Bon Apetit…

Esta entrada pertenece a la serie Rusia
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Ayer nos relacionamos con la primera persona rusa, la recepcionista de nuestro hostal (24 o 25 años, estudiante de turismo y con un inglés intermedio).

Hablar con un ruso/a no es algo tan fácil. Son serios, secos y un poco fríos. Desde el punto de vista de un latino son unos bordes, pero claro, la diferencia cultural es así.

El caso es que hablamos de todo un poco. La chica parecía contenta de que le explicásemos cosas de otras partes del mundo y de ofrecernos consejos y ayuda para ver la ciudad. Todo discurría en un ambiente relajado mientras hacíamos la cena.

En medio de la conversación ella nos pregunta «Quién es el presidente de vuestro país?» «Es bueno?». Y claro, empezamos (en realidad Sebas empezó) a hablar de política. Que si hay tantos partidos en España, que si nosotros somos de izquierdas izquierdas, que si Zapatero es el mal menor para nosotros, etc…

Hasta aquí todo bien.

Entonces yo digo «Y vosotros, ¿estáis contentos con Putin? Desde nuestro país, por las noticias que nos llegan, es un poco totalitarista».

Ella me contesta, literalmente, que es lo que Rusia necesita. Que los rusos necesitan una mano dura que les diga lo que tienen que hacer, que la libertad está bien en los libros y en las pelis, pero que en Rusia se necesita a un dictador como él. Que la democracia no funcionaría (y he utilizado el condicional hipotético a propósito) en Rusia.

Entonces yo, intentando no soltar espumarajos de color verde por la boca y en un esfuerzo tremendo por escuchar y no ir de perdonavidas por el mundo, le comento (ahora en serio, no fui en absoluto agresivo ni adoctrinador) que cosas como Chechenia y asesinatos selectivos como los de Litvinenko no pueden considerarse actos de una democracia. Le pregunto ¿Qué opinas de todo eso?

Su respuesta: «Ok. Bon apetit». Y con una sonrisa forzada abandonó la cocina.

No hemos vuelto a hablar desde entonces.

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