Entramos en Malasia!

Esta entrada pertenece a la serie Malasia
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Nos despedimos de Phuket, no sin cierto alivio. El último día lo pasamos encerrados en el hotel intentando recuperarnos de una sopa extraña de noodles y otras delicias. Abandonábamos el país, y eso significa hacer cuentas con nuestro presupuesto. Teníamos destinados unos 30 € diarios y nos hemos ceñido casi a la perfección…si no fuese por la Ipod que compramos y por los 4 cursos de submarinismo (2 Open Water y 2 Advanced), lo que hace que en lugar de los 900 € destinados a Tailandia, nos hayamos gastado unos 1.700 €. Mal rollo. Pensándolo bien, no nos arrepentimos. Quizás un poco de la Ipod (aunque la verdad es que hace unos días pensamos que el ordenador había muerto y la Ipod hubiese sido lo único que salvaría nuestras queridas fotos) pero de los cursos no nos arrepentimos en absoluto, así que ¡que nos quiten lo bailao! El caso es que sentíamos que teníamos que flagelarnos un poco y cogimos el transporte más barato desde Phuket a Penang (la primera ciudad de Malasia en nuestra ruta) y contratamos un viaje en minibus (es decir, furgoneta acondicionada) de 12 horas. En realidad fueron varios minibuses. De hecho, nosotros cambiamos 3 veces de furgoneta, aunque una chica que nos acompañaba (y que seguía hasta Kuala Lumpur) ya llevaba 3 cambios cuando nos encontró a nosotros… El viaje fue interminable, pesado y mal organizado (con esperas ridículas y 10 minutos para comer) y con sobornos a los agentes de la frontera de regalo (el conductor sobornaba para pasar a gente de estranqui, pero el soborno lo pagábamos los guiris). La llegada a Penang fue lluviosa (monzónica). A pesar de todo, llegamos. Una vez aquí nos enteramos de que por 10 € más podíamos venir en avión.

¿Por qué vinimos aquí? Las fotos son una pista. La capital de Penang, Georgetown, es un ejemplo muy temprano de globalización. Globalización del siglo XIX ni más ni menos, cuando la Sociedad Oriental de las Indias (las colonias Inglesas) reinaban en esta parte del mundo y usaban Penang (una isla) como puerto de mercancías. Eso atrajo a todo tipo de mercaderes (chinos, indios, indonesios, japoneses, tailandeses..y seguro que algún gallego que no sale en los libros) y dió lugar a una ciudad cosmopolita llena de contrastes. Hoy sin ir mas lejos hemos visto mezquitas, iglesias católicas (que se financian con un servicio de parking a falta de financiación del estado, como en España), templos hindúes, chinos y budistas en menos de 3 manzanas. El incienso budista se quema junto a los farolillos chinos mientras la figura de Vishnu cuelga de un árbol (aunque no hemos escuchado cantar a ningún mullah).   Esto es quizás lo más destacable de Penang. El resto son casas con solera, un museo muy bien organizado (para la corta historia que tienen) y algunos templos remarcables. No es espectacular, pero es una buena parada como entrada e introducción a Malasia (unos de los más ricos del sudeste asiático).

Por último, y para Natalia: si te vas a casar, cásate como los Baba Nyonya (los chinos que emigraron a Malasia e Indonesia). Las bodas duran 12 días y te vistes con cosas como estas. 

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