Días perros en Kota Kinabalu

Esta entrada pertenece a la serie Malasia
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Después de la actividad frenética de Gunung Mulu y Semporna, ya era hora de ir pensando en cambiar de país. Cogimos un bus desde Semporna a kota Kinabalu, K.K  (kei kei como le llaman ellos), desde allí saldría nuestro vuelo a Manila, Filipinas.

El bus no pintaba mal al principio, teníamos los asientos delanteros con más espacio para los pies que los demás y había aire acondicionado. La única pega es que salía a las 19:30 de la tarde con un trayecto de unas 8-9 horas (para 400 Km todo sea dicho), así que llegaríamos muy de madrugada, incluía la cena y era barato.

Las cosas se fueron aclarando en cuanto empezó a subir la gente, estooooo … jurábamos que este bus no tenía tantos asientos, de todas formas toda la gente iba hacia atrás.

El viaje empezó con una peli cutre tailandesa sobre la jungla y un puñado de guiris intentando sobrevivir a tarántulas, escorpiones, anacondas etc. Y el viaje empezó como contábamos, diríamos que los amortiguadores no eran del todo nuevos.

Nuestro precioso espacio para los pies, se vio invadido por 3 personas, a saber: un tío que echaba todo el rato ambientador, una especie de camarero que repartía botellas de agua y un colega. Empezábamos a sospechar que estos 3 no saldrían del salón de estar que había al lado del conductor. Bueno.

Como no  parábamos y habían pasado 4 horitas desde que salimos a mí (Sandra) me entraron ganas de ir al lavabo que había dentro del bus, sabía que era casi un suicidio. Después de saltar literalmente por encima de 4 personas que estaban tumbadas en el pasillo del bus, alumbrándome con la luz del móvil, llegué al lavabo que tampoco tenía luz.Después de todo no estaba tan mal para el estándar.

Lo interesante fue el camino, pude ver como en dos asientos cabían 5 personas (porque son malayos son chiquitos, pero no veo a 5 nórdicos en 2 asientos), y unas 7 personas al final del autobus. Había mogollón de peña por todos lados, al fin y al cabo tuvimos suerte, nuestro espacio vital sólo lo compartíamos con nuestros 3 amigos y el conductor.

Lo guapo es cuando nos para la policía para un control rutinario, se sube el poli y pide identificaciones, a nosotros los guiris no que somos buena gente. El camarero le da unas notitas sospechosas (sigo pensando que era dinero) y nos vamos. Me imagino que hubiese pasado en España si nos para la poli…..

Lo bueno no se hizo esperar mucho más, como no podía ser de otra forma, el bus la casca. Las marchas no entran vamos deduciendo. Después de unos arreglillos guapos nos vamos. Pero otra vez se casca. Otra faena del mecánico , que era el que echaba ambientador y partimos. A la 12 de la noche paramos para cenar, la misma mierda que solemos comer cada día.

Decidimos recurrir a la química, y nos tomamos una pastillita para dormir. Hace efecto hasta que el bus se vuelve a cascar, esta vez durante muchoooo rato. Al final llegamos que es lo que cuenta, sólo que en 12 horas.

Estamos en Kota Kinabalu, y todo y ser una ciudad pequeña tiene unos 6 centros comerciales, que no son muy lujosos pero el aire acondicionado va a toda pastilla. Hemos decidido descansar un poco de tanto estrés que nos va a matar :). Las próximas aventuras os las contamos desde Filipinas.

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