San Petersburgo, primeros días

Esta entrada pertenece a la serie Rusia
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Como dijimos, el lunes 14 no hicimos gran cosa. Solo salimos a la calle para comprar la comida y registrar la visa. Sin embargo, en St. Petersburgo es casi imposible pisar el centro sin encontrarte cosas impresionantes.

Al día siguiente salimos a buscar una alternativa a nuestro Hostal. No es que el hostal fuera malo en sí, pero su «público objetivo» no éramos nosotros. Está muy bien si eres un veinteañero con ganas de fiesta, alcohol y noches en vela…pero si quieres dormir, no es el sitio ideal. Además, era un poco justito para la cantidad de gente que puede albergar (2 fogones eléctricos, 2 duchas para 40 personas, 1 ordenador para todos y sin wi-fi, etc.)

Encontramos otro hostal, por el mismo precio. Una maravilla. Pedimos que nos devolviesen el dinero en el primero, por las dos noches que no íbamos a dormir y que habíamos pagado por adelantado. Por suerte nos lo devolvieron, y ahora escribimos esto desde nuestro nuevo y cómodo hostal con Wi-fi.

El 16 de enero (ayer) fuimos al Hermitage. Es lo que todo el mundo viene a ver a St. Petersburgo (además de la ciudad en sí misma), y es como el Louvre a París. Las comparaciones con el Louvre no son sólo por el tamaño o la relevancia de sus obras, sino porque, al igual que el Louvre, el museo en sí mismo es una obra de arte.

Y de ejemplo, algunas fotillos:

Nos pasamos 5 horas caminando dentro del museo. Para cualquiera que no se especialice en el tema es más que suficiente.

Lo que más nos gustó fue el museo en sí, algunos artistas ya conocidos (a mí me gustan las sombras de los Velázquez, y a Sandra le atraen más los cuadros luminosos, aunque en realidad lo que a ella le gusta es el arte moderno). Un artista sobre el que tenemos que investigar más: Renato Guttuso (aunque lo que vimos aquí no lo hemos encontrado entre sus obras más conocidas en Internet)

Vimos a los rusos patinar sobre hielo, algo que acompleja un poco la verdad, y tras la cara de «ni de coña» de Sandra y la idea de que costaría bastantes rublos, decidimos quedarnos simplemente de mirones.

De ahí nos fuimos a la «Iglesia de Nuestro Salvador de la Sangre Derramada» (el nombre es para cagarse, pero es literalmente así). Por lo que se ve, los ortodoxos son aun más animados que los cristianos católicos. Una fiesta, vamos!

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