Primeros pasos…

Esta entrada pertenece a la serie Letonia

Ya estamos en Riga! Para los que no lo sepan, la capital de Letonia, uno de esos países de reciente creación, resultantes de la escisión de la antigua URSS.

Vinimos aquí como una ruta barata hacia Rusia, pero decidimos quedarnos un par de días para ver el casco antiguo de la ciudad (leímos que valía la pena). La primera noche la pasamos en casa de un CouchSurfer, Ainars Kamalis.

Encontrar la casa fue fácil…pero completamente inútil. Sin un timbre en la puerta del piso, era imposible hacerle saber a Ainars que había dos españoles muriéndose de frío en plena nevada. Después de pedir ayuda a los nativos, encontramos una cabina y pudimos llamar. La respuesta: Ainars no nos esperaba.

Era la primera vez que pedía un sofá en la comunidad de couchsurfers, y no tuve en cuenta que había que CONFIRMAR después de que te digan que sí…sin confirmación nuestro anfitrión pensó que no vendríamos, y lo pillamos literalmente en bragas. No nos esperaba, y estaba con una mezcla de catarro y resaca (de 2 semanas, desde año nuevo) que nos hacían más inoportunos si cabe.

Ainars se portó como un caballero y nos dejó dormir en su casa. Hasta ahí la parte bonita de la historia, esa que habla de hospitalidad y buenas personas. El resto es una versión «amateur» de la «Habitación del Pánico», versión Letona.

Sobran las palabras de «cómo era la habitación» o «cómo era el lavabo» o la impresión que nos causó una señora «rusa-zombie» que deambulaba por la casa sin hacer otra cosa que mirar al suelo y arrastrar los pies.

Y al que no me crea, que mire nuestra «Suite»

Al final dormimos muy románticamente en el mismo colchón (pocas civilizaciones consideran las colchonetas de camping una cama, y la española no es una de ellas), con sacos de dormir tipo momia que nos daban la misma movilidad que una momia. Encantador.

Apagamos la luz para comprobar que lo que realmente iluminaba la habitación era la farola de la calle de enfrente, que a falta de cortinas nos regalaba con su blanca armonía…sólo interrumpida por los turistas borrachos que a altas horas de la noche seguían de fiesta (algo de admirar cuando nieva a varios grados bajo cero…el alcohol es milagroso en estas tierras)

A pesar de todo, la verdad es que es el mejor comienzo posible. Empezamos este viaje con ganas de aventura, con ganas de sorprendernos (algo cada vez más difícil cuanto más se viaja), y nuestra primera noche será memorable. No podíamos empezar mejor.

El segundo día paseamos por la blanca Riga, visitando algunos monumentos y sobretodo el casco antiguo. Realmente la ciudad se ve en un día, así que decidimos tomar el bus a Tallin mañana temprano. Como despedida, unas breves imágenes de Riga de la mano de mi reportera preferida.

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