Pura Vida!

Esta entrada pertenece a la serie Costa Rica
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Desde que nos levantamos, a las 05:00 am (sí, esa hora existe) hasta que llegamos al aeropuerto, sólo pensamos en una cosa: 14 horas con el enano en un avión.

Si lo piensas mucho, te ves a ti mismo siendo apaleado por los demás pasajeros, mientras proteges a tu hijo de ser lanzado por la escotilla del WC. Siempre pensamos que los niños en un avión son un coñazo, hasta que el coñazo lo llevas tú.

Y con esta fantástica idea, y con la sensación de haber preparado el viaje mucho menos de lo que es habitual en nosotros (ni siquiera conocemos la historia reciente de Costa Rica), embarcamos en el primer avión. Oh sorpresa, el vuelo “directo” que nos vendieron hacía parada en Madrid (¿No es eso una escala?)

El embarque y check-in de las maletas fue como una carrera de tortugas a cámara lenta. El tipo que lo hacía parecía un pedófilo con resaca. Pelo repeinado, cara de no haber roto un plato y tooooda la parsimonia del mundo. Lo apodamos “pepito”, para tener un nombre al que insultar.

De repente se sucedieron las buenas noticias:

  1. El avión transatlántico era más grande de lo que esperábamos (en el check-in online se veía un dibujo de un A320, que es el que nos llevaba a Madrid)
  2. Nos tocó una de las filas laterales, con sólo 2 asientos (no 4)
  3. En último momento, el pasajero que tenía la mejor plaza del avión se cambió de sitio, y Sebas pudo estirar las piernas mientras Sandra y el enano disponían de 2 sitios.
  4. Y la Bomba: desde Madrid eran 10 horas, no 14.

No vamos a contaros como son 10 horas con Hugo y un paquete de galletas en un avión. El que quiera saberlo que tenga un hijo y lo traiga a Costa Rica. Hay cosas que la gente no está preparada para saber.

Por fin llegamos a San José. Una ciudad totalmente prescindible que se caracteriza por:

  • El caos caribeño habitual, donde el tráfico obedece a veces sí y a veces no a las señales, la ordenación urbana es un concepto desconocido y no existen límites claros entre lo que es un bache o un lago de patos.
  • La presencia inquietante de rejas, alambres de espino y otros artefactos que convierten cada casa en una cárcel para su dueño. No nos dió la impresión de que estuviese justificado, pero desde luego no transmite seguridad.
  • Un estadio de fútbol modernista (no pega con nada) regalado por los chinos a la ciudad (los chinos nunca regalan nada…seguro que piensan comprar medio país). En ese estadio se jugó el amistoso con la Selección Española, algo que a nosotros ni nos sonaba, pero que para todos los Ticos fue EL evento de los últimos años.

Compramos algunas chorradas y nos fuimos a dormir. 7 horas de jetlag no se recuperan así como así. Al día siguiente nos levantamos a las 4:30, hora local.

Tomamos un taxi al aeropuerto de Tobías, donde nos esperaba el avión más pequeño que hemos tomado nunca.

 

PD: Hugo ya camina, y eso significa que a veces lo dejamos ir a su aire. Los resultados suelen ser siempre algún berrinche cuando le cortamos el paso a lugares peligrosos. Véase foto para prueba.

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