Volcán en Antigua – Arriba panteras!

Esta entrada pertenece a la serie Guatemala
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San Pedro nos mostró la cara más tranquila de Guatemala, la más auténtica, pero la lluvia era constante y sin poder pasear o hacer kayak en el lago las opciones era muy pocas, y decidimos seguir el viaje hasta Antigua.

Antigua fue una vez capital de Guatemala (cuando la capital fué destruida por un terremoto) y es, según las guías de viaje, lo que Guatemala «debería ser, lo que sueña con ser» (es decir, lo que no es).

Lo cierto es que llegamos a Antigua después de 4 horas de furgoneta-infernal (de ahora en adelante las llamaremos así) en la que no te caben las piernas, no puedes apoyar la cabeza, etc.

Llegamos a las 12:30 a nuestro hotel. Dejamos las mochilas y hablamos con la dueña del hotel, que nos recomendó una excursión al volcán Pacaya. ¿Volcán? Allá vamos!

A la 13:00 ya habíamos contratado otra furgoneta-infernal (de 2,5 horas) hacia el volcán. Salía a las 14:00.

Comimos una «Quesolocamburguesa» (así se llamaba) en un restaurante salvadoreño que más tarde habría de marcar nuestro destino. Sin tiempo de pestañear estábamos montados de nuevo en nuestro transporte infernal hacia el volcán.

Nada más bajar de la furgoneta, unos 30 niños con caras sucias y descalzos (angels with dirty faces) nos vendían «walking sticks» o dicho en castellano, palos de caminar (ramas rectas para apoyarte mientras caminas). No compramos ninguno por aquello de no convertir a los niños en herramientas vendedoras (vimos a los adultos supervisando las ventas).

La subida fué brutal. La guía nos dio un nombre de grupo: panteras. Todo el tiempo la escuchamos gritar: Arriba panteras! (no era un «arriba» de ánimo, sino una orden para que subiésemos).

Son 3 kilómetros cuesta arriba por bosques, empedradas y cenizas volcánicas. Sí, cenizas volcánicas. Lo bonito llega de repente, sin aviso. La primera imagen fue la de una ladera completamente negra, cubierta de una arena gruesa y crujiente. La guía nos dio a elegir: ruta divertida o ruta segura. La divertida fue realmente divertida: consistió en bajar la ladera a toda pastilla y a zancadas enormes. Es como bajar medio volando…lo que cuesta es frenar 🙂

Más adelante empezamos a ver formaciones rocosas propias de un paisaje lunar. Estábamos ya a unos 1.500 metros de altura, y las nubes se mezclaban con la montaña dándole un aspecto realmente fantasmagórico-espacial.

Más adelante empezamos a notar algo que nos sorprendió: el calor que emanaban las piedras podía derretir el plástico…y hasta algunas zapatillas.

Las formaciones rocosas reflejaban perfectamente el movimiento de la lava que les dio lugar. Eran como ríos congelados de gel.

Pero lo mejor aún estaba por venir. De repente alguien grita: lava!

Sí…ahí estábamos nosotros. Los panteras (un grupo de unas 15 personas) de pié sobre formaciones rocosas acabadas de formar y emanando tanto calor que a veces teníamos que apartar la cara o salir corriendo a otra roca.

La lava pasaba literalmente por debajo de las rocas que pisábamos. Algunas grietas permitían ver el material rojo…

En cualquier país desarrollado esto estaría super-prohibido. Haría falta un seguro millonario, inspecciones diarias y un helicóptero para estar a 1 metro de un flujo de lava. Por suerte para nosotros ese día, este no es uno de esos países.

Nuestra guía, en lugar de decirnos que no nos acercásemos demasiado a la lava (algunos bestias sacaron fotos en primer plano a menos de 1 metro) se limitó a hacer «nubes al volcán» (lo que hacen los norteamericanos en las pelis). Genial.

Mientras Sebas saca unas fotos de una de las gritas más grandes, él y otro pantera escuchan como la roca crepita y la lava burbujea. Salen corriendo de ahí.

No todo era lava. El paisaje desde el volcán era espectacular.

Empezamos a bajar mientras cae la noche (sólo 3 linternas para 15 personas, por lo que vamos despacio) y cuando estamos a unos 500 metros de la lava, vemos como empieza a caer un río rojo por el lateral de la montaña. Le preguntamos a la guía:

Nosotros – No es ahí donde estábamos?

La guía – Eh? Estooo…sí…quiero decir no, no no.

Ya.

Seguimos bajando, ayudando a los del grupo con nuestra linterna.

Una vez abajo empezamos a repasar las imágenes en nuestra mente. Sí, definitivamente se merece un puesto de honor entre los paisajes más bonitos que hemos visto en nuestra vida.

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