De Akureyri a Broddanes

Esta entrada pertenece a la serie Islandia
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El último día en Akureyri fue de lo más relajado, no teníamos muchas ganas de movernos después de la paliza del día anterior. Salimos a pasear por la ciudad, que sin ser fea es bastante sosa, si no fuese por las vistas del puerto. Comimos sushi mientras Fani y Sandra pasaban hambre, para después rematarlo con unos cafés y unas pastas. La tarde transcurrió haciendo tareas domésticas y descansando para el día siguiente.

Y llegó el madrugón porque nos esperaba una etapa bastante larga. Salimos temprano (nos levantamos a las 7, que es mucho madrugar para los enanos y para nosotros que se supone estamos de vacaciones), y pusimos rumbo a los fiordos del oeste.

En esa parte del país las carreteras son más precarias, viven mucho menos habitantes y se encuentra la parte más inhóspita del país, a la que no iremos pero nos hubiese gustado.

La carretera fue bastante bien la mayoría del camino con algunos tramos no asfaltados pero de pistas fáciles. Pudimos parar incluso para estirar las piernas y ver un grupo de focas a pie de carretera.

Poco a poco la carretera se fue haciendo un poco más complicada, pero por suerte fue poco camino hasta llegar al hostal. Tal y como esperábamos estaba en medio de ninguna parte pero con unas vistas increíbles a una bahía. La luz del día dura mucho más en esta parte, especialmente porque no estaba lloviendo.

Esto era Broddanes, que no es un pueblo sino un par de casas incluido el hostal. Aunque nos hicimos 300 y algo Km, llegamos justo a tiempo para preparar la comida y hacer una pequeña excursión por la tarde.

Salimos hacia Holmavik, a 35 Km del hostal para ir a ver un museo un poco especial, era un museo de Magia y brujería. Al parecer en esta zona de Islandia eran muy comunes las acusaciones por brujería allá por el siglo XVII (en el mapa). Y no es de extrañar, con 6 meses sin la luz del sol, el clima tan frío y con poblaciones de una sola casa completamente aislados te tiene que dar por jugar con piedrecitas y huesos de animales…

La pieza clave son los necropantalones (reproducción), usados en un conjuro para ganar dinero y poder. Las instrucciones dicen así, es casi como una receta de cocina, con elementos que están fácilmente a mano:  primero hay que hacer un pacto con un amigo en vida para desenterrar su cuerpo después de su muerte por causas naturales.

  • Después de haber sido desenterrado, se despelleja la piel del cadáver en una sola pieza, sin rasguños ni roturas,  de la cintura para abajo. En ese momento se debe poner los pantalones  recién extraídos, ieckss, que se adhieren a la propia piel del nuevo portador.
  • Seguidamente es necesario robar una moneda a una viuda pobre en unas fechas señaladas (imaginamos que en esas fechas las viudas andaban paranoicas) y colocarla en el bolsillito que formará el escroto  junto con el signo mágico nábrókarstafur, escrito en un pedazo de pergamino.
  • Antes habrá que retirar la moneda de su dueño anterior y guardarla, sustituyéndola por la propia para que el escroto-bolsillo nunca quede vacío. Para asegurarse la riqueza, el dueño momentáneo no se puede deshacer de los necropants hasta convencer a alguien para pasarle la prenda y trasladarle el conjuro.
  • El cambio de pantalones también debe hacerse de una forma particular: el “dueño” debe mantener su pierna izquierda en los necropants mientras que el heredero entra con la pata derecha en la pernera libre, momento en que entonces la transferencia queda validada.
  • Si no se realiza el ritual así, y uno mete o saca la pierna antes de tiempo, se cae en la maniobra o rompe la prenda, en vez de riquezas lo que llegará será un terrible mal; dicen que una desgracia incluso peor que la sensación de meter la pierna desnuda en un trozo de humano recién desollado…

Ah sí, la «recompensa» por todo esto es tener un necro-escroto que nunca está vacío de monedas (puedes sacar y sacar).

En el museo había muchos más conjuros e historias raras, bueno y curioso para pasar una buena tarde. Otro que nos llamó la atención son estos bichos que se crean a partir de la costilla de un muerto desenterrado en una noche determinada. La costilla se amamanta con un pezón que hay que pegarse en la pierna de una mujer. Todo para que el bicho salga a robar por nosotros leche a las ovejas del vecino.

Una de las escenas más curiosas con el enano fue su reacción ante la reproducción de un esqueleto. Normalmente, ante cualquier objeto complejo el enano se estira y pelea para tocarlo, chuparlo y golpearlo (reconocimiento completo). En este caso, su primera reacción fue la contraria…no le apetecía mucho ir a verlo. Al cabo de unos minutos en brazos de su padre (base segura) decidió que podía acercarse a distancia prudencial…pero sin tocarlo. Nos sorprendió que reaccionase así ante algo que no había visto nunca (además, la foto nos quedó de lo más paranormal)

A la salida del museo había columpios, zancos y otros juguetes para los niños y los jóvenes, donde se demostró que no somos ni lo primero ni lo segundo.

Con estos aprendizajes nos fuimos de vuelta al hostal a preparar la pócima de la noche.

Desgraciadamente al día siguiente también toca madrugar.

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