Con mono de aventura

Esta entrada pertenece a la serie Costa Rica
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Los días en Playas del Coco iban pasando, y como estábamos buceando ya nos parecía bien. El fondo marino nos sorprendió con mantas, manta rayas, tiburones, caballitos de mar y otros muchos peces.

Nota para nuestros “buddies” del otro lado del charco: hay peces chulos, poca visibilidad, nada de corales, pero que se ven mantas, tiburones y pulpos!. El agua es verde, la visibilidad de unos 8-10 metros como mucho y la temperatura de unos agradables 26 grados.

Agradecimos a Will por hacer de niñera, un colombiano instructor de buceo y licenciado a lenguas que habla 7 idiomas.

Lo cierto es que si no buceas no tienes muchas más cosas que hacer en Playa del Coco, y como ya habíamos terminado nuestros dives, decidimos mudarnos. Las opciones eran dos: continuar con playa hasta el fin del viaje o mudarnos  Liberia y desde allí alquilar un coche y acabar de ver un par de parques nacionales.

Escogimos lo segundo, porque con el enano las playas pueden ser cualquier cosa, menos relajantes (y no puede tomar el sol demasiado).

Volvimos a pagar un dineral por el taxi hasta Liberia (45$) y acabamos en un hotel muy cutre llamado “La Siesta”. Nos pasamos 2 horas mirando por internet y fue lo mejor que encontramos…mala suerte. La verdad es que ahora elegimos los hoteles por lo que quiere el enano, es decir:

  • Habitaciones grandes donde poder moverse caminando
  • Piscina (el Jacuzzi es un plus)
  • Tele con dibujos animados
  • Poco ruido a medio día para hacer la siesta

Y pensar que antes nos conformábamos con una cama limpia y una ducha caliente!

Pasamos todo el día en el hotel, porque ya era tarde para salir, y no conseguimos coche de alquiler hasta el día siguiente.

La suerte nos sonrió esa noche, porque salimos a cenar por el centro y escuchamos tambores. Al enano le encantan, así que fuimos raudos hacia el bullicio (él peque bailaba en el carro antes de llegar)

Estaban celebrando una fiesta en honor a la inmaculada concepción (aquí son evangelistas y muuuy chupacirios), pero de un modo bastante heterodoxo. Las chicas que bailaban eran una mezcla de Papá Noel y las conejitas de Playboy.

El enano se lo pasó pipa mirando la celebración, sacamos algunas fotos.

Nos fuimos a dormir temprano. Decidimos ir al día siguiente al Parque Nacional Volcán Tenorio, y tenía pinta de que iba a ser un día duro.

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