrar y de aceite. Decidimos entrar en este último, 3 euros en mano, a ver como se elaboraba el aceite de cacahuete. El molino funciona, y elaboran su propio aceite. Supimos que el molino data de 1676 y estaba en perfecto estado de funcionamiento, con restauraciones se entiende. Las muelas para moler los cacahuetes eran enormes y el proceso de prensado emitía un sonido rítmico e hipnótico muy relajante. Subimos a la parte exterior del molino, acojona un poco, se puede ver todo el pueblo y lo cerca que están las aspas. No hay problema un valla protege a los descerebrados de acercarse a un aspa.

Cuando terminamos la visita volvimos a Ámsterdam, el autobús nos dejó de vuelta en Estación central y como era temprano decidimos en ese mismo instante que no íbamos a Utrecht. Unos 30 minutos más tarde y 40 euros más pobres (ida y vuelta) estábamos en el centro de Utrecht.

Es una ciudad mucho más tranquila y a nuestro parecer con un poco más de encanto que Ámsterdam. Pasear tranquilamente fue lo mejor. La gente se estaba preparando para la gran fiesta de mañana, la coronación del nuevo rey y se notaba el ambiente festivo. La gente había montado un mercadillo con sus propias cosas, el mercadillo era enorme, no terminábamos nunca y nos costó un tributo para Hugo, una Dora playera por 2 euros. Bueno..

Decidimos acabar con el mercadillo porque se estaba poniendo un poquito intenso y empezaba el desfase. Hugo escuchó a lo lejos una orquesta y decidió que quería bailar para el deleite de su público. Aquí pasamos un rato bailando con el enano, es un poco fiestero y aunque estuviese cansado no se quería ir.

Finalmente lo arrancamos de la fiesta y volvimos a casa, de camino vimos los preparativos para la gran fiesta. La sensación es que mañana iba a arder la ciudad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.