De Sighnaghi a Tbilisi

Salimos en ruta después de decidir que un paseo por el río no merecía la pena, camino de Signaghi, en la zona khaketi, la cuna del vino. El pueblo también es llamado el pueblo del amor, suponemos por las vistas, ya que está en lo alto de una montaña. El desvío hacia este pueblo es básicamente para estar en la zona de vinos por excelencia de Georgia. Nos hemos enterado de que Georgia es el principal productor de vinos del mundo. Así durante todo el trayecto pudimos ver como la gente vende su vino casero, el que elaboran en sus casas, no todos son buenos.

El pueblo en sí es muy turístico, es bonito, y se viene a beber. Tras la comida decidimos ir a Pheasant’s tears, que recomienda todo el mundo, pero estaba cerrado hasta el 1 de septiembre. Tuvimos que improvisar. Así acabamos nuestro camino en JSC Cradle of wine.

Allí nos enseñaron el proceso de elaboración tradicional georgiano, que no habíamos visto nunca y nos pareció muy interesante. El dueño de la bodega, en todo momento super amable y ameno, era estadounidense. Él estuvo muy bien, la visita estuvo muy bien, el vino fue horrible, o eso nos pareció a nosotros. Llamadnos snobs si queréis, pero nos sirvieron el vino de botellas de plástico de coca-cola. Los embotellados también nos decepcionaron, eran caseros, pero no eran buenos. Lo que sí nos gustó, fue la degustación de chacha (sería como vodka u orujo depende con que lo mezclen).

No nos rendimos en busca de otra bodega, pero no la encontramos. Fuimos directamente a cenar y pedimos un vino negro de la zona, que por sorpresa nos gustó mucho. Desde entonces hasta que abandonamos Georgia descubrimos vinos mucho mejores que los de esa cata.

A la mañana siguiente no nos poníamos de acuerdo en que hacer antes de ir a Tiblisi, el calor y el sol pueden llegar a quitar las ganas de cualquier cosa. Finalmente y de camino, fuimos a ver el Monasterio de Santa Nino o Monasterio Bodbe. Esta santa, se supone la responsable del inicio de la cristianización de Georgia y está enterrada en el monasterio. Se considera el lugar más sagrado de la iglesia católica ortodoxa de Georgia. Visita rápida y a la capital.

Llegamos a Tiblisi a la hora de comer, y tarde. Tras el check inn en S&L,un hotel que estaba genial pero a 5 km del centro, comimos en el restaurante de al lado y nos fuimos a patear la ciudad. Del hotel al centro, a la vieja Tiblisi, un taxi cuesta 5 laris o aprox euro y medio. La primera visita fue coger un funicular para ver la fortaleza Narikala, una antigua fortaleza desde la cual se divisa toda Tiblisi, las vistas merecen la pena. En lo alto se encuentra la iglesia de San Nicolás.

Tras la visita tan solo nos perdimos por las callejuelas de la antigua Tiblisi, llenas de luces, restaurantes, tiendas y vida nocturna. Visitamos puntos turísticos como la Torre del reloj, la plaza de la libertad, la calle Pushkin, el puente de la Paz, etc.

En nuestro empeño de hacer una cata como toca, acabamos en “Wine buffet, el dueño del local nos hizo una degustación de vinos blancos fantástica, cosa que amenizamos con un buen surtido de quesos, europeos eso sí, los quesos georgianos no nos gustaron. Como colofón, cenamos en el restaurante BCN, comida española, no es barato pero se come bien, y el jamón… aiii el jamón!.

Terminamos el día bañándonos en la piscina cubierta del hotel, los niños felices y agotados.

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