Este post es para hablar de algo de lo que no hemos hablado a lo largo de todo el viaje, pero que es tan importante a veces como los destinos que visitamos: los caminos que nos llevan a esos destinos.
Elegimos recorrer el mundo en trenes, autobuses, barcos y otros ingenios por dos motivos: es más barato y podemos ver el paisaje.
El primer motivo no es demasiado noble…pero el segundo no ha quedado reflejado en este blog hasta hoy. Normalmente no sacamos fotos del camino ni lo comentamos, pero lo que se ve en el camino es a menudo mucho más real y representativo del paÃs que lo que se ve en los destinos más turÃsticos.
Nosotros nos llevamos esto con nosotros, y al final del viaje unimos esas imágenes a las que veis en las fotos y nos hacemos una idea del “carácter” del paÃs.
Hoy hemos querido hacer un homenaje a los caminos (desde el Transiberiano, el camino más largo de nuestras vidas a los paseos en moto por los campos de Vietnam) con una serie de fotos sacadas en el mega-viaje desde Flores a Tulum.
Las fotos son de Guatemala. El viaje duró más de 15 horas (pasamos otra vez por Belice) y fué como siempre: muchos autobuses, nada de tiempo para comer, etc. Hoy nos saltaremos la descripción de todas esas aventuras para dejaros únicamente un pedacito del camino que recorrimos.
Disfruten.
Pasamos dÃas tranquilos en Cayo Caulker, dÃas donde nos hartamos de comer langosta a la barbacoa, en pincho o con salsa de ajo, estaba buenÃsima.
Pero lo que pasa siempre en las islas (se recorren en un dÃa) nos empujó a seguir nuestro viaje. Nos esperaba un viaje de 5 horas en barco y autobús.
Al entrar en Guatemala volvimos a enfrentarnos a la corrupción de un paÃs que está desgraciadamente infectado a todos los niveles por la codicia: los funcionarios del control de fronteras quisieron cobrarnos otra vez los famosos 20 quetzales (2 euros).
Ya nos pasó la primera vez. Y como la primera vez, nos negamos a pagar. Nos llevaron a un lado y en voz muy discreta nos dijeron que tenÃamos 90 dÃas de estancia. Nos despacharon por lo bajito para que no armásemos lÃo…asqueroso.
Llegamos a Flores a las 14:30 pm y nos pasamos más de 1 hora buscando alojamiento. Al final nos quedamos en un hotel sin demasiadas comodidades (pero no tan deprimente como las opciones más baratas) y paseamos por el pueblo. El pueblo sirve como base para visitar las ruinas, pero el lugar en sà vale la pena. No es tan bonito como Antigua, pero es pintoresco.![]()
Al dÃa siguiente visitamos las famosas ruinas de Tikal (el motivo por el que habÃamos ido a Flores).
Tikal es la más antigua de las ciudades mayas y el mejor ejemplo de su periodo clásico. La verdad es que desde un punto de vista educativo (para completar la visión completa de la cultura Maya después Uxmal, Chichen Itzá y Copan) está muy bien, pero arquitectónicamente hablando, es la menos impresionante.
No nos malinterpreteis: las ruinas están muy bien, pero las formas son básicas, bastas y algo primitivas. Nos recordó más a una construcción militar que a una religiosa.
Comparado con el entorno de Copan o con los detalles de Uxmal, Tikal no nos impresionó tanto. Por suerte no habÃa demasiados turistas y la visita fué placentera.
Visitar estas ruinas nos costó mucho (en dinero y tiempo) porque supuso volver a entrar en Guatemala y alejarnos de la ruta…quizás por eso nuestras expectativas eran muy grandes.
Sea como sea, ya podemos dar casi por terminado nuestro acercamiento a la cultura Maya.
No tuvimos suficiente con el palizón del volcán, y decidimos hacer otro tour en “furgoneta-infernal” al dÃa siguiente.
Esta vez eran 5 horas (entre ida y vuelta) para ver el mercado de artesanÃas de Chichicastenango. Sólo se hace los jueves y domingos, asà que era ahora o nunca.
El mercado es famoso y se organizan viajes tanto desde Guatemala como desde Antigua y Panajachel…y la verdad es que no entendemos muy bien porqué.
La verdad es que nos decepcionó mucho. Esperábamos algo menos “organizado”, más del estilo plaza central con mantitas en el suelo, indÃgenas trabajando las artesanÃas, etc.
Y la verdad es que nada más lejos.
Los puestos estaban bien montados. Los indÃgenas no trabajaban allà y los que habÃa eran vendedores ambulantes que te ofrecÃan 10 veces lo mismo por un valor muy superior al real (llegaban a pedir burradas por cualquier cosa de mala calidad).
Los restaurantes de la zona no eran menos. Tomamos un café carÃsimo y con un servicio pésimo. Es asqueroso cuando ya tratan al turista como un cacho de carne pegado a una billetera.
La buena noticia es que encontramos un restaurant llamado “La cuevecita” en el que nos pusimos morados por poco. Allà sólo comÃan guatemaltecos.
Las fotos las tuvimos que “robar” (sacarlas sin que la gente se diese cuenta) para que se viesen más naturales.
Sólo compramos una funda para la Ipod de Sandra por 20 Quetzales (2 euros).
San Pedro nos mostró la cara más tranquila de Guatemala, la más auténtica, pero la lluvia era constante y sin poder pasear o hacer kayak en el lago las opciones era muy pocas, y decidimos seguir el viaje hasta Antigua.
Antigua fue una vez capital de Guatemala (cuando la capital fué destruida por un terremoto) y es, según las guÃas de viaje, lo que Guatemala “deberÃa ser, lo que sueña con ser” (es decir, lo que no es).
Lo cierto es que llegamos a Antigua después de 4 horas de furgoneta-infernal (de ahora en adelante las llamaremos asÃ) en la que no te caben las piernas, no puedes apoyar la cabeza, etc.
Llegamos a las 12:30 a nuestro hotel. Dejamos las mochilas y hablamos con la dueña del hotel, que nos recomendó una excursión al volcán Pacaya. ¿Volcán? Allá vamos!
A la 13:00 ya habÃamos contratado otra furgoneta-infernal (de 2,5 horas) hacia el volcán. SalÃa a las 14:00.
Comimos una “Quesolocamburguesa” (asà se llamaba) en un restaurante salvadoreño que más tarde habrÃa de marcar nuestro destino. Sin tiempo de pestañear estábamos montados de nuevo en nuestro transporte infernal hacia el volcán.
Nada más bajar de la furgoneta, unos 30 niños con caras sucias y descalzos (angels with dirty faces) nos vendÃan “walking sticks” o dicho en castellano, palos de caminar (ramas rectas para apoyarte mientras caminas). No compramos ninguno por aquello de no convertir a los niños en herramientas vendedoras (vimos a los adultos supervisando las ventas).
La subida fué brutal. La guÃa nos dio un nombre de grupo: panteras. Todo el tiempo la escuchamos gritar: Arriba panteras! (no era un “arriba” de ánimo, sino una orden para que subiésemos).
Son 3 kilómetros cuesta arriba por bosques, empedradas y cenizas volcánicas. SÃ, cenizas volcánicas. Lo bonito llega de repente, sin aviso. La primera imagen fue la de una ladera completamente negra, cubierta de una arena gruesa y crujiente. La guÃa nos dio a elegir: ruta divertida o ruta segura. La divertida fue realmente divertida: consistió en bajar la ladera a toda pastilla y a zancadas enormes. Es como bajar medio volando…lo que cuesta es frenar
Más adelante empezamos a ver formaciones rocosas propias de un paisaje lunar. Estábamos ya a unos 1.500 metros de altura, y las nubes se mezclaban con la montaña dándole un aspecto realmente fantasmagórico-espacial.
Más adelante empezamos a notar algo que nos sorprendió: el calor que emanaban las piedras podÃa derretir el plástico…y hasta algunas zapatillas.
Las formaciones rocosas reflejaban perfectamente el movimiento de la lava que les dio lugar. Eran como rÃos congelados de gel.
Pero lo mejor aún estaba por venir. De repente alguien grita: lava!
SÃ…ahà estábamos nosotros. Los panteras (un grupo de unas 15 personas) de pié sobre formaciones rocosas acabadas de formar y emanando tanto calor que a veces tenÃamos que apartar la cara o salir corriendo a otra roca.
La lava pasaba literalmente por debajo de las rocas que pisábamos. Algunas grietas permitÃan ver el material rojo…
En cualquier paÃs desarrollado esto estarÃa super-prohibido. HarÃa falta un seguro millonario, inspecciones diarias y un helicóptero para estar a 1 metro de un flujo de lava. Por suerte para nosotros ese dÃa, este no es uno de esos paÃses.
Nuestra guÃa, en lugar de decirnos que no nos acercásemos demasiado a la lava (algunos bestias sacaron fotos en primer plano a menos de 1 metro) se limitó a hacer “nubes al volcán” (lo que hacen los norteamericanos en las pelis). Genial.
Mientras Sebas saca unas fotos de una de las gritas más grandes, él y otro pantera escuchan como la roca crepita y la lava burbujea. Salen corriendo de ahÃ.
No todo era lava. El paisaje desde el volcán era espectacular.
Empezamos a bajar mientras cae la noche (sólo 3 linternas para 15 personas, por lo que vamos despacio) y cuando estamos a unos 500 metros de la lava, vemos como empieza a caer un rÃo rojo por el lateral de la montaña. Le preguntamos a la guÃa:
Nosotros – No es ahà donde estábamos?
La guÃa – Eh? Estooo…sÃ…quiero decir no, no no.
Ya.
Seguimos bajando, ayudando a los del grupo con nuestra linterna.
Una vez abajo empezamos a repasar las imágenes en nuestra mente. SÃ, definitivamente se merece un puesto de honor entre los paisajes más bonitos que hemos visto en nuestra vida.![]()
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Nos fuimos de Panajachel atravesando la laguna hacia San Pedro. Es un pueblo mucho más tranquilo, con menos turistas, calles empinadas donde todo el mundo te saluda. Los guatemaltecos son una pasada, muy amables.
Llegamos a nuestro hotelito “El gran sueño”, por unos 9 euros tenemos habitación privada con baño y tele por cable. La televisión es un valor añadido estos dÃas, con nosotros trajimos la tormenta.
Eso no nos impidió caminar por el pueblo, mezclarnos en los callejones y mirar la laguna que en estos dÃas tiene un color especial.
Mientras comÃamos en un pequeño bar vistas al lago, veÃamos a los indÃgenas bañarse en el rÃo mientras hacÃan la colada. Los niños se divertÃan tirándose al agua. Su vida no es fácil.
Sandra ha aprovechado la estancia en Guatemala y se ha comprado un libro sobre Rigoberta Menchú y la vida de los indÃgenas. Hay 23 etnias si se cuanta la de los blancos en Guatemala, ninguna de ellas (excepto los blancos) hablan español. Sin embargo, no hemos visto carteles en lengua nativa, lo que es más flipante, los carteles están en inglés e israelita. Las etnias indÃgenas son la mayorÃa en el paÃs, pero han sufrido el abuso sistemático de los blancos.
Otra cosa incompresible, los indÃgenas no creen en la Biblia, no son católicos, la mayorÃa de ellos tienen dioses naturales como el Sol. Entonces, ¿por qué todo está lleno de carteles con sentido católico? con frases comecocos de beatos. ¿Han impuesto los blancos su religión? no sabemos, tenemos que leer al respecto.
Nos encanta estar aquÃ, nos encantan sus gentes, el paisaje es espectacular y vinimos a Guatemala sin saber absolutamente nada del paÃs. Es una sensación contagiosa y adictiva. Veremos que nos ofrece Antigua Guatemala.
Llegamos a Panajachel a las 17:00 y tuvimos una sensación familiar: la de haber llegado a un chiringuito turÃstico.
Al principio la cosa es genial porque todo son servicios para el turista: restaurantes, cafeterÃas, tiendas con souvenirs hechos a mano, librerÃas…
La verdad es que el aterrizaje fué bueno (en Mario´s Rooms) y nos alegramos de bajarnos aquÃ.
Al dÃa siguiente decidimos recorrer los pueblecitos al otro lado del lago (San Pedro, San Marcos, Santiago y toda la corte celestial…aquà la religión está hasta en las latas de cerveza).
Tomamos un barco a San Pedro. Las vistas desde el barco eran aún más bonitas que desde el puerto (porque rodeábamos las montañas y las veÃamos desde diferentes puntos de vista). La vegetación es variada en las montañas y se mezcla con las granjas y casitas, dándole un aspecto de “alfombra” de diferentes tonalidades de verde.
Llegamos a San Pedro y nos sentimos mucho más relajados que en Panajachel. Las calles eran más ordenadas, menos gente y sobretodo menos vendedores. En Panajachel es imposible comer (ni siquiera dentro del restaurant) sin que pasen 5 o 6 niños-vendedores y mujeres con pulseritas. Pasear por la calle es decir “No, gracias” cada 5 minutos. Nosotros mantenemos la sonrisa y el respeto por los vendedores (que menos!), pero algunos turistas pierden la paciencia.
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En San Pedro sentimos mucha menos presión. Sentimos que era más un lugar donde la gente vivÃa que un chiringuito turÃstico (aunque también viven del turismo, muchos de los que viven aquà van a vender a Panajachel). Decidimos echar un vistazo a los hoteles de la zona y finalmente reservamos la siguiente noche (nos vamos de Panajachel).
De ahà otro barco nos llevó a Santiago de Atitlán, donde sólo pudimos dar un breve paseo de 1 hora (con café y pastelitos incluidos) porque nos quedábamos sin barco de vuelta. A la hora de volver sonó un relámpago tan fuerte (y largo) que se dispararon las alarmas de algunos coches.
Ahora (mientras escribimos esto) estamos en la habitación a punto de salir a cenar. Guatemala nos está dando una sorpresa muy positiva.