Hoy nos hemos levantado en Beppu. Estábamos solos porque la familia se ha marchado esta mañana temprano en el tren que los devuelve a Tokyo. Nosotros nos vamos a Hakata a esperar el ferry que nos lleve a Corea.
La sensación ha sido extraña, ayer fue una gran noche, nos habÃamos acostumbrado a estar con ellos, al cachondeo, al follón, a ir de aquà para allá con el petardo en el culo. Hoy nos hemos levantado y estábamos solos, los echamos de menos.
Los dÃas han pasado volando y la convivencia ha sido buena. Nos da un poco de pelusilla de que vuelvan a casa, aunque a nosotros ya nos queda poco.
Echaremos de menos al GPS defectuoso de MartÃn y su “es por aquÔ cuando nunca lo es. Echaremos de menos el “one beer” y el “jonathan” por soleares de Dani. Echaremos de menos, concretamente Sandra en este caso, los baños con Ana y Nati en los onsen y las charlas de las supernenas.
En definitiva, llevamos dos despedidas en este viaje y no lo llevamos muy bien.
Preparadnos el bocata jamón para la vuelta, que eso siempre anima.
Salimos de Hiroshima con destino a Beppu. La ciudad es famosa por sus aguas termales calientes (en rango pelador de pollos) y su vida nocturna por decirlo asà (máquinas tragaperras y prostitutas).
La ciudad en sà no es que se diga bonita pero tenÃa algunos atractivos. Uno de ellos era un restaurante japonés con sushi, tempura y sashimi que estaban que te morÃas por dos duros.
Otro atractivo era el volcán Aso. En principio miramos como ir pero decidimos que era un poco tedioso ir hasta allÃ, sobretodo si eran nuestros últimos dÃas en familia y querÃan un descanso. No Ãbamos a ir hasta que MartÃn vio las fotos del volcán. A partir de entonces hizo una campaña que ni la del Corte Inglés, y acabó convenciéndonos de que merecÃa la pena ir aunque el camino fuese largo.
Allà fuimos. Tuvimos que madrugar para coger el tren de las 7:52, que después de casi dos horas y media nos dejó en el pueblo Aso. Allà esperamos a un autobús que nos llevó a la base del volcán. Y una vez en la base, un paseillo en telesférico pese a las reticencias de Nati, y en cinco minutos estábamos en el cráter del volcán.
Es un volcán con actividad lo que lo hace muy interesante. El único problema es que el dióxido de sulfuro que desprende el volcán puede ser un poquitillo tóxico, pero ya se encargan los japoneses de proteger a sus visitantes.
Entramos en la zona del cráter con sirena naranja, eso significa que el viento es fuerte, pero no era peligroso como serÃa si la sirena estuviese roja. Pudimos ver todo el cráter sin problemas y era precioso. Pero de pronto nos vino un viaje de dióxido de sulfuro que empezamos a sentirnos mareados, con tos y picor de garganta.
Nos piramos. Tuvimos suerte, a partir de entonces la sirena estaba roja y no se podÃa entrar. Mucho más tarde la volvieron a abrir porque el viento habÃa amainado, pero en ese momento nosotros ya estábamos observando el valle.
Es espectacular como en medio de un valle verde puede verse un paisaje lunar que corresponde al volcán. El contraste es una pasada, disfrutamos mucho de las vistas.
Camino de vuelta todos sobaos.
Al dÃa siguiente nos fuimos a los infiernos de Beppu. Hay 8 infiernos en total, 6 en la zona azul y 2 en la roja. Se puede comprar un pase para ver los 8 y sale más barato que pagar la entrada de cada uno por separado. En la oficina de turismo nos dijeron que los que merecÃan la pena eran los 3 primeros, pero como somos unos agonÃas querÃamos verlos todos.
Cogimos el bus que nos llevaba a las montañas a la zona de los Onsen de kannawa. Y empezamos a fichar.
Con el primero ya nos quedamos flipando, tenÃan animales como si fuese un zoológico. TenÃan un elefante africano en una jaula de 5 metros, monos, hipopótamos, llamas y caimanes, entre otros animales. Son unos cabrones con perdón, pero los animales estaban en muy malas condiciones, totalmente abandonados. Incluso uno de los mandriles tenÃa un tumor glúteo enorme y nadie le prestaba el menor cuidado.
Total, que después de ver los primeros tres infiernos la cosa nos quedó clara: por muy bonitos que pudiesen ser, los japoneses lo estropean todo haciendo paseitos marcados, algo super turÃstico, con muñecos manga por todos lados y trato penoso a los animales. Un timo.
Y más después de haber podido ver la belleza de estos manantiales en Nueva Zelanda en plena naturaleza y totalmente vÃrgenes.
Volvimos al hostal a bañarnos en nuestras bañeras comunes de agua caliente, a prepararnos para nuestra cena de despedida. Elegimos una parrilla coreana y no nos equivocamos, la carne, las verduras, las cervezas y el saque fueron abundantes y el ambiente tan relajado y divertido que no querÃamos que se acabase.
De regreso al hostal y con un paraguas menos que nos mangaron, nos despedimos de la familia con los consejos constantes de MartÃn y su “tened cuidado” que repitió como 20 veces.
Cuando uno dice “Hiroshima” a todos nos viene lo mismo a la cabeza. Desde que llegas a la ciudad no puedes dejar de pensar en ello.
Al bajar de el tren hicimos (lo reconozco) algunas bromas de humor negro (”esta ciudad es la bomba”) y otras sandeces. Los españoles nos reÃmos de nuestras tragedias también, asà que es justo.
Se nos pasaron las ganas de reÃr cuando nos enteramos de que el hotel no era el que pensábamos, que estábamos en la parada equivocada y que tenÃamos que pagar bastante para llegar. A punto estuvimos de irnos de Hiroshima por el cúmulo de cagadas que tuvimos en las primeras horas…pero aguantamos.
Y por si nos quedaban algunas ganas de risa, llegamos al Dome.
A nosotros (Sebas y Sandra) por lo menos se nos acabaron todas las risas. Estar en presencia del único edificio que atestigua la primera bomba atómica lanzada contra seres humanos no es broma. Mis hermanos y cuñados no sintieron esa punzada histórica y se sacaron fotos junto al monumento, entre comentarios y risas.
Nosotros sacamos fotos del monumento, pero ninguno quiso hacerla junto a él (ni falta hizo que nos lo dijésemos…fué una de esas cosas que parecen evidentes).
Para acentuar más el sentimiento de pesar, miles de grullas de papel llenaban varios monumentos alrededor del Dome. Las empezó una niña enferma de leucemia (por efecto de la radioactividad) porque cada una le da (según cuentan en Japón) derecho a un deseo. Ella pensó que si hacÃa 1.000 se curarÃa…pero murió antes de acabarlas.
Sus compañeros de clase acabaron las 1.000, y a partir de aquello miles de niños de todo Japón han ido donándolas a un fondo común que se exhibe en otro monumento. El nudo en el estómago era importante a esas alturas (a pesar del cinismo con el que hemos ido galvanizándonos a lo largo del viaje)
La siguiente parada fué el monumento a las vÃctimas y una antorcha que sólo se apagará cuando todas las bombas atómicas del mundo hayan sido desmanteladas…esperemos que no sea un fuego fatuo.
Y para finalizar, un paseo por el Peace Memorial Museum. No nos atrevimos a sacar fotos (os hemos robado un par de internet). El ambiente era de tristeza, vergüenza y mucho respeto. HabÃa fotos de Hiroshima antes y después de la bomba, objetos calcinados (como triciclos o ropa de niño) y reproducciones de las quemaduras que produce la radioactividad. Escalofriante.![]()
Nos enteramos de muchas cosas que empeoraron aún el sentimiento de vergüenza por la raza humana:
Salimos en silencio.
De ahà nos fuimos a Miyajima, una isla con una de las “postales” más famosas de Japón: el Torii flotante.
La isla es bonita, llena de callejones y con unas vistas agradables. Sacamos decenas de fotos al Torii (que con marea baja no se ve flotando) y volvimos exhaustos al hotel.
Las fotos son bonitas, pero esta noche nos vamos a la cama con pensamientos menos bellos sobre el mundo en general.
El tercer dÃa en Kanazawa nos levantamos un poquito más tarde, para ir a comer al mercado Omi-cho. El mercado era pequeño pero muy bien distribuido, no habÃa muchos restaurantes y los que habÃa estaban llenos. Nos contentamos con un “picoteo” (comemos a todas horas) de Sushi, pinchos de calamar y vieras y empanadas de pulpo. Esto era sólo el aperitivo.
Nos fuimos a la zona de los samurais, al barrio Naga-Machi Buke Yashiki. Samurais no vimos ninguno, aunque el barrio tenÃa su encanto. Casitas bajas de madera con farolillos y minijardines. Comimos y nos fuimos a echar una siesta al hotel.
A eso de las cinco de la tarde salimos a la caza de las Geishas como hicimos en Kyoto. Sólo que aquà la caza era algo peculiar. Nos dirigimos al distrito de las Geishas, Higashi Chaya, y empezamos a dar vueltas por las callejuelas.
Las Geishas de Kanazawa son las más antiguas de Japón. Antiguas es un eufemismo, porque las pobres son algo viejecillas, algunas tienen 80 años.
Pero nosotros no nos querÃamos perder la ocasión de ver a las geishas salir con el taca-taca a hacer la función. La ventaja es que si veÃamos una no tendrÃamos que correr. No vimos ninguna en toda la tarde con lo que supusimos que estaban cuidando a los nietos, o algo por el estilo.
Por lo que el dÃa de despedida de Kanazawa fue de lo más tranquilo y poco fructÃfero, nos vino bien para descansar un poco porque el dÃa siguiente prometÃa.
Salimos de Osaka rumbo a Kanazawa, un “pueblo” tranquilo de 450.000 habitantes en la costa oeste de Japón.
Tres cosas positivas a la llegada: llovÃa y eso habÃa hecho descender la temperatura doce grados y se estaba fresquito; el hotel estaba de coña y tercero al lado del hotel habÃa una cafeterÃa con café bueno y barato.
El primer dÃa, después de hacer el check-in en el hotel, fuimos a pasear un rato y a enterarnos de que un autobús turÃstico daba la vuelta a la ciudad por los puntos más importantes por tres euros el pase de un dÃa. Ya estuvo bien por el momento.
MartÃn, Natalia, Ana y Dani se fueron a cenar a un italiano un poco pijo, nosotros nos fuimos a comer pizza y pasta al bar Manolo del barrio por dos duros.
Al dÃa siguiente tocó madrugar. Fuimos a los jardines Kenroku-en, considerados uno de los tres mejores jardines de Japón. Al ir bien temprano nos ahorramos el calor y la marabunta de gente. Es un jardÃn muy muy relajante y bonito.
Cuando empezó a apretar el calor estábamos viendo el castillo de Kanazawa, nos habÃa gustado mucho más el de Himeji, aunque este tenÃa un bosque alrededor bastante guapo.
De aquà nos fuimos al Museo de Noh (teatro japonés aristocrático, un poco decepcionante porque era pequeño y no habÃa explicaciones en inglés) y el de Arte Contemporáneo.
Tanta cultura y el madrugón nos habÃa dejado exhaustos, asà que comimos y nos fuimos a echar la siesta por fin. Mañana será otro dÃa.
Desde Osaka hicimos una excursión a Himeji, para ver uno de los 3 mejores castillos de Japón y como no Patrimonio de la Humanidad.
Salimos en Shinkasen o tren bala y asà de estresados viajamos.
En principio compramos la entrada para ver el castillo y los jardines. El castillo de Himeji data del 1609, además ha sobrevivido a guerras civiles, bombardeos y terremotos.
A todos nos gustó el castillo en cuanto lo vimos de lejos pero no la cuesta que habÃa que subir.
Paseamos todo lo que pudimos por el castillo, por dentro (y sus 6 plantas!!!) y por fuera, pero al acabar la visita parecÃamos chicles pegados al suelo. Asà que los jardines Koko-en los vimos de lejos, desde la altura. La decisión fue unánime:
One beer!!!!!!