El Club de los 7 y las Lineas de Nazca

Empieza el periplo

Esa mañana no madrugamos, tras el desayuno nos fuimos a Cabanaconde. Los pueblos del Valle son pequeños y básicamente lo que se visita es la plaza y su iglesia y a nosotros las iglesias nos traen sin cuidado.

La cosa se puso más interesante pues tocaba ver ruinas de los Uyu Uyu, una civilización preinca. Quedan algunas de las edificaciones bien conservadas. El ascenso al antiguo poblado se nos hace difícil, estamos a algo más de 3000 metros y el camino es empinado. Las ruinas no son muy visitadas, se escapan del circuito puramente turístico. El enclave es privilegiado, debajo de un salto de agua y con unas vistas del Valle preciosas. El camino de descenso es fácil y no tan bonito, pero Grau se encuentras un trozo de vajilla original, todo un hallazgo!.

De ahí fuimos a comer y a empezar lo que sería nuestros dos días más largos. Con al furgoneta regresamos a Arequipa llegando a eso de las 17:30 de la tarde. Paramos en el Terrapuerto, como se le llama a la estación de autobuses e hicimos por suerte el chek in de las maletas. Nos dio tiempo de volver al centro a cenar un poco antes de coger el bus nocturno de las 21:30 que nos llevaría a Nasca.

Los sillones eran muy cómodos, íbamos en VIP, se tumbaban a 160 grados y eran anchos. El refrigerio que te dan es muy malo pero solo queríamos dormir. Pese a la comodidad es difícil dormir por le traqueteo, los frenazos, y el olor a humanidad, somos 12 en un espacio relativamente pequeño. Algo sí descansamos y llegamos a Nasca a eso de las 7 de la mañana, únicamente para ver las líneas de Nasca.

La experiencia no fue lo planeado. Amaneció con neblina y el aeropuerto no abrió el espacio aéreo hasta las 9, con la espera, la lentitud etc no empezamos a volar hasta las 11:48. Estábamos cansados y dábamos por perdido el bus que teníamos cuadrado hasta Ica a las 12:30.

Y empezó el vuelo (con Aeroparacas) sobre las famosas líneas de Nasca. No diremos que disfrutamos de lo lindo pues el mareo en esa minúscula avioneta nos estaba dando el viaje y de que manera. Pudimos apreciar las figuras más importantes como el mono, el árbol, las manos, el lagarto, el austronauta, el condor.. etc. Después de media hora de vuelo estábamos deseando pisar tierra.

El mismo chico de la empresa que nos trajo nos devolvió a la estación de autobuses un cuarto de hora más tarde de la hora de salida del bus, alucinamos cuando nos dijo que todo el autobús nos estaba esperando, que él personalmente había llamado al administrador de la compañía para que nos esperasen…con una frase literal: ¿con quién creen que están trabajando chicos?

Así que salimos pitando de su furgoneta y pasamos todos los controles sin control y sin enseñar papeles mientras una azafata corría detrás de nosotros mientras gritaba “son los 7”… para que nos abrieran la puerta.. y allí estaba el autobús tranquilamente viendo cada uno su película… sin enfadarse ni inmutarse…!

Tras dos horas de bus llegamos a Ica, una ciudad en medio de un desierto, y rodeada de dunas de arena literalmente gigantes. Comimos muy tarde y nos fuimos deprisa al oasis Huacachina a hacer sandboarding. Huacachina es un oasis repleto de restaurantes, chiringuitos y hoteles que huele a cloaca pero que está rodeada de un paisaje espectacular.

Ya habíamos hecho el día, volvimos a cenar al hotel un poco de sushi, malísimo (el del hotel El Huarango). Tras más de 36 horas de trajín por fin pisábamos un hotel, una ducha y una cama.

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