Puerto Princesa: por fin un descanso!

Esta entrada pertenece a la serie Filipinas
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Cuando ya estábamos pensando en tirar la toalla contra Filipinas, llegamos a Puerto Princesa, capital de Palawan.

La ciudad es pequeña y toda la actividad se desarrolla a través de la avenida principal (Rizal). Por cada hotel hay 2 restaurantes y por cada restaurante 3 cibercafés. La gente está acostumbrada a ver turistas (más que en Donsol, menos que en Manila), pero sigue conservando cierta curiosidad por los extranjeros y una simpatía invariable. Como ciudad no es la gran cosa, pero comparado con Manila es el cielo en la tierra.

Nos alojamos en Banwa Pension por 450 pesos (menos de 7 €) y salimos a recorrer un poco la ciudad. La conclusión fue que las 2 cosas que se podían hacer en Puerto Princesa son ver el río subterráneo y visitar las islas de Honda Bay.

Contratamos un tour con el hostal para ambas cosas. Para las dos había que levantarse a las 06:30 am (desde que estamos en Filipinas, por una cosa o por la otra, siempre madrugamos) y tomar sendos autobuses/furgonetas hasta el lugar en cuestión.

Lo primero fué el río subterráneo. Después de una furgoneta para enanos y un barco ruidoso nos dejaron en la isla donde se accede al río. A la entrada nos esperaba una legión de monos-roba-cámaras-y-comida y lagartos que podrían ser los extras de Parque Jurásico (monitor lizard se llaman). Por supuesto fueron la sensación y los acribillamos a fotos.

Para entrar al río tuvimos que pasar por un complicado sistema de registro de nombres, colas aleatorias y turnos inexplicables muy a lo filipino, pero valió la pena. Solamente la entrada al río te hace sentir muy aventurero.

Entramos en un barco con otras tantas personas, una de las cuales llevaba la linterna. Desgraciadamente el portador de la linterna fué el tío que tenía parkinson y una histeria mal contenida, porque no dejaba el foco quieto ni un segundo. Creo que si hubiese movido la linterna un poquiiiito más rápido, habría iluminado toooda la cueva de golpe.

La cueva no nos impresionó como cueva (las hemos visto espectaculares a estas alturas), pero sí como río. La sensación de navegar ahí dentro, moviéndote con total serenidad por ese paisaje es algo que vale la pena experimentar.

45 minutos más tarde salimos encantados, mojados y con alguna cagada de murciélago encima. Fué genial.

Volvimos al hostal cansados de tanto viaje pero con ganas de más emociones, así que contratamos el segundo tour: Bahía Honda

Otra vez a madrugar, autobús y barco. El barco nos llevó de isla en isla (Island Hopping le llaman) hasta 3 islas diferentes. La experiencia, y no por desmerecerla, se resume así:

  • Playas de película
  • Agua cristalina
  • Sol de espanto
  • Una comida de puta madre (cerdo, pescado fresco, verduras) en plan picnic en la playa
  • Mucho snorkel, con unos corales bonitos y bastantes peces (no de gran tamaño, pero buen colorido y variedad)

Otro día genial. Volvimos cansados pero animados. Palawan era el primer tanto positivo para nosotros, dejando el marcador así: Filipinas 2, Bichos 1.

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