Trujillo, Tierra de Moches

Pese a los nervios pudimos coger el vuelo a Trujillo, la tierra de los Moches o Mochicas, pobladores anteriores a los Incas.

Llegamos de noche y poco pudimos ver de Trujillo el primer día, nos hospedamos en Hotel Central, que como su nombre indica estaba muy cerca de la Plaza de Armas, siempre es llamada así la plaza central. Tanto la plaza como sus calles colindantes están muy bien conservadas y pintadas, las casas con balcones coloniales son bonitas y coloridas y los bares llenos de gente comiendo con las puertas abiertas pese a ser invierno.

Pero esa noche tan solo pedimos unas pizzas y nos aplastamos en las camas, el jetlag todavía es cruel con nosotros y nos hace levantarnos muy temprano. Eso hicimos y nos dio tiempo a pasear por el centro y encontrar un servicio privado con la compañía Arco Iris, al final nos pareció caro pero la desesperación de ser domingo y con casi todas las agencias cerradas nos hizo tomar una decisión precipitada.

Aún así a las 10 salíamos con Edison en ruta, él no era el guía pero nos dio más información que los guías de ese día, era un chico venezolano cuya familia residía en Venezuela y él había emigrado para conseguir mejor porvenir. Se había graduado en turismo y eso es lo que hacía ahora en Trujillo. Nos aportó mucho durante el viaje. Salimos hacia un taller de mate burilado, donde nos hicieron una demostración de como con un soplete y una aguja podían hacerse dibujos realmente bonitos en un mate o calabaza, al final compramos unos cuys a los niños( es una especie de cobaya que se come por aquí).

De allí nos dirijimos a la  Huaca de la Luna, un templo de culto de la cultura Moche, que como antes dijimos fueron muy anteriores a los incas. La huaca o templo estaba literalmente enterrada bajo la arena y gracias a la erosión descubrieron uno de los murales, y desde entonces hasta ahora los trabajos de arqueología han descubierto un lugar realmente bonito, aunque les queda muchísimo todavía por excavar. Aprendimos cosas interesantes de la cultura moche. Cuando algún desastre natural azotaba el poblado, véase un tornado, un terremoto, ese tipo de cosas, los moches ponían a un joven guerrero de cada familia del poblado a pelear por parejas, perdía el que se le caía el tocado de la cabeza. Los perdedores… eran sacrificados, primero por eso despojados de sus ropas y con el tabique nasal roto por una porra los paseaban desnudos hasta el lugar de sacrificio. El sacrificio podía ser por decapitación, mutilación o despellejados. En realidad solo les interesaba la sangre de los vencidos que tras ser bebida por el sacerdote o gobernante ,era concedida al Dios como ofrenda.

Otra de las cosas que descubrimos es que cuando un sacerdote moría se sellaba el templo y se construía otro encima un poco más grande, por lo que tras varias generaciones el aspecto era de pirámide truncada.

De la Huaca de la Luna nos llevamos una buena impresión, sobretodo de las paredes del patio y nos imaginamos los bonitos colores que debería haber tenido en su época. El guía aportó poco y nos dimos cuenta de que no tenía paciencia con los niños.

Hay una Huaca del Sol expoliada por los pillastres y españoles pero con esa todavía no han empezado los trabajos arqueológicos.

Acabamos allí y nos fuimos a comer a “El sombrero” un restaurante donde mientras comes te dan un espectáculo de danza tradicional, marineras. La comida normal y cara, no lo recomendamos.

Por la tarde dimos un poco de cancha a los chanchos y fuimos a la Laguna Conache a practicar sunboarding o lo que es lo mismo, tirarse con una tabla por dunas enormes de arena. La entrada son 4 soles y para hacer la actividad 1 sol más.

El sitio es bonito, había familias disfrutando del poco sol  que salió esa tarde. Desafiamos a Hugo para ver cuantas veces subía las dunas a tirarse con la table, y como siempre, no le falta la motivación. Amalia también nos sorprendió, porque por muy altas que fuesen las dunas ella se tiraba sin miedo y riendo todo el rato. Pudieron escalar por una pared, tirarse en tirolinas y jugar con otros niños. Ya nos dijeron que se lo habían pasado de maravilla.

De regreso al Hotel, en la carretera que entra a Trujillo preguntamos porque había tanta basura en la carretera ya que daba mala imagen para el turismo. La respuesta nos dejó impresionados, nos dijo que como son terrenos de los narcos nadie se atreve a tocarlos, y punto. También nos informó de que en Alto Trujillo no se puede ir, preguntamos si había delincuencia y directamente nos dijo que es que viven los sicarios, los secuestradores.. y alguna gente normal.

Nos quedamos con que el día ha sido

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