Últimos días en Sámara y San José

Esta entrada pertenece a la serie Costa Rica
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Para no perpetuar nuestra mala costumbre de no cerrar nunca los viajes en este Blog (cuando llegamos a casa ya no nos apetece seguir escribiendo), vamos a contar nuestros últimos días en Costa Rica.

Lo lamento por los mirones, porque hay pocas fotos.

De Liberia nos fuimos a pasar los últimos 2 días de vacaciones a Sámara, un pueblecito costero con acceso a muchas playas y hiperturístico.

Los precios eran altos y el ambiente era como el de Peñíscola: mucho turista y todo el pueblo viviendo de ellos.

La llegada a Samara fue divertida. Ya estábamos en el aeropuerto esperando la llamada a embarcar en la avioneta, y no teníamos lugar donde dormir. Sebas reservó en el último minuto una habitación desde una cabina telefónica, a 5 minutos de embarcar. A 2 minutos de embarcar, con otra llamada, reservó un Taxi para el aeropuerto de Punta Islita (porque no era un aeropuerto, sino más bien una carretera con una chabola al final, y ni siquiera taxis hay que esté esperando allí si no los reservas). Viviendo al límite!

El aeropuerto de Punta Islita es la mínima expresión de un aeropuerto. Una carretera larga y estrecha (sólo sobraba 1 metro de pista por cada lado del tren de aterrizaje) y un cartel de bienvenida. Nada más.

De camino al hotel (Sámara Pacific Lodge) el taxista nos comentó la burbuja inmobiliaria que había tenido lugar en Costa Rica (sí, no somos los únicos) y cómo se había desinflado por la crisis mundial. Ellos tuvieron más suerte y se desinfló antes de que fuese tan grande como para llevarse al país por delante.

Llegamos al hotel, el único sin tele, y nos pareció un remanso de paz. Lo de la tele no nos molestó, la verdad es que el silencio que había en aquel hotel se merecía un poco de aislamiento. La piscina le encantó al enano, como siempre, y a nosotros que el restaurante ofreciera platos de cocina francesa todas las noches.

No hay mucho que contar de esos dos días. Lo más reseñable fue un paseo por la playa del que no tenemos fotos, pero en el que Hugo paseó desnudo por la arena y jugó con las olas con total independencia. Nos alejábamos unos 50 metros de él y lo veíamos venir hacia nosotros con una sonrisa enorme. Cuando nos tenía cerca se olvidaba de nosotros y volvía a jugar con el mar.

Pasamos los días entre batidos de banano en leche y sesiones de piscina, con alguna mala noticia de la familia (a los padres de Sebas les robaron el camión del trabajo) y comiéndonos el coco con el estado de España y el futuro que podríamos darle al enano en este dichoso país de pandereta.

El regreso fue tan duro como esperábamos. A saber:

  • Taxi al  aeropuerto de Nosara (45 minutos)
  • Espera de 2 horas
  • Avioneta desde Nosara a San José (45 minutos)
  • Espera de 6 horas al vuelo internacional
  • Avión desde San José a Madrid (10 horas)
  • Espera de 4 horas en Madrid
  • Vuelo de Madrid a Barcelona (1 hora)
  • Coche hasta Roda de Barà (1 hora)

En la espera en San José tuvimos una idea: alquilamos un taxi durante 3 horas (20$ la hora), dejamos en el Taxi las mochilas grandes (el taxista se queda en un parking esperando) y salimos a conocer el centro de San José.

Tuvimos 2 horas para ver el centro, y creemos que es todo lo que hay que dedicarle a esa ciudad. Como todas las ciudades, esconde lo peor del país. Además, en esta concretamente hay poco que ver.

Paseamos por la calle peatonal (es la versión reducida del Portal del Angel de Barcelona), vimos el Teatro Nacional (por fuera y un poquito por dentro), compramos unos souvenirs y tomamos un mega-café en el bar del teatro.

La verdad es que las 2 horas cundieron un montón!

Y esto es todo!

No vamos a hacer un post resumen ni una valoración global del país. Nos han invitado a participar en el concurso de relatos de www.familiasenruta.com, y probablemente dejemos ese resumen para el concurso.

Si al final lo escribimos, colgaremos aquí el link si sale publicado.

Pura Vida!

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