diciembre
17
Escrito en Costa Rica por admin el 17-12-2011

Para no perpetuar nuestra mala costumbre de no cerrar nunca los viajes en este Blog (cuando llegamos a casa ya no nos apetece seguir escribiendo), vamos a contar nuestros últimos días en Costa Rica.

Lo lamento por los mirones, porque hay pocas fotos.

De Liberia nos fuimos a pasar los últimos 2 días de vacaciones a Sámara, un pueblecito costero con acceso a muchas playas y hiperturístico.

Los precios eran altos y el ambiente era como el de Peñíscola: mucho turista y todo el pueblo viviendo de ellos.

La llegada a Samara fue divertida. Ya estábamos en el aeropuerto esperando la llamada a embarcar en la avioneta, y no teníamos lugar donde dormir. Sebas reservó en el último minuto una habitación desde una cabina telefónica, a 5 minutos de embarcar. A 2 minutos de embarcar, con otra llamada, reservó un Taxi para el aeropuerto de Punta Islita (porque no era un aeropuerto, sino más bien una carretera con una chabola al final, y ni siquiera taxis hay que esté esperando allí si no los reservas). Viviendo al límite!

El aeropuerto de Punta Islita es la mínima expresión de un aeropuerto. Una carretera larga y estrecha (sólo sobraba 1 metro de pista por cada lado del tren de aterrizaje) y un cartel de bienvenida. Nada más.

De camino al hotel (Sámara Pacific Lodge) el taxista nos comentó la burbuja inmobiliaria que había tenido lugar en Costa Rica (sí, no somos los únicos) y cómo se había desinflado por la crisis mundial. Ellos tuvieron más suerte y se desinfló antes de que fuese tan grande como para llevarse al país por delante.

Llegamos al hotel, el único sin tele, y nos pareció un remanso de paz. Lo de la tele no nos molestó, la verdad es que el silencio que había en aquel hotel se merecía un poco de aislamiento. La piscina le encantó al enano, como siempre, y a nosotros que el restaurante ofreciera platos de cocina francesa todas las noches.

No hay mucho que contar de esos dos días. Lo más reseñable fue un paseo por la playa del que no tenemos fotos, pero en el que Hugo paseó desnudo por la arena y jugó con las olas con total independencia. Nos alejábamos unos 50 metros de él y lo veíamos venir hacia nosotros con una sonrisa enorme. Cuando nos tenía cerca se olvidaba de nosotros y volvía a jugar con el mar.

Pasamos los días entre batidos de banano en leche y sesiones de piscina, con alguna mala noticia de la familia (a los padres de Sebas les robaron el camión del trabajo) y comiéndonos el coco con el estado de España y el futuro que podríamos darle al enano en este dichoso país de pandereta.

El regreso fue tan duro como esperábamos. A saber:

  • Taxi al  aeropuerto de Nosara (45 minutos)
  • Espera de 2 horas
  • Avioneta desde Nosara a San José (45 minutos)
  • Espera de 6 horas al vuelo internacional
  • Avión desde San José a Madrid (10 horas)
  • Espera de 4 horas en Madrid
  • Vuelo de Madrid a Barcelona (1 hora)
  • Coche hasta Roda de Barà (1 hora)

En la espera en San José tuvimos una idea: alquilamos un taxi durante 3 horas (20$ la hora), dejamos en el Taxi las mochilas grandes (el taxista se queda en un parking esperando) y salimos a conocer el centro de San José.

Tuvimos 2 horas para ver el centro, y creemos que es todo lo que hay que dedicarle a esa ciudad. Como todas las ciudades, esconde lo peor del país. Además, en esta concretamente hay poco que ver.

Paseamos por la calle peatonal (es la versión reducida del Portal del Angel de Barcelona), vimos el Teatro Nacional (por fuera y un poquito por dentro), compramos unos souvenirs y tomamos un mega-café en el bar del teatro.

La verdad es que las 2 horas cundieron un montón!

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Y esto es todo!

No vamos a hacer un post resumen ni una valoración global del país. Nos han invitado a participar en el concurso de relatos de www.familiasenruta.com, y probablemente dejemos ese resumen para el concurso.

Si al final lo escribimos, colgaremos aquí el link si sale publicado.

Pura Vida!

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diciembre
14
Escrito en Costa Rica por admin el 14-12-2011

Que ninguna abuela se ofenda por el título del post, que no va por ellas.

Nos levantamos, después del palizón del Volcán Tenorio, completamente adoloridos y cansados, y con el firme propósito de machacar nuestros cuerpos serranos una vez más en otro parque natural: El Rincón de la Vieja (el nombre es ese, en serio)

Este iba a ser un parque “fácil”, con sólo 3 kilómetros de caminata entre fumarolas y zonas de actividad geotérmica. Para ningunos de los 3 era nada nuevo (Sandra y Sebas lo vieron en Nueva Zelanda, y los 3 lo vimos con Fani, Jordi y David en Islandia), pero nos hacía ilusión poner una nota diferente a tanta jungla y playa.

El trayecto en 4×4 hasta el Rincón de la Vieja fue tan movido que estuvimos a punto de titular el post “Milkshake”, porque lo que el enano tomaba de los pechos de Sandra era más un batido que leche.

Cuando por fin llegamos al parque, el clima era horrible. Mucho viento y una fina lluvia fría que te daba en horizontal y te calaba, Volvimos a un restaurante cercano a dejar pasar un rato a ver si amainaba.

Comimos los peores tacos de nuestras vidas, y volvimos a subir.

Lo mismo. El tiempo era horrible. Y se nos planteó la duda: ¿Lo hacemos a pesar de todo? Nos habíamos cascado 30 Km y muchos baches, y era el principal motivo para quedarnos en Liberia…pero sabíamos que Hugo iba a pasar frío y un mal trago con el agua dándole en la cara.

Y sí, decidimos exactamente lo que dice el título de este post. En Tenorio, a pesar de todo, había una atracción que hacía que Hugo se lo pasara genial (aguas termales!), pero aquí el sacrificio que le pedíamos era únicamente para disfrute nuestro…así que nos dimos media vuelta y nos volvimos. Que le den a la vieja.

De camino a Libera a Sandra se le ocurrió ir a “África Mía”, una reserva de animales de áfrica que se podían ver en una especie de zoológico al aire libre. Pensamos que sería tranquilo y que al enano le gustaría, así que allá fuimos.

Y no nos equivocamos. Se lo pasó en grande viendo diferentes “guaguas” (todo son perros grandes para él) y en brazos de nuestra guía, una chica que quedó enamorada de los encantos de este canalla que tenemos por hijo.

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Para acabar el día, otra sesión de Jacuzzi nocturno al aire libre (a este hijo nuestro le chifla el agua), cena y cama.

El enano está hecho polvo y feliz, misión cumplida.

diciembre
13
Escrito en Costa Rica por admin el 13-12-2011

A las 09:00 estaba el chico de Adobe Rent A Car en la puerta del  hotel, como acordamos. Con ellos todo ha sido genial hasta ahora. Nuestro coche esta vez era un 4×4, porque no queríamos arriesgarnos con uno normal por los parques nacionales.

Tomamos ruta enseguida. Los primeros 70 kilómetros fueron por carreteras asfaltadas. Entonces llegamos a la entrada del parque, donde recogimos a un campesino que iba en la misma dirección, y se acabó el asfalto.

El coche pegaba salto tras salto en una carretera que deja las famosas carreteras “F” de Islandia a la altura de autovías, y cuando estábamos bote que te bote, el campesino nos informa de que esta carretera es “la nueva”, y que la otra era más “fea”. Vamos, como para ir en tanqueta.

Por fin llegamos al parque y sin pensarlo mucho compramos entrada y nos aventuramos. Nos informaron de que eran 7 kilómetros (3,5 de ida y 3,5 de vuelta) que se hacían en unas 4 horas. Nos pareció mucho tiempo para 7 kilómetros, pero pronto descubrimos que era una estimación optimista.

El camino era durísimo, con cuestas empinadas, barro hasta los tobillos, escalones enormes…todo muy húmedo y resbaladizo.

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Nos avisaron de que la bajada a la cascada era “meio peligrosa”. Si llega a ser del todo peligrosa sería un acantilado. Sandra se quedó con el enano a medio camino (si las abuelas ven el medio camino que bajamos nos matan), y Sebas fue con la cámara a sacar estas fotos que estáis viendo. No tuvimos valor de bajar con el enano los dos.

El lugar era de postal, tan idílico que parecía artificial. Uno de esos lugares que se mantienen intactos por su inaccesibilidad.IMG_4297

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Seguimos avanzando metro a metro. No podíamos parar demasiado a ver los detalles de la jungla. Teníamos un objetivo: las aguas termales y el rio celeste. En varias ocasiones estuvimos a punto de abandonar, porque el calor era asfixiante y el enano (que fue todo el tiempo en brazos de su padre) pesaba cada vez más.

Por fin llegamos al rio celeste, y sentimos recompensado (en parte) nuestro esfuerzo. La imagen de la hierba bajo esas aguas era fantasmagórica.

Seguimos adentrándonos en la jungla, y cada persona que nos cruzábamos nos miraba con cara de sorpresa (por el enano, claro). Él se lo pasaba teta observando el entorno y tocando el musgo.

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Pasamos 3 puentes colgantes, cada uno más minimalista que el anterior. El primero era clavadito a las pelis de Indiana Jones. Las tablas se movían y chirriaban como en la peli. Nos sentíamos como en Port Aventura, pero sin barreras de seguridad.

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Llegamos a un lago con agua en ebullición…nos daba pistas de que las termales no podían estar lejos.

IMG_4323Por fin, cuando ya no podíamos más, encontramos las aguas termales.

Es una construcción natural. Alguien encontró una fuente de agua caliente cerca del río, y construyó un pequeño dique que deja pasar un poco de agua fría y agua caliente, de modo que las dos fuentes de agua se compensan.

El resultado no es una piscina de agua tibia. No funciona como un solo grifo, sino como 2 grifos separados. Dentro hay corrientes calientes, tibias y heladas en constante movimiento. Te puedes quedar quieto en un sitio y tendrás los pies helados, la barriga tibia y los hombros muy calentitos…y de repente todo cambia y sientes diferentes temperaturas en diferentes partes del cuerpo.

Estuvimos moviendo al enano por la superficie para que no se expusiera nunca a temperaturas muy altas o bajas, y la verdad es que se lo pasó genial (como en cualquier piscina).

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Por eso era importante llegar a las aguas termales: para que los 3 disfrutásemos del día. Esa es nuestra nueva norma: o lo pasamos bien los 3, o lo pasa bien el enano. Si no se cumple alguna de estas dos condiciones, no lo hacemos.

La vuelta fue larguísima. Hugo se durmió en los brazos destrozados de su padre, que lo aguantó así hasta el coche. Lo que tuvimos que hacer para mantenerlo dormido mientras avanzábamos a toda leche para que no nos pillara la noche, la lluvia y la niebla por la selva, os lo podéis imaginar (nos pilló un poco de lluvia y niebla, pero no la noche)

Nos fuimos con la satisfacción de haber conquistado “la cima”, y disfrutamos de un atardecer realmente bonito entre palmeras.

El día no acaba ahí! Nos dolía cada hueso y músculo, pero teníamos que buscar hotel para pasar esa noche! Eran las 18:30 y llegábamos a Liberia de nuevo.

Pasamos por varios, pero ninguno nos pareció bueno para el enano. Por fin encontramos “Boyeros”, un hotel bastante grande con piscina, jardines, habitaciones grandes y silenciosas. Todo lo que el enano quiere.

Dormimos como angelitos.

NOTA: Ningún niño resultó dañado durante la redacción de este post. Abuelas, no nos maten.

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diciembre
12
Escrito en Costa Rica por admin el 12-12-2011

Los días en Playas del Coco iban pasando, y como estábamos buceando ya nos parecía bien. El fondo marino nos sorprendió con mantas, manta rayas, tiburones, caballitos de mar y otros muchos peces.

Nota para nuestros “buddies” del otro lado del charco: hay peces chulos, poca visibilidad, nada de corales, pero que se ven mantas, tiburones y pulpos!. El agua es verde, la visibilidad de unos 8-10 metros como mucho y la temperatura de unos agradables 26 grados.

Agradecimos a Will por hacer de niñera, un colombiano instructor de buceo y licenciado a lenguas que habla 7 idiomas.

Lo cierto es que si no buceas no tienes muchas más cosas que hacer en Playa del Coco, y como ya habíamos terminado nuestros dives, decidimos mudarnos. Las opciones eran dos: continuar con playa hasta el fin del viaje o mudarnos  Liberia y desde allí alquilar un coche y acabar de ver un par de parques nacionales.

Escogimos lo segundo, porque con el enano las playas pueden ser cualquier cosa, menos relajantes (y no puede tomar el sol demasiado).

Volvimos a pagar un dineral por el taxi hasta Liberia (45$) y acabamos en un hotel muy cutre llamado “La Siesta”. Nos pasamos 2 horas mirando por internet y fue lo mejor que encontramos…mala suerte. La verdad es que ahora elegimos los hoteles por lo que quiere el enano, es decir:

  • Habitaciones grandes donde poder moverse caminando
  • Piscina (el Jacuzzi es un plus)
  • Tele con dibujos animados
  • Poco ruido a medio día para hacer la siesta

Y pensar que antes nos conformábamos con una cama limpia y una ducha caliente!

Pasamos todo el día en el hotel, porque ya era tarde para salir, y no conseguimos coche de alquiler hasta el día siguiente.

La suerte nos sonrió esa noche, porque salimos a cenar por el centro y escuchamos tambores. Al enano le encantan, así que fuimos raudos hacia el bullicio (él peque bailaba en el carro antes de llegar)

Estaban celebrando una fiesta en honor a la inmaculada concepción (aquí son evangelistas y muuuy chupacirios), pero de un modo bastante heterodoxo. Las chicas que bailaban eran una mezcla de Papá Noel y las conejitas de Playboy.

El enano se lo pasó pipa mirando la celebración, sacamos algunas fotos.

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Nos fuimos a dormir temprano. Decidimos ir al día siguiente al Parque Nacional Volcán Tenorio, y tenía pinta de que iba a ser un día duro.

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diciembre
09
Escrito en Costa Rica por admin el 09-12-2011

Nos hemos levantado temprano, y tras una clavada en el desayuno nos hemos ido derechitos al centro de buceo. Hoy no hay mucho que contar porque hemos pasado el día buceando.

Nos acompañó Rebecca, una chica estadounidense de madre cubana que no tenía ni idea de español, Will nuestro niñero experimentado que además es instructor de buceo, el dive master paco y Rafael el capitán del barco.

Ha sido una experiencia muy gratificante, poder bucear desde hace tanto tiempo y saber que el enano está en el barco al salir de la inmersión. Además hoy Hugo ha decidido portarse bien, ha sido perfecto.

En la inmersión hemos podido ver de todo, camarones payaso, caballitos de mar, langostas, camarones payaso, pez globo….. y muchos otros que no nombramos, sin embargo, la palma y lo que nos dejó boquiabiertos fue la pedazo de manta que nos acompañó un ratito.

Era enorme, la única vez que hemos visto una de semejante tamaño fue en el acuario de Osaka compartiendo “bañera” con un tiburón ballena. Imaginaos el tamaño. Sin embargo, lo que hipnotiza no es su tamaño, sino su forma y su elegancia (sus movimientos son preciosos)

Al volver al  hotel recompensamos al enano con un buen rato de piscina (se lo pasa genial), muchos mimos y una siesta con su teta preferida.

Ha sido un día genial para todos. Hoy a cenar tempranito y mañana repetimos la experiencia, lástima que Hugo no se podrá sacar el Bubbles hasta los 8 años.

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diciembre
08
Escrito en Costa Rica por admin el 08-12-2011

Nos despertamos en La Fortuna, teníamos que devolver el coche a las 10 de la mañana. Amaneció lloviendo, por eso  Sebas llamó a la casa de alquiler para ver si nos podían dejar el coche un par de horitas más; así recogeríamos la colada y no tendríamos que estar dando vueltas por el pueblo matando el tiempo. No solo accedió, sino que además, nos llevó al aeropuerto, con el ahorro del taxi (son los de Adobe Rent a Car, así les hacemos publicidad, que se portaron genial).

Nuestro siguiente destino era el aeropuerto de Liberia y de ahí a Playa del Coco. El trayecto directo no debe ser más de 30 minutos, aún así tuvimos que hacer escala. A saber, de Fortuna a Quepos, paramos 5 minutos para descansar y volamos a San José. Ahí nos bajamos del avión y cogimos otra avioneta rumbo Liberia con una escala en Tamarindo.

Este aeropuerto merece una mención especial. Tamarindo es la zona más turística de Costa Roca, de hecho, los ticos la llaman Tamagringo por la cantidad de gringos que viven allí. Pues para ser el sitio más turístico, la pista de aterrizaje era una pura mierda. Apenas sobraba medio metro por cada lado de la avioneta, de verdad, era realmente estrecha. Esto no hubiese sido tan malo si no se añadiese a la receta el hecho de que está en medio de una zona de ganado y de tanto en tanto se cruza una vaca.

Imaginemos el posible escenario:

  • una VACA
  • una avioneta a toda ostia intentando aterrizar
  • una pista que parece un patatal, que no estaba completamente pavimentada y que el poco pavimento que tiraron era casi adobe

Por suerte la vaca no se metió en la pista esta vez, así que sólo tuvimos que lidiar con la pista. Finalmente volamos 12 minutos hasta Liberia.

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En Liberia pillamos un taxi hasta nuestro hotel, Coco Beach en Playa del Coco.

Cosas a saber de Playa del Coco: es muy ruidosa, está repleta de guiris y si no vienes a bucear no sabemos que se te ha perdido aquí, porque la playa por así decirlo, es otra mierda.

Nosotros hemos venido a bucear y para eso estamos en el mejor lugar de Costa Rica.

Fuimos al centro de buceo, Summer Salt, y tras acordar las inmersiones y a la niñera (Will, un colombiano muy guasón) que vendría con nosotros en el barco, nos fuimos como unas castañuelas a cenar. Seguimos los consejos del conserje del hotel y nos fuimos a un restaurante llamado “Las olas”. Lo mejor del restaurante, una crema de marisco excelente y la camarera, que era un encanto.

No solo lo decimos nosotros, también lo decía Hugo, que se quedaba calladito y sonriendo cuando ella se acercaba y a nosotros nos montaba el numerito. Se pasó toda la noche diciendo “hola” y “nena” cuando la chica pasaba por su lado.

Es un Rodríguez, mujeriego y juerguista.