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07
Escrito en Costa Rica por admin el 07-12-2011

Dormimos a pata suelta. Con el jet lag el enano se duerme a las 19 o 20 horas de la tarde, y aunque se sigue despertando por la noche para mamar, no se despierta totalmente hasta las 7 de la mañana.

Después, un entretenido desayuno; entretenido porque dar de comer a Hugo es una odisea, saluda a todo el mundo, ha aprendido a decir “Hola”, sonríe a todo el que pasa, señala a todos los animales, se quiere ir a la piscina a tirarse de cabeza… en fin, todo tranquilidad.

El día había amanecido medio soleado, no llovía, eso era suficiente. Con nuestro coche nos dirigimos al volcán Arenal, a ver si podíamos ver la cima. Lo de ver la cima no es más que eso, verla, pero verla de lejos, al ser un volcán activo no dejan subir, y sólo puedes quedarte en la base (no como en Guatemala, qué tiempos!!!)

Llegamos al parque, hacía bastante sol y tras pagar la entrada – porque aquí se paga absolutamente por todo – llegamos a la base. Decidimos hacer todas y cada una de las caminatas disponibles, un suicidio teniendo en cuenta que llevábamos a Hugo todo el tiempo en brazos.

El primer sendero, el de “Las Coladas” rodeaba el volcán unos 2 Km hasta llegar a la corriente de lava de 1992. El camino al principio era muy fácil, rodeado de juncos, luego daba paso a la jungla y al final del camino empezaba la lava. Aquí tuvimos que escalar un poco entre la lava para llegar al punto más alto disponible y hacer la foto de rigor, la foto típica de un volcán perfecto, de un cono casi exacto.

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De vuelta escogimos otro sendero, “El Ceibo”, era de tan sólo 1,8 Km pero era bastante más difícil ya que era pura jungla. Había mosquitos de todos los tamaños, pudimos ver una familia de jabalíes, pájaros, arañas gigantescas, libélulas como helicópteros y finalmente llegamos al Ceibo, un árbol enorme, enorme, probablemente el árbol más grande que nosotros hemos visto. No nos podemos imaginar como deben ser la Secuoyas en EE.UU.

El último animal que vimos fue una serpiente de unos 2 metros que atravesó el camino delante de nosotros. No sabemos que tipo de serpiente era, pero era enorme y sus escamas parecían espejos multicolores (como un compact disc). Pasó justo delante de nosotros y se detuvo a un lado del camino, con la mitad del cuerpo aún en el camino. Pasamos de puntillas y bastante acojonados, la verdad.

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Los pocos visitantes que nos encontrábamos nos miraban asombrados porque llevábamos un bebé. Mantuvimos el tipo y aunque a punto de desfallecer en un par de ocasiones, con un par, llegamos al coche de nuevo.

Estábamos muy cansados para seguir caminando y estábamos muertos de hambre así que nos fuimos a un pizzería a que nos clavasen por la mejor comida que de momento hemos probado en Costa Rica.

Por la tarde tan sólo nos dimos un bañito caliente en el jacuzzi con unos cócteles , una duchita, una cena liviana y a dormir.

El enano aprendió en el jacuzzi a decir “Luna”, como le enseñó Sebas, y es que la luna estaba llena, por lo que podíamos ver la silueta del volcán.

Ha sido nuestro último día de actividades en La Fortuna, y la verdad es que ha valido la pena venir aquí. No queríamos repetir el “apalancamiento” de Quepos (que por otra parte nos fue muy bien), y hemos conseguido llenar de actividades interesantes prácticamente todos los días.

A partir de ahora cambiamos de tercio. Se acabó la jungla, mañana volamos a Playa del  Coco….a ver si tenemos suerte y podemos ver el lado más submarino de Costa Rica!

dic
06
Escrito en Costa Rica por admin el 06-12-2011

Por la mañana Sebas se fue al pueblo a buscar nuestro cochecito de alquiler. En Adobe Rent a Car lo conseguimos por 35$ por día (en Alamo nos pedían 64$). Es la mínima expresión de un coche, pero es nuevo, así que nos da confianza.

Con nuestra recién estrenada libertad sobre ruedas nos fuimos a hacer una colada al pueblo, y de ahí al Ecocentro Danaus.

Se trata de un proyecto ecologista que consiste en montar un “oasis” de jungla en medio de una zona de agricultura y resorts. De este modo los animales de la zona tienen un lugar tranquilo en el que habitar. Han marcado senderos dentro del centro para que puedas visitarlo, y su objetivo es transmitir de un modo didáctico la importancia de preservar ciertas especies y ecosistemas.

La verdad es que el  centro funciona realmente como un oasis para muchas especies de la zona y es fácil ver ciertos animales.

Vimos ranitas venenosas (de un rojo muy intenso), cuya piel segrega un veneno capaz de matar animales pequeños (abuelas: mantuvimos al enano a raya, sólo lo dejamos acariciar a un par), pájaros de colores muy intensos, mariposas enormes (en el mariposario) y finalmente, coatís (que no habíamos visto desde Iguazú!)

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El paseo fue agradable y fácil de hacer con el enano. Se nos pasó la mañana volando.

De ahí nos fuimos al volcán, pero cuando llegamos el tiempo estaba bastante mal, y el volcán estaba completamente oculto tras las nubes (sí, es posible perder de vista un volcán entero!). Decidimos dejar lo del volcán para el día siguiente, por si el tiempo mejoraba.

Antes de volver, nos acordamos del consejo de un taxista, y seguimos unos kilómetros más, pasando la laguna, hasta los puentes colgantes. Llegamos a las 15:20, no informaron de que eran 2 horas de recorrido, y el sol se pone a las 17:30, así que íbamos muy justos. Decidimos echarnos la manta a la cabeza (los chubasqueros) y arriesgarnos.

Así empezamos nuestra travesía por un sendero bastante bien preparado por el que tuvimos que llevar al enano todo el tiempo en brazos. Fue duro, pero cada vez que encontrábamos uno de los 7 puentes colgantes merecía la pena haber llegado hasta ahí.

Seguimos puente tras puente, pasamos por una cascada y observamos diferentes pájaros en una vegetación exuberante y exótica. Entonces llegamos al Puente de la Cascada, y vimos una de esas imágenes que se te quedan grabadas en la memoria, una de esas postales que hacen que valga la pena venir a un país, aunque solo fuese para ver eso.

La verdad es que hasta este momento no habíamos visto nada en Costa Rica con lo que anclar el país en nuestra memoria. Nos faltaba por encontrar nuestro Taj Mahal, nuestro Perito Moreno, nuestro Leshan en Costa Rica. Las fotos no hacen demasiada justicia (nunca lo hacen las malditas, por mucha cámara que nos compremos), pero la sensación era increíble. La niebla entre los árboles le daba el toque peliculero definitivo. Faltaban los gorilas.

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Nos fuimos encantados de allí, tanto con la experiencia como con el día en general. La cena fue mediocre (decidimos cambiar de restaurante para la próxima), así que decidimos acabar el día de la mejor forma posible: en el agua!

Aquí a las 18:00 ya es de noche, así que cuando nos metimos en la piscina (sobre las 20:30) ya era muy de noche.

Pasamos un buen rato en la piscina, para nosotros solos. Nos tomamos unos cócteles en la piscina (hay un bar húmedo dentro de la piscina) y nos sentimos megapijos. El enano se comió las cerezas de cada cóctel, para no ser menos.

La guinda de la noche fue el Jacuzzi de agua caliente que nos pegamos los tres (en solitario, en medio de la jungla y por la noche).

De ahí a la cama, a dormir como señores. Unas 12 horitas de sueño, ni más ni menos.

Cuánto nos va a costar volver al trabajo!!!

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dic
05
Escrito en Costa Rica por admin el 05-12-2011

En otra de esas cáscaras de nuez con alas que son las avionetas, volvimos a embarcarnos en un vuelo de 30 minutos desde Quepos hasta La Fortuna. el vuelo fue bastante tranquilo, pero Sandra se asustó cuando en medio de unas turbulencias empezó a escuchar un indicador de alarma (imaginaos en medio de una nube, con visibilidad cero y oyendo “piiiii-piiii-piiii”).

Evidentemente, no pasó nada. Imaginamos que esos pilotos acústicos con señalizadores habituales en los aviones, pero cuando no estás dentro de la cabina del piloto no te enteras.

Desde el avión pudimos ver el volcán arenal. Se veía bastante claro, excepto la punta que estaba completamente cubierta de nubes. Parecía un cono de chocolate con nata en la punta.

Al llegar al hotel nos dijeron que teníamos mucha suerte, que llevaban 22 días de lluvias y mal tiempo y que el volcán ni se veía (¿cómo no vas a ver un volcán que tienes a 3 kilómetros y que es enorme?)

El hotel fue una sorpresa. Buscábamos algo parecido a Villa Kristina, un hotel pequeño con habitaciones grandes. Y acabamos en un Resort Enorme con habitaciones estándar. Cuando nos pusieron las pulseritas del Resort a Sebas casi le da una arcada mochilera. Para rematar la faena, el “botones” nos llevó en un carrito de golf hasta nuestra habitación, no sin antes mostrarnos los servicios del resort.

El hotel está a tomar por saco de todo, por lo que el primer día pringamos taxi arriba, taxi abajo. No hicimos gran cosa, pero planificamos el día siguiente, conocimos el pueblo de La Fortuna y reservamos un coche de alquiler.

Así acabamos un día de esos en los que sólo te desplazas y planificas.

Al día siguiente teníamos 2 excursiones planificadas: Ecocentro Danaus y visita al volcán.

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05
Escrito en Costa Rica por admin el 05-12-2011

El motivo por el que un turista viene a Quepos es el Parque Manuel Antonio. Nos habían hablado muy bien del parque, y la palabra “Familiar” en la guía fue lo que nos hizo venir a nosotros.

La verdad es que antes de ir al parque ya estábamos contentos por venir a Quepos, más que nada por el alojamiento. Villa Kristina, que es como se llama al conjunto de 3 apartamentos en los que estamos, es como estar en casa pero en medio de la jungla.

Madrugar no fue un problema, todavía no nos hemos adaptado al Jetlag (de 7 horas) y a las 06:00 am ya estábamos en pie, sin despertador ni nada. Llamamos a Ronny, nuestro taxista recomendado, y nos llevó hasta donde se compran los tickets del parque.

Tras algunas dudas, decidimos no contratar a los guías locales. Nos pareció que aportaban poco valor, y no nos equivocamos demasiado. La mayoría de las paradas que hacían era para explicar algo sobre la flora o sobre el comportamiento de un animal que había pasado por ahí (pero que nunca estaba ahí) o para ver algún pájaro bastante común.

¿Es que no hay animales en Manuel Antonio? Sí, claro que sí, pero no están donde esperas encontrarlos (en los senderos).

Los senderos principales (por los que vamos casi todos los que no somos trekers profesionales) parecen Port Aventura. Pasa gente constantemente, ahuyentando a cualquier animal que no esté sordo o acostumbrado a la presencia humana (excepto a los perezosos, que aunque te oigan venir, no huyen por motivos evidentes)

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A los 5 minutos de caminar entre la multitud, vimos claro que no íbamos a ver demasiados animales. Encima del sendero pasaban cables de electricidad, y los riachuelos eran en realidad canalizaciones de agua. Para alguien que ha vivido toda la vida en una ciudad, el paseo era interesante. sin embargo, si has estado en una jungla de verdad, esto es como pasear por un jardín botánico.

A medio camino, Sebas le dice a Sandra:

- Ya verás como veremos monos, en cuanto lleguemos a la zona donde la gente se para a comer.

Profecía cumplida. Al llegar a la playa (también bastante concurrida), 3 o 4 mesas de madera repletas de ticos con bocadillos y otras viandas servían de reclamo a varias familias de monos ladrones.

Había tantos que la gente se cansaba de sacarles fotos a los pocos minutos. Pronto dejas de sacarles fotos y te preocupas por que no te roben la cámara.

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IMG_3952IMG_3955Nos bañamos en la playa y nos relajamos en la arena. Aprovechamos que el enano se dormía con la teta para dormirnos también…hasta que 3 castores decidieron que éramos una presa fácil mientras dormíamos.

Sandra le pegó un collejón a Sebas, que pronto se levantó a ahuyentar a los mapaches a grito pelado (no tenía nada a mano para agitar al aire). Suena gracioso, pero la verdad es que nos pegaron un buen susto. Venían a por las mochilas, pero son bichos agresivos si se sienten amenazados. Lo mejor fue que había más de 20 personas alrededor, y nadie nos avisó, supongo que esperaban a ver que pasaba y empezarían a reirse una vez que tuviesen nuestras mochilas (es lo que hicieron cuando un mono nos robó una bolsita de plátanos fritos).

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Asumiendo que no era una playa para relajarse, decidimos irnos de allí. De camino a la salida vimos otras playas menos concurridas (y sin monos!), y suspiramos por no haber ido un poco más lejos antes de colocar las toallas.

Salimos del parque en el viaje en barco más corto de nuestras vidas (5 metros) que pagamos “con la voluntad”.

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Nos quedamos a comer por la zona, completamente abarrotada de restaurantes para turistas y hoteles. Los precios eran altos, pero el sol y el cansancio de llevar al enano en brazos era más fuerte que el bolsillo, así que nos metimos en el primero que encontramos.

A media comida el enano empieza a rascarse un ojo.

Sandra – Qué tiene ahí?

Sebas – Creo que lo ha picado algo…espero que sea eso y no una alergia

Sandra – Tengo Cortisona en el hotel

Sebas – Nos vamos?

Sandra -  Paga, nos vamos

Dejamos generosa propina (por no esperar ni al cambio) y salimos pitando en un taxi. No hubo que meterle prisa, corren por defecto.

Cuando llegamos al hotel el ojo del enano estaba hinchado, y la cara roja. Lo metimos en la ducha y le dimos gotitas de cortisona. En 15 minutos estaba como nuevo, riendo y corriendo como siempre, pero el susto fue tan grande que Sandra vomitó la comida (el calor sofocante y la forma de conducir del taxista ayudaron)

El día ha sido muy agradable, quitando el susto del final. Hay que reconocer que lo que antes, estando solos, era “aburrido” o “demasiado turístico” ahora es “Familiar, agradable y seguro”.

El enano lo ha cambiado todo. Ahora preferimos un tranquilo paseo por una jungla muy tranquila a aquellos días por Malasia arrastrándonos en las cuevas llenas de guano y murciélagos.

Nos hacemos viejos.

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dic
03
Escrito en Costa Rica por admin el 03-12-2011

Nos levantamos y después de un desayuno tico (=costarricense, por la costumbre de nombrar las cosas por el diminutivo como poquitico o ratico…) nada ligero nos dirigimos en un taxi al aeropuerto Tobías.

Ya habíamos planeado estar tan solo una noche en San José y tan solo para descansar del jet lag. Así que esa mañana volábamos para Quepos.(Marcos seguro que lees esto y sí al final nos decidimos por volar).

El aeropuerto era muy pequeño, pero hay algo común a todo el mundo en Costa Rica, son muy muy amables y tienen un trato especial con Hugo, eso nos encanta. Todo el mundo le habla, le sonríe o le quiere regalar alguna cosa (se nos olvidó comentar que Carlota, una niña de 5 años que viajaba en la fila de atrás del avión desde Madrid, regaló a nuestro hijo un dibujito).

Al grano, nos montamos en la avioneta. Y sí, es eso, una avioneta y punto. El personal como siempre un encanto, la avioneta un poco movidita por las turbulencias, pero en 20 minutos llegamos a Quepos. Por carretera hubiesen sido casi 4 horas.

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Al bajar de la avioneta, el calor y la humedad nos dieron una bofetada. Estábamos en medio de la jungla, qué esperábamos. Cogimos un taxi y nos fuimos a nuestro alojamiento. Habíamos escogido un apartamento para que Hugo tuviese espacio para correr y trastear.

La desventaja es que no estaba en el pueblo, sino en las afueras, muy afueras pues se llega por un sendero en medio de la jungla. La ventaja es que no estaba en el pueblo. El sitio es una pasada, completamente aislados y con unas vistas totalmente espectaculares. Estamos aislados pero tenemos Tv por cable, teléfono y wi-fi.

Lo primero fue darse un chapuzón en la piscina, encendimos el Jacuzzi y Hugo disfrutó como el enano que es. Intentaba atrapar las burbujas con sus manos y como no lo conseguía lo intentaba una y otra vez. Reía y chillaba.

Así como de la nada apareció justo en un árbol de enfrente de la piscina, un perezoso, bueno , era una perezosa. Muy bonita, impactante cuando se ve tan de cerca. Por supuesto, a Sebas le dio tiempo de ir al apartamento a por la cámara. Si uno miraba fijamente a la maleza, podía ver una rama o una flor moviéndose y siempre descubría algún animalillo. Pero de momento no hemos visto ni tucanes, ni monos ni jaguares.

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Después de una ducha decidimos acercarnos al pueblo a comprar algunos enseres para hacernos el desayuno y las cenas. Compramos fruta y verdura en un mercadillo, comimos unos pescaditos muy refritos por los que nos clavaron lo suyo y disfrutamos por así decirlo de un excelente café y unos pasteles. Decimos disfrutar porque Hugo no puede estar quieto un momento.

Esto del jetlag no lo llevamos bien, y el enano es el que peor lo lleva, por eso nos fuimos al apartamento temprano, a mecernos en la hamaca, preparar la cena temprano y dormirle. Son las 20.00 horas aquí en Quepos y el enano duerme como un tronco.

Los sonidos de la noche son alucinantes aquí resguardados en nuestro alojamiento, si nos echaran en medio de la jungla que rodea la casa, creo que ya hubiésemos tenido tres infartos.

Ha sido un gran día, esperemos que sea una noche tranquila.

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dic
02
Escrito en Costa Rica por admin el 02-12-2011

Desde que nos levantamos, a las 05:00 am (sí, esa hora existe) hasta que llegamos al aeropuerto, sólo pensamos en una cosa: 14 horas con el enano en un avión.

Si lo piensas mucho, te ves a ti mismo siendo apaleado por los demás pasajeros, mientras proteges a tu hijo de ser lanzado por la escotilla del WC. Siempre pensamos que los niños en un avión son un coñazo, hasta que el coñazo lo llevas tú.

Y con esta fantástica idea, y con la sensación de haber preparado el viaje mucho menos de lo que es habitual en nosotros (ni siquiera conocemos la historia reciente de Costa Rica), embarcamos en el primer avión. Oh sorpresa, el vuelo “directo” que nos vendieron hacía parada en Madrid (¿No es eso una escala?)

El embarque y check-in de las maletas fue como una carrera de tortugas a cámara lenta. El tipo que lo hacía parecía un pedófilo con resaca. Pelo repeinado, cara de no haber roto un plato y tooooda la parsimonia del mundo. Lo apodamos “pepito”, para tener un nombre al que insultar.

De repente se sucedieron las buenas noticias:

  1. El avión transatlántico era más grande de lo que esperábamos (en el check-in online se veía un dibujo de un A320, que es el que nos llevaba a Madrid)
  2. Nos tocó una de las filas laterales, con sólo 2 asientos (no 4)
  3. En último momento, el pasajero que tenía la mejor plaza del avión se cambió de sitio, y Sebas pudo estirar las piernas mientras Sandra y el enano disponían de 2 sitios.
  4. Y la Bomba: desde Madrid eran 10 horas, no 14.

No vamos a contaros como son 10 horas con Hugo y un paquete de galletas en un avión. El que quiera saberlo que tenga un hijo y lo traiga a Costa Rica. Hay cosas que la gente no está preparada para saber.

Por fin llegamos a San José. Una ciudad totalmente prescindible que se caracteriza por:

 

  • El caos caribeño habitual, donde el tráfico obedece a veces sí y a veces no a las señales, la ordenación urbana es un concepto desconocido y no existen límites claros entre lo que es un bache o un lago de patos.
  • La presencia inquietante de rejas, alambres de espino y otros artefactos que convierten cada casa en una cárcel para su dueño. No nos dió la impresión de que estuviese justificado, pero desde luego no transmite seguridad.
  • Un estadio de fútbol modernista (no pega con nada) regalado por los chinos a la ciudad (los chinos nunca regalan nada…seguro que piensan comprar medio país). En ese estadio se jugó el amistoso con la Selección Española, algo que a nosotros ni nos sonaba, pero que para todos los Ticos fue EL evento de los últimos años.

Compramos algunas chorradas y nos fuimos a dormir. 7 horas de jetlag no se recuperan así como así. Al día siguiente nos levantamos a las 4:30, hora local.

Tomamos un taxi al aeropuerto de Tobías, donde nos esperaba el avión más pequeño que hemos tomado nunca.

 

PD: Hugo ya camina, y eso significa que a veces lo dejamos ir a su aire. Los resultados suelen ser siempre algún berrinche cuando le cortamos el paso a lugares peligrosos. Véase foto para prueba.

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