agosto
14
Escrito en Japón por admin el 14-08-2008

Después de un viaje corto desde Nara, llegamos a Osaka al mediodía. Después de haber visitado ciudades con tanto encanto, no tardamos en descubrir que Osaka no merecía la pena.

Estábamos en un barrio donde los borrachos y los mendigos eran la norma, por lo que pensamos que estábamos en un barrio marginal. Pero no era así, estábamos en pleno centro y cerca de todas las cosas interesantes de Osaka.

Es de lejos la ciudad más fea y sucia que hemos visto den Japón hasta la fecha, los japos nos tenían muy bien acostumbrados.

El hotel no estaba mal, pero teníamos que dormir en habitaciones individuales con baños públicos, unas horas para las mujeres y el resto del día para los hombres. Muchos hoteles son así en Japón, con duchas comunes y una piscina de agua hipercaliente para relajarte.

El primer día en Osaka fuimos al Acuario,  el más grande del mundo. A pesar de estar abarrotado de japoneses, el lugar mereció la pena. Y nos entró el mono del buceo.

Pudimos ver peces raros, tiburón ballena, rayas gigantes, cangrejos gigantes, pingüinos, nutrias, focas y todo lo marino que os podáis imaginar.

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P1060514 P1060475 P1060447 El segundo día en Osaka decidimos ir al Spa más grande del mundo. En el Spa no dejan entrar a gente tatuada para evitar a los Yakuza, así que tuvimos que poner unos apósitos al tatuaje de Nati, nos quedó de maravilla y pudimos pasar el rato remojándonos en aguas calientes y paseándonos en bolas por el recinto. Cada género en una planta….. y finalmente a tirarnos por los toboganes de las piscinas del Spa familiar.

Los japoneses tienen una idea muy rara de lo que es una piscina, al menos aquí, porque le aplican corriente y te obligan a moverte todo el rato a favor de la corriente en círculos, raro raro.

Salimos de allí flotando, listos para patear la ciudad de noche y el distrito electrónico.

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La ciudad resultó ser una mierda, en eso estábamos todos de acuerdo. Pero una mierda super-iluminada por luces de neón.

agosto
12
Escrito en Japón por admin el 12-08-2008

Salimos de Kyoto, una ciudad que nos cautivó a todos y que nos hizo sudar. El próximo destino era  Nara. Sabíamos que había un parque enorme y algunos templos patrimonio de la humanidad, pero no sabíamos mucho más.

Llegamos bajo un sol de justicia como viene siendo la norma en Japón, pero no nos desanimamos y empezamos a patear el parque. El parque de Nara contiene la mayoría de templos de la ciudad, y una población enorme de bambis.

Pensábamos que los ciervos serían difíciles de ver, pero todo lo contrario, había por todos lados. Están acostumbrados a que la gente les de galletas que se venden en muchos puestos. Sandra quiso dar de comer a los ciervos, pero a la primera galleta repartida empezaron a acercarse en manada a robarle las galletas. Sandra les dio la espalda y le mordieron el culo, y bueno un bicho con esos cuernos impresiona un poquito.

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P1060115 Empezamos por el templo Kofuku-ji, donde se encuentra la pagoda más alta de Japón. El conjunto podía ser precioso pero el calor nos estaba matando y empezábamos a estar algo irascibles.

P1060109 Tuvimos que meternos en el Museo de Nara para aprovecharnos un poco del aire acondicionado. No estaba mal, pero las figuras de los templos estaban en él así que era de suponer que encontraríamos los templos vacíos de figuras.

 

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Con el calor y después de comer el grupo se disgregó, unos se fueron a dormir la siesta y otros continuamos con los templos.

El segundo en caer, el templo Todai-ji, que es Patrimonio de la Humanidad. El templo es de madera y se jacta de ser el edificio de madera más grande del mundo. Además contiene al Daibutsu-den, el buda más grande de Japón, aunque no es más grande de los que llevamos vistos. El templo era precioso sin más palabras.

 

 

 

 

 

P1060127 P1060131 P1060135 P1060140 P1060155 Dimos un largo paseo por el parque en busca de sombra, pero empezó a llover, bueno a diluviar. Tuvimos que refugiarnos en unos lavabos públicos en medio del bosque. No dentro de los lavabos porque no olían a hierbabuena, pero en el cobertizo exterior.

Empezó a inundarse, por lo que Martín se quitó las chanclas y empezó a desatascar el desagüe. Funcionó, bueno al principio, el agua caía a mares y el desagüe no daba a basto. En el momento crítico amainó y salimos pitando.

Nos refugiamos en un café  y unos donuts. Había oscurecido, había llegado la hora del Festival de las Linternas. Se celebraba en el mismo parque donde estuvimos toda la tarde, pero esta vez iluminado con linternas y farolillos, y eso sí chiringuitos de comida. Después de pasear nos metimos unos pinchos entre pecho y espalda que estaban de muerte.

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P1060169 P1060174 P1060206 P1060217P1060193 Estábamos reventados, nos fuimos a la cama temprano, Osaka nos esperaba al día siguiente.

agosto
11
Escrito en Japón por admin el 11-08-2008

El mismo día de las Geishas (era demasiado para explicarlo en el mismo post), no contentos con semejante experiencia, nos fuimos a ver un templo de noche.

Sólo se ilumina 2 veces al año, así que era una cita obligada por muy cansados que estuviésemos. Caminamos un poco y preguntamos mucho (preguntar a un japonés por una dirección es una experiencia…se mueren de vergüenza si no pueden ayudarte o no saben inglés, pero no dejan de hablar en japonés aunque no los entiendas)

No hay mucho que decir además de lo que se ve en las fotos. Por suerte descubrimos que la cámara nueva tiene un “modo nocturno” que funciona la mar de bien (nos hubiese ido bien saberlo antes) y salieron cosas chulas.

Esto si fue la última gran experiencia de Kyoto, una ciudad que nos ha encantado y probablemente la más cargada de experiencias y bellas estampas a lo largo de nuestro viaje en Japón.

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agosto
10
Escrito en Japón por admin el 10-08-2008

Un nuevo día, un nuevo templo! En Kyoto hay un montón de templos declarados “Patrimonio de la Humanidad”, así que uno tiene que ver como mínimo 2 al día para no sentir que ha perdido el tiempo no?

Nos cascamos un par de templos por la mañana (Yamikazu y otro). No fueron experiencias tan gratas como el del día anterior, pero las calles de Kyoto eran encantadoras. Llegar a cualquier sitio valía la pena sólo por hacer el trayecto.

En una de esas calles, de repente y sin aviso: Oh! Una Geisha!

Empezamos a sacar fotos (a intentarlo más bien, porque la marabunta de gente la tapaba). Por un momento nos creímos muy muy afortunados…hasta que la vimos andar. Era torpe…muy torpe.

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Digamos que no era más hábil que cualquiera de nosotros si nos calzaran unos zancos de madera puntiagudos y un vestido ceñido. Y Martin y Sandra empezaron a decir “No es una Geisha”, ante el abucheo de todos los demás (que queríamos creer que lo era).

Seguimos nuestro rumbo al hostal. Un breve descanso antes de salir al encuentro de Peter Macintosh, un guía no profesional que nos iba a dar un paseo comentado sobre Geishas (con información de donde se podían ver y a qué horas).

A las 16:30 encontramos al tal Macintosh vestido de kimono, sudando como un gorrino y con otros 4 turistas. No nos esperaba…a pesar de haberlo confirmado por mail. No pareció importarle mucho nuestra decepción (poco profesional) pero logramos sacarle información sobre el paradero de las Geishas y las horas en las que era más probable verlas.

Con esta valiosa información empezamos a deambular por las calles de Gion a la busca de una Geisha a la que fotografiar. Se estima que hay unas 1000 Geishas y Maikos (aprendices) en Japón…y unas 100 en Kyoto. Es difícil verlas, porque no son demasiado amigas de las cámaras y los turistas. Además, su negocio es la discreción y la imagen (que puede verse un poco dañada cuando 100 turistas corren detrás tuyo en pleno día con cámaras en mano)

Cuando llegamos a la calle en cuestión nos dimos cuenta de que no íbamos a estar solos en la cacería. Cientos de turistas cámara en mano esperaban como nosotros, caminando sin rumbo y reaccionando como un rayo ante cualquier grito. Si nos llamábamos entre nosotros para cualquier cosa había 10 personas oteando el horizonte.

Tuvimos mucha suerte.

La primera fué un desastre. Dani corrió detrás de ella…Sebas no pudo hacer fotos porque Dani la tapaba y Dani no tuvo tiempo de sacar una buena foto. Martín se perdió y Sandra tampoco pudo grabar video. Todos pensamos “bueno, la hemos visto…”, con una mezcla de alegría y decepción.

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Pero entonces vimos otras 2. En realidad sólo las vió Martín…que en ese momento no llevaba la cámara. Empezábamos a mosquearnos…¿Cómo corren tanto con ese vestido?

Empezamos a pillarle el gusto a la caza de Geishas. Y entonces sucedió. Sebas pasó por delante de una puerta y oyó tacones. Por las dudas, preparó la cámara…y se las encontró de frente. Sólo hubo tiempo a 2 fotos (una Geisha  a 1 metro de distancia IMPRESIONA), pero geniales.

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Dani y Nati vieron 3 más. De hecho pudieron pasear a su lado un ratito.

Para despedirnos, vimos una aprendiz (Maiko) antes de dar la caza por concluída.

Fuimos a cenar encantados con la cacería. Las fotos son buenas…pero lo mejor es que todos (menos Sandra) habíamos tenido la experiencia de tener a una de esas obras de arte vivientes a menos de 1 metro de distancia (menos de eso, sólo los más poderosos de Japón)

Por la noche el plan era ir a Kodaiji, un templo que se ilumina de noche sólo 2 semanas al año (también para Obon). Aquí no hay mucho que decir aparte de las fotos, que dan fe de lo bonito de la experiencia (nos sentimos tremendamente afortunados durante todo el día).

Al volver del templo, Martín dice: “¿Por qué no volvemos por la calle de las Geishas?”. Y vimos la última.

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Sandra ya puede decir que ha estado delante de una Geisha (y la ha grabado!)

agosto
10
Escrito en Japón por admin el 10-08-2008

Salimos de Tokyo rumbo a Kyoto. Cogimos el tren bala que circula a unos 400 Km por hora, con lo que en 2 horas y media estábamos en Kyoto.

Kyoto no es una ciudad tan grande como Tokyo, tiene un millón y medio de habitantes y eso da algunas ventajas…la primera no tener que caminar tanto para ver lo que vale la pena.

El aterrizaje fué genial: el hostal no sólo era bueno, sino que estaba a 20 metros de la parada de tren y cerca del barrio tradicional de Kyoto (Gion).

El primer día no dió para mucho. Llegamos a media tarde y salimos a comer. Volvimos al hostal pronto y dormimos (estábamos fatal por la fiesta del día anterior)

Al día siguiente nos calzamos las botas de “ver templos” y “pai pai en mano” empezamos por el templo Kenji. Resultó ser el templo Zen más antiguo de Kyoto y uno de los más bonitos que hemos visto en Japón. Lo más interesante (y distintivo) es que el templo es más bonito por dentro que por fuera (al contrario que casi todos los templos). Lleno de tatamis, jardines y puertas de papel es lo que todos nos imaginamos cuando pensamos en un ambiente japonés.

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Paseamos bastante tranquilos por el interior, refugiándonos una vez más del calor japonés.

Más tarde Dani y Sebas se metieron en un templo mucho menos concurrido, donde los jardines eran de ensueño. Tranquilos, apartados de todo y respirando harmonía…una paz que se rompió del todo cuando el monje nos sacó a patadas de lo que era su casa! A pesar del broncazo mereció la pena (verlo sin turistas, exactamente como ellos lo viven)

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Yasaka fué el siguiente templo (este sin monje guardián). Miles de turistas, casi todos japoneses. Hemos venido en su periodo de vacaciones y eso se nota (para lo bueno y lo malo). De los que no eran japoneses, un 80% eran españoles. Se nota la fortaleza del Euro y que todos salimos de viaje el mismo mes.

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Cenamos temprano, a media tarde (como se cena aquí) en unos chiringuitos al lado del río. La comida no fué excepcional, pero el ambiente era divertido. Los japoneses (siempre tan recatados) gritaban para anunciar su chiringuito como los gitanos del mercado. Algunos se disfrazaban para llamar la atención, y nos recordaban un poco a “Humor Amarillo”.

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Por la noche fuimos a Mibudera, un templo que alumbran con 1.000 linternas durante los festivales de agosto (previos a Obon, el gran festival de los japoneses). Las fotos son chulas, y la experiencia fué bonita pero cortita.

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Antes de irnos a la cama tuvimos tiempo de ser timados en unos billares. 6000 yenes por 1 hora de billar y 6 cervezas. Nos fuimos calentitos (del cabreo) a la cama. Free Ball.

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agosto
07
Escrito en Japón por admin el 07-08-2008

No comentamos en el post pasado, pero el día anterior fuimos a una playa artificial que tienen en Tokyo, son la leche. Las vistas de la puesta de sol eran muy relajantes. Martín, Dani y Sebas se fueron a jugar a un edificio que tiene la Sega  y las nenas se fueron de compras.

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Los días en Tokyo nos han tenido bastante ocupados. El calor agobiante no nos ha abandonado nunca. Las comilonas por suerte, tampoco. Aunque más de uno tenía hambre cada 2 horas, los fideos y el sushi se digieren rápido.

Llegó la hora del madrugón. A las seis y media de la mañana ya estábamos en danza, nos fuimos al mercado de pescado más grande del mundo. Aunque todas las guías recomendaban estar antes de las 5 de la mañana para ver las subastas, nosotros estábamos de vacaciones y bastante madrugón era levantarse a las seis.

En el mercado de pescado se venden cada día unas 40 toneladas de pescado y marisco. Las mejores subastas son para los atunes, pueden llegar a pagarse 20 millones de las antiguas pesetas por una sola pieza, enorme eso sí. Después de la subasta lo suyo es desayunar un buen plato de sushi en el mercado, el más fresco del mundo.

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P1050676 P1050679 P1050680 Pero no sólo se venden atunes, hay mejillones gigantes, gambas, peces raros, aunque no encontramos ni el pez globo ni el tiburón. A las 7 de la mañana la actividad era frenética y el sitio enorme, así que no pudimos recorrer todo el mercado y eso que no olía mal.

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Después del mercado dimos unas cuantas vueltas por la ciudad y nos retiramos a dormir la siesta, porque esa noche nos íbamos de fiesta.

Después de una cena bastante típica con tempura y pescado crudo, rodeados de japoneses en tatamis bebiendo sake, nos fuimos a Shibuya donde está la marcha.

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Empezamos con cervezas de super que son más baratas. Nos metimos en un garito donde al entrar descubrimos que estaba lleno de negros, ¿pero esto no es Japón?. Las japonesas tan discretitas de día se comían a los negros y es que la fama es la fama.

Después de bailar un poco de hip-hop y algunas cervezas – Martín se decantó por vino tinto peor que el de tetra-brik -  fuimos en busca de “Womb”, la discoteca de moda de Tokyo.

Íbamos en sandalias pero nos dejaron entrar, y nos clavaron 3500 pelas por persona sin consumiciones. Las consumiciones eran enanas, pero el lugar estaba abarrotado. Música techno,house y trance rallante.

Los japos desfasados, borrachos y gritando; no es la imagen que tiene uno de ellos de día. Todos con móvil último modelo y gafas de sol en la disco, cholo a matar porque no se veía un carajo.

Todos miraban al DJ y levantaban las manos gritando como si lo alabasen y enseguida nos recordó la escena de “Man in Black” cuando Will Smith va a buscar su reloj a una taquilla para los que hayáis visto la peli.

Algunos de nosotros estamos viejos para esto y a las 3 de la mañana estábamos muertos y más después del madrugón. Pero tuvimos que esperar hasta las 5 a que abrieran el metro para regresar al hostal.

De despedida unas hamburguesas, y es que nos pasamos el día comiendo.

En el metro de vuelta, el encargado del tren cada vez que abría las puertas del tren decía gritando “Oohhhhh” y cuando las cerraba gritaba “Psssshhhhh”, él solito.

Como cabras.