Baños de sulfuro y mercado soviético

El día anterior habíamos reservado una de las cosas que hay que hacer en Tiblisi, y es un baño de sulfuro. Escogimos unos baños un poco finos, muy limpios y de servicio excelente. Cada familia se cogió una habitación. La nuestra era grande y muy bien decorada. Los tamaños varían en función de la cantidad de personas que quieran el baño. Son privados y la piscina de agua caliente está muyyy caliente. A Sandra además le hicieron un masaje típico gregoriano que en realidad es un tratamiento exfoliante de 20 minutos. Al acabar la hora que dura la actividad, Joan Carles y Sebas se quedaron a hacer unos masajes, mientras el resto esperaba en una cafetería.

Una vez todos relajados, es la sensación que te queda tras el baño, nos fuimos a comer. Para comer Remei escogió el mejor restaurante italiano de toda la ciudad, Filini, dentro del hotel Radisson, así que, ya os podéis imaginar que era bonito, la comida excelente, el servicio fantástico y la cuenta numerosa. Cómo dato curioso, algunas calles estaban cortadas porque establan grabando Fast and furious 9

Después fuimos a visitar el mercado soviético, en el parque Daedena, donde se venden  objetos de segunda mano, y cosas tan singulares como una máscara de gas. La visita fue muy interesante.

Tras la interesante visita, Ana y familia volvieron al hotel a descansar y nosotros continuamos la visita por la ciudad. Fuimos a la catedral de la Santísima Trinidad. Lo que nos asombró fue la acústica y el tamaño gigantesco del templo; había 4 personas orando con cánticos, y parecía que un sistema de sonido envolvía toda la catedra. Por lo demás, no nos impactó demasiado.

Anduvimos por calles no tan turísticas hasta llegar a nuestro remanso de paz y cata de vinos blancos esta vez, sorpresas de nuevo con los vinos de la zona. Tras esto nos reunimos de nuevo con Martín y familia para cenar en otra zona de bares al otro lado del río esta vez. Huyendo de los camareros insistentes que te pedían que entrases a tu bar, pasando por la camarera que quería echarnos de la acera que daba a la puerta de su local porque sí, acabamos en un italino mediocre, por algo Felini es el número uno en Tiblisi.

Al día siguiente…día libre

Amanece lluvioso, de ahí que los ánimos estén bajos, para algunos además es el fin del viaje y prefieren quedarse descansando en el hotel. Remei y Sandra se pasearon en el Mercedes de gama alta del dueño del hotel buscando una lavandería abierta en sábado. Finalmente encontramos una de autoservicio. Al acabar nuestro lavado y secado el dueño del hotel estaba esperándonos para llevarnos al hotel de vuelta. Un servicio impecable, super amables.

En ese mero trámite pasamos la mañana, mientras los niños se bañaban en la piscina cubierta del hotel, así que comimos algo en un restaurante cercano y tras la comida solo Joan Carles, Remei y Sandra decidieron continuar con la ruta por la ciudad. Martín y familia se fueron a devolver el coche alquilado y pasear un poco antes de la cena.

En el camino pudimos ver cosas interesantes y rincones de la ciudad algo pintorescos. Nos reunimos todos para la cena y despedir otra etapa del viaje.

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