Nos despedimos de China. Es una realidad (esto lo escribimos desde Ha Noi), pero no queremos decirle adiós a ese maravilloso paÃs sin hacer un pequeño resumen de lo que nos ha parecido su gente.
Al margen de todas estas paridas (que aunque algo exageradas bastante ciertas) el paÃs es increÃble y nos ha dejado un sabor de boca extraordinario. Es uno de esos lugares al que te vas diciendo “hasta luego”, y no “adiós”.
Volveremos a China…dejamos demasiado sin ver.
Hoy nos hemos levantado a las 06:30 am, no por gusto, sino porque nos esperaba un tour (sÃ, otro tour a pesar de que no querÃamos contratar ni uno más…) a las terrazas de arroz. No hemos tenido más remedio, porque no hay otra forma de ir y volver en el mismo dÃa. Como consuelo, hemos pagado un poco menos que nuestros colegas de viaje.
Existen muchas terrazas de arroz en China, pero se dice que estas están entre las más impresionantes. Se construyeron entre el siglo XIII y XVIII (más de 400 años) y son básicamente otro ejemplo de como miles y miles de chinos pueden imponerse a la naturaleza “a lo bestia” (estilo gran muralla, presa de las tres gargantas, etc.)
Antes de llegar nos pasearon por un mini-pueblo (Huangluo Yao) donde vive una minorÃa étnica (Huangluo) con la particularidad de que sus mujeres tienen el pelo larguÃÃÃÃÃsimo. Entre todas hacen que la media del pueblo se ponga como “el pueblo con el pelo más largo del mundo”.
La costumbre reza asÃ: sólo se cortan el pelo 1 vez en la vida, a los 18 años. A partir de ahà el pelo crece y crece hasta que se mueren. Las solteras lo llevan cubierto, y se supone que el primero que vea el “nuevo pelo” será su marido. Como siempre, la mujer guardando “algo” para el hombre (léase virginidad, pelo, etc.)
Van vestidas con ropas llamativas y pulseras que indican su status social (si su familia es más rica, más pulseras). El peso de sus pendientes hace que las orejas se les estiren como chicle.
Nos hicieron un baile un poco soso, pero que incluÃa una exhibición de pelos largos bastante interesante y un simulacro de boda loca. Lo más gracioso es que para demostrar amor y bienvenida estas mujeres pellizcan el culo a todo el mundo. Todos nos llevamos un pellizco.
De ahà a comer. Comimos bastante bien, y entre lo más destacable fué un arroz “al bambú” que consiste en cocinarlo dentro del bambú. Tiene una consistencia pegajosa pero con sabor agradable. Es como si estuviese ligado con chicle.
Y de ahà a las terrazas. No hay mucho más que contar que lo que las imágenes muestran. Nos dejaron a nuestro aire y pudimos contemplarlas tranquilamente, escuchando música en nuestras Ipods y tomando el sol que ya empieza a estar rico rico.
A la vuelta otra sesión de conducción suicida por carreteras llenas de barrancos. Y para rematar la faena, nuestro conductor (que era la versión china de “Benito” de “Manos a la Obra”) llevaba una camiseta con la frase “Right to be Wrong” (tengo derecho a equivocarme, o algo asÃ). Alentador.
Fani va a Filipinas: hay un golpe de estado en el paÃs y un tifón.
Fani va a Honduras: Ella y sus compañeros de barco naufragan y acaban en una isla después de 3 horas de navegar sin rumbo.
Fani va al desierto de Mauritania y el coche pincha la rueda 5 veces seguidas. El coche casi vuelca y se pierden.
Fani va a Dakar y hay una epidemia de cólera.
Fani va a Ibiza en barco y a la vuelta hubo una tormenta importante.
Fani iba con nosotros en Chengdu cuando encontramos un camión volcado que nos tuvo 7 horas retenidos en la carretera bajo un precipicio de rocas.
Y por supuesto, vamos nosotros y nos la llevamos a hacer un paseo en barco por el RÃo LÃ. ¿Qué listos eh?
¿Qué podÃamos esperar de llevarnos al Demien moderno a un rÃo? Pues sencillo. Se nos estropeó el barco a los 30 minutos de paseo. Estuvimos 30 minutos observando al desesperado capitán mirar el motor con una mezcla de frustración y cabreo llave inglesa en mano.
Al fin llegó el barco de relevo, y supongo que el barco era demasiado nuevo y el tiempo demasiado escaso para que Fani lo estropease, asà que el resto del paseo fué tranquilo. La belleza del paisaje se ve en las fotos.
Hoy hemos ido en bicicleta a recorrer el “country side” (el campo). A Sebas le ha gustado más que el rÃo. Hemos encontrado abuelos muy tÃpicos que nos vendÃan postales (una corrió detrás de Fani, rompiendo su corazoncito de oso amoroso y haciendo que la abuela se ganase 10 yuanes = 1 euro). Por 5 yuanes más nos ha dejado hacer un paripé con un instrumento para hacer correr el agua y sacarle algunas fotos junto a Sebas.
Las fotos del recorrido son estas:
Hoy, en un dÃa de gran tristeza para los bichos around the world, el equipo de redactores vuelve a quedarse en 2 (el bicho y la bicho). Fani se nos vuelve para España, y para celebrarlo nos hemos metido el último plato de comida cara y occidental de los próximos meses.
Te echaremos de menos peque!
Después de tomar el primer avión de nuestra vida que sale antes de su hora (los chinos son muy achuchados para todo), llegamos a Guilin 20 minutos antes de la hora prevista. En España, si tu vuelo llega a las 13:40 supones que estarás en la puerta del aeropuerto a las 14:30. En China estás montado en el taxi a las 13:30.
Del aeropuerto de Guilin nos trajeron directamente a Yangshuo en taxi (1 hora y 40 minutos, por unos 20 euros). El desembarco en el hotel fué bueno y la ciudad nos gustó a primera vista. MuchÃsimas tiendas de souvenirs, restaurantes con comida occidental y la sensación de haber entrado en guirilandia: PeñÃscola a lo chino.
El entorno es precioso. Montañas kársticas al más puro estilo “Bola de Drac”, rÃos, puentecitos, pescadores con cormoranes, etc. Nos pegamos una buena comida occidental (las chicas aún no se han reconciliado con la cocina oriental) y una cena no tan buena, pero occidental también.
Sin embargo, lo mejor del dÃa fué lo que hicimos entre las 20:00 y las 21:00. Casi de rebote nos enteramos en una agencia de viaje (Uncle’s Sam) que cada noche se representa una función audiovisual con más de 500 actores. Pagamos unos 15 € por persona y fuimos sin saber muy bien lo que nos encontrarÃamos (Sandra pensaba que serÃan fuegos artificiales).
En la puerta nos encontramos un chino-canadiense-hongkonés que nos explicó un poco la trama y otros detalles del show. Lo más destacable era el director: Zhang Yimou, director de pelÃculas internacionales como “La Maldición de la Flor Dorada“, “Hero” o “La casa de las dagas voladoras“.
El espectáculo fué increÃble tanto por sà mismo como por el escenario natural en el que se desarrollaba. Casi todo se ejecutaba dentro del agua o alrededor de la misma, entre picos kársticos y nieblas artificiales. Las fotos no hacen ninguna justicia, y el vÃdeo ha perdido mucha calidad para caber en YouTube. Sin duda es uno de lo mejores espectáculos que hemos visto (Fani sólo lo pone por debajo del Cirque du Soleil, que nosotros tendremos que ver algún dÃa).
Nos fuimos a la cama con muy buen sabor de boca.
Esta vez nos tocó madrugar como va siendo costumbre. La reserva de crÃa y preservación de los osos Panda no está muy lejos de Chengdu, de hecho hemos ido en taxi por 2 euros y medio. Hay que estar temprano en el parque porque los osos panda tienen muy pocas horas de actividad, asà que allà estábamos a las 8 de la mañana.
El parque es grande y puedes pasear entre pasillos rodeados de bambú. Sigue haciendo humedad, por la vegetación y el clima. Después de caminar unos minutos llegamos a ver a los primeros pandas. Exigen silencio y respeto, no les gusta que les molesten, pero se muestran amigables y tranquilos.
Comen alrededor de 40 kilos de bambú por cabeza, pero sólo absorben una mÃnima parte, el 20%. Son tranquilotes, perezosos, no son tan blancos porque se restregan por el barro y bueno como vereis en las fotos, casi siempre comen y luego duermen (serÃa la mascota de Homer Simpson). El Panda más pequeño al nacer pesó 49 gramos, no es nada si lo comparamos con Kobi, el panda más grande del mundo que pesa 142 kilos. Visto asà no son tan gigantes estos pandas.
Nos volvimos locos haciendo fotos a los pandas, de todas las maneras, pero el punto culminante fue cuando vimos a los pandas bebés. Fani y Sandra queremos uno para casa. Son exactamente peluches blanquitos, son juguetones y muy graciosos, una monerÃa pero ohh no dejan hacer fotos; ya que sus retinan son muy sensibles y pueden quedarse ciegos por el flash de la cámara.
Después de la experiencia traumática de no poder llevarnos un par de panditas a casa, fuimos a ver a los pandas rojos, mucho más pequeños. Son más bonitos y mucho más movidos pero no tan famosos como sus hermanos los pandas gigantes. Jamás veremos tantos pandas juntos y tan de cerca.
Puedes hacerte una foto con un panda pagando un módico precio de 100 euracos y no puedes tocar al panda ya que te visten con bata de hospital, polainas y guantes de plástico. Asà que decidimos no caer en la tentación y conformarnos con nuestras fotos. Además no habÃa casi nadie tan temprano y hemos podido disfrutar de los pandas para nosotros solos.
Una gozada, e insistimos…. Sebas, apáñatelas como puedas pero Fani y yo queremos unoooooo.
El 22 de febrero volvÃamos de nuestro fantabuloso tour. Convencidos de no volver a contratar uno de nuevo. Descansamos en el hostal para el viaje del dÃa siguiente.
Nos levantamos sin despertador, no era demasiado tarde ni demasiado temprano. Decidimos desayunar un american breakfast la mar de delicioso después de nuestra tortura china. Se nos hizo tarde. Asà que ese dÃa no pudimos ver los Pandas, porque a las 10 de la mañana empiezan a retirarse para dormir, muy activos estos animalitos.
En lugar de ir a visitar a los Pandas, decidimos poner rumbo al Budha de Leshan, a dos horas en autobús desde Chengdu. Llegamos a las 14:00 al inicio del parque después de un bus urbano hasta la estación de autobuses, allà otro autocar muy cómodo hasta Leshan (2 horitas) , y finalmente otro bus urbano hasta las afueras de Leshan.
Después de entrar en el parque, que era enorme, descubrimos un paisaje increÃble. Selvático, húmedo, tierra roja, niebla, budhas, cuevas… impresionante. Nada más entrar descubrimos unos pasadizos al estilo Indiana Jones, eso sólo era el principio.
Subimos y bajamos mogollón de escalones, no os podéis llegar a hacer una idea de lo intrincado, laberÃntico y misteriosos que era el camino y de lo, porque no decirlo, interminable. Las indicaciones no eran precisamente abundantes y por supuesto nos perdimos unas cuantas veces. Pero después de una hora, y de 2 hÃgados fuera, el de Fani todavÃa se conservaba intacto, llegamos al gran Budha de Leshan.
El budhita mide nada más que 71 metros de alto y es el Budha más grande del mundo. Está orientado hacia el rÃo, con lo que las vistas , aunque con niebla, eran espectaculares.
Nos hartamos de hacer fotos, no sólo el Budha era espectacular, también los numerosos templos que nos encontrábamos por el camino, las interminables escaleras y los encantadores puentes. En total una visita de lo más agradable. El tiempo era justo y estábamos algo perdidos después de caminar y caminar, asà que nos salvaron los chinos con sus bicicletas. Madre qué piernas!!!!.
Nos dejaron a tiempo en la parada del bus donde pudimos conversar con un par de francesitos. Nos quedaba el camino de vuelta, esta vez con fotos tan bonitas como estas.