Salimos de Pagancillo en dirección a Talampaya (uno de los momentos más esperados del viaje)
Durante la noche habÃamos hablado de cómo hacer la excursión. Las posibilidades eran 3: en furgoneta, en mountain bike o andando. Al final los abuelos (mis padres) se fueron en furgoneta y nosotros en bicicleta. Nuestros culos se acordaron de la experiencia varios dÃas después de esta decisión
Nada más salir del “campamento base” con las bicicletas nos dimos cuenta de que no iba a ser un “paseo”. HabÃa que pedalear sobre ARENA (literalmente, es como ir por la playa en bicicleta).
100 metros bastaron para demostrar nuestra baja forma y lo mal que nos han sentado tantos kilos de asado y empanadas. Durante un momento alguno se pensó volver atrás, pero el orgullo pudo más y seguimos.
La excursión empezó con explicaciones del guÃa sobre los petrogrifos tallados en la roca por antiguas civilizaciones indÃgenas, pero prontro nos olvidamos del aspecto antropológico de la excursión. En cuanto vimos los primeros cañones toda explicación sobraba.
Las fotos que tenemos ahora no hace justicia en absoluto a lo que vimos, peor la cámara se quedó sin baterÃas y tendremos que esperar a que los demás miembros del grupo nos pasen las suyas.
El caso es que fue impresionante. Quizás no tanto como los glaciares de Calayate o las cataratas de Iguazú, pero desde luego merecerÃa un puesto en las 10 mejores cosas que hemos visto en nuestra vida.
Es un tipo de belleza diferente, muy áspera y un tanto incómoda…pero hipnótica. Se parece bastante a la vida en estos lares: sencilla, áspera y tranquila.
Y para muestra, un botón:
Desde Astica fuimos al “Valle de la Luna”, llamado asà por su similitud con la superficie lunar.
El viaje fué bastante tranquilo. Tomamos algo calentito a la entrada del parque. El recorrido se puede hacer en autobús o en tu propio coche, siguiendo al autobús.
Entre los artesanos que vendÃan un poco de todo (y casi siempre de lo mismo: dulces, cosas de cuero, cosas hechas con madera de cactus y cosas decorativas con poco o ningún mérito estético) encontramos uno que vendÃa dulces regionales, y que nos contó que eran una cooperativa que recibÃa ayudas desde Catalunya (estaban superagradecidos por ello a todos los catalanes).
El paseo fue largo (40 km en 3 horas) pero genial. El nombre le va que ni pintado al valle. Descubrimos que era mejor ser los últimos de la caravana para poder ir a nuestro ritmo y parar donde nos diese la gana a hacer fotos.
Lo único malo del viaje fue la companÃa de un grupo de turistas argentinos bastante maleducados (ellos y sus hijos). La verdad es que casi nos amargan algun momento, pero supimos distanciarnos.
He aquà algunas muestras de lo que vimos:
Las últimas piedras que vimos eran rojas y altas (tipo “Cañón del Colorado”), anunciando lo que serÃa el dia siguiente: El Parque de Talampaya.
La noche la pasamos en Pagancillo, en una casa con 4 habitaciones y un tipo muy muy raro llamado Cesar, que no sólo dejó de “vigilante” a una niña que no parpadeó ni un momento (mirando a su teléfono móvil en el que tecleaba como frenética), sino que apareció “por sorpresa” a la mañana siguiente.
Esa noche sin embargo cenamos bien (y sin Cesar) al fuego de la chimenea, sobre la que mi padre hizo unos riquÃsimos bifes de chorizo.
Tras el susto con Cesar, salimos hacia Talampaya.
Seguimos haciendo kilómetros y kilómetros de ruta, y en medio de la nada nos encontramos con una estampa sacada de una postal.
Se trata de un pequeño pueblecito llamado “Astica“. Paramos el coche en medio de la calle principal del pueblo (600 habitantes contando hasta los caballos) y nos recibe un hombre mayor, con sombrero de gaucho desgastado y un perro flaco y sucio durmiendo a sus pies. Era tan parecido a la imagen que miles de libros han dado de los pueblecitos andinos que creo que podrÃa empaquetar todo el conjunto y ponerlo en un museo antropológico.
Comimos en su casa y dimos de comer las sobras al perro. Pagamos una miseria, como siempre, pero dejamos propina (al principio la mujer no entendÃa lo de la propina…como si nos hubiésemos equivocado)
Como ya tenÃamos reservado el alojamiento, decidimos ir a Valle Fertil, a 40 km de Astica. Nos dijeron que era una “Ciudad” mas grande (acentuando el “más grande” como si fuese una metrópolis). Cuando llegamos, Valle Fertil tenÃa 1.200 habitantes. Guauu!
Lo más gracioso era una especie de biblioteca de colegio con un PC en medio (bastante antiguo). Ese ordenador personal le daba el nombre al lugar: “Centro Tecnológico Municipal”. Casi me muero de risa, pero tuvimos que disimular para no ofender a nadie.
Después subimos a un mirador en el que casi se matan mis padres (en la bajada mas que en la subida) para acabar viendo oootra virgencita (son muy chupa-cirios aqui).
Mañana iremos al Valle de la Luna, la primera de las maravillas naturales que nos esperan en este viaje.
Después de padecer todo lo mencionado en el post anterior, nos embarcamos en un avión a San Juan.
La ruta inicial implicaba empezar por Jujuy, pero una de las consecuencias de nuestros vuelos retrasados fué perder el último avión a Jujuy y tener que salir a San Juan…en la otra punta de nuestra planificada travesÃa). Además, el retraso de 1 dÃa hizo coincidir nuestra salida con el primer dia de vacaciones de invierno de los argentinos, con lo que nos Ãbamos sin reservas y en plena temporada alta! (olé!)
El vuelo hasta San Juan fué perfecto. Nada más llegar al aeropuerto recibimos la conocida amabilidad de la gente del norte (y aquà no estoy siendo sarcástico). Alquilamos los 2 últimos coches que quedaban en Hertz (en el mini-aeropuerto de San Juan) y quedamos con la responsable de la oficina de turismo de San Juan (Vanesa) que nos esperaba (a todos los turistas) en el mini-aeropuerto.
Por un momento tuve la impresión de ser el protagonista de un remake de “Bienvenido Mister Marshall”
Nos hospedaron en un hotel en el que cada pareja tuvo su propia habitación (como veremos, esta no es la norma) y nos costó 100 pesos por habitación (unos 25 €). Dimos una vuelta por San Juan y comimos como bestias en un restaurante bastante caro del centro. Nos costó 280 pesos (unos 70 €, menos de 10 € por persona). A veces da vergüenza pagar tan poco por tan buena comida.
El paseo por San Juan nos reveló lo que serÃa una constante del viaje: tranquilidad, sencillez y gente modesta. También puso de manifiesto que no estamos acostumbrados a vivir sin estÃmulos constantes.
Finalmente, y de pura suerte, acabamos asistiendo a un concierto de “Chango Spasiuk“, un artista nominado a los Grammy Latinos y con otros premios importantes en su haber (fue compositor de bandas sonoras de Roman Polanski, etc.)
Esto pone de manifiesto una vez más que no vale la pena planificar, y que las cosas que te pasan por puro azar (como encontrarse con un concierto asÃ) saben mucho mejor.
Nos fuimos a dormir entre peleas por la hora a la que tendrÃamos que levantarnos al dÃa siguiente. La convivencia no es fácil en un viaje con 8 personas (4 parejas).
Ufff…por fin paramos 5 minutos para escribir algo. Llevamos 6 dÃas de viaje y es la primera vez que tenemos un momento de paz.
La cosa ya empezó mal con el viaje hasta Argentina. El viaje planificado era el siguiente:
Salimos de Barcelona a las 20:00 y llegamos a Madrid a las 21:00. Allà nos espera un vuelo que sale a las 00:00 de Madrid hacia Santiago de Chile. 13 horas de vuelo más tarde, un avión nos lleva hasta Buenos Aires.
La realidad fue esta:
Salimos de Barcelona a las 20:00. Llegamos a Madrid y nos informan de que el vuelo de las 00:00 saldrá al dÃa siguiente a las 07.00 am. Tenemos que hacer una hora de cola para que nos asignen un hotel, al que llegamos a las 00:00 para “cenar” en un buffet libre montado “ad hoc” para la emergencia.
Nos despiertan a las 05:20 (4 horas de sueño) y a las 06:30 estamos en el aeropuerto, esperando pasar el control de seguridad…que no se abre. A las 07:30 (después de 1 hora más de cola infructÃfera) buscamos otro control y pasamos a la puerta de embarque, donde los monitores dicen “Embarque a las 09:20). Decidimos ir a desayunar en esas 2 horas que nos quedan de espera.
Tenemos que esperar 30 minutos a que abran el restaurante (Ars) del aeropuerto, para sufrir otros 30 minutos de colas, empujones y malas caras para ganarse un desayuno mÃsero por 14 euros. Cuando estamos a punto de tomar el primer sorbo de café, uno de los empleados del aeropuerto nos dice que embarquemos YA (1 hora antes de lo anunciado). Ante nuestra queja, nos dice “No tienen que hacer caso de los monitores”. Empieza el Mundo Kafka.
Nos subimos al avión que por supuesto sale con retraso por todos los que SI hicieron caso al monitor (qué tontos eh?). 13 horas de vuelo en las que, entre otras cosas, la comida se sirvió a las 17:00 de la tarde.
Una vez en Chile, corrimos hacia el mostrador pensando que el que primero llegase encontrarÃa vuelo a Buenos Aires. Lo más normal serÃa pensar que con 9 horas de retraso, en Chile estarÃan esperándonos con algo preparado. La cruda realidad fue que la chica de Aerolineas Argentinas nos dijo “Cuantos vienen en ese vuelo retrasado?”…Y asà empezó otra etapa de caos y dolor.
3 horas de espera en el aeropuerto de Chile (ya llevávamos´casi 30 horas de viaje) sirvieron para presenciar uno de los espectáculos más circenses de la historia civil aeronautica: el sorteo de billetes. Consiste en poner a 50 pasajeros delante de una auxiliar de vuelo que SORTEA 30 plazas en el vuelo. A los perdedores les espera ooootra noche de hotel (4 horas de sueño, etc) en Chile.
Por suerte ganamos. Solo tuvimos que esperar 1 hora más para subir al avión. Una vez en Buenos Aires, y como si nos estuviesen ayudando a romper una marca personal, completamos las 36 horas de viaje en una cola de 1 hora para pasar el control de pasaportes.
Pero lo mejor aún no habÃa llegado. Cuando tooodo parecÃa acabado, Sandra descubrió que es posible perder una maleta de 2 pasajeros que viajan juntos. La suya, que no llegó, y nos hizo esperar 1 hora en la cinta.
Cuando llegamos aún tuvimos que esperar 2 horas para dormir (saludar a los familiares que ya estaban dormidos, etc.)
Bonito viaje no?
Pues al dÃa siguiente nos tocó ir a reclamar la indemnización por retraso en el equipaje (el dinero que tienen que darte para comprar ropa hasta que la encuentran).
Nos ofrecieron 100 dólares…algo bastante ridÃculo teniendo en cuenta que eso nos tenia que costear ropa por 30 dÃas (el tiempo que tardan en declararla perdida). Lo mejor del tema es que el “responsable” de reclamaciones nos dijo que esos 100 dolares era lo establecido por normativa. Cuando pedidmos la normativa se puso nervioso y nos dijo que ellos no apuntaban nada…que los conocimientos se transmitÃan de boca en boca como los indios (esto NO es metafórico…fueron palabras TEXTUALES).
Empezamos a gritar y vinieron los de seguridad. Al final nos fuimos sin los dólares y con la certeza de que nos escucharÃan mejor en la oficina de España.
Y con esto termina SOLO el viaje hasta Buenos Aires. TodavÃa nos queda nuestro nuevo vuelo (al dÃa siguiente) a San Juan…y el actual viaje por el Noroeste argentino (San Juan, La Rioja, Tucumán, Etc. )
Ahora mismo estamos en La Rioja. Acabamos de pasar el Parque Nacional de Talampaya y el Valle de la Luna….pero ya llevamos 20 minutos escribiendo y dejaremos eso para el próximo post.
He aqui algunas fotos de adelanto: