Llegamos a Cusco, el ombligo del mundo

Tuvimos que madrugar y a las 6 ya estábamos haciendo un pre-desayuno en el hotel porque no habían puesto todas las cosas, como no valía la pena, decidimos salir ya al aeropuerto y quizás desayunar algo decente. Nuestro vuelo salía a las 8:13.

Nos dio tiempo a desayunar, el mejor café que hemos probado en Perú, así que yo ya estaba con el subidón, con eso y con un bikini calentito podía afrontar los dos vuelos que nos quedaban, de Iquitos a Lima y de Lima a Cusco, vuelo en conexión.

Tras hora y media de vuelo llegamos a Lima, recordad que he dicho que es un vuelo en conexión. En  cualquier país que hemos visitado un pasajero con vuelo en conexión pasa por un circuito diferente denominado en “tránsito” o “transfer” porque se supone que ya has hecho el control de pasaporte y equipaje y solo cambias de puerta de embarque. Pues aquí no.

Sales como todo el mundo y vuelves a pasar por el control como todo el mundo, con la salvedad de que como eres vuelo en conexión, te hacen un control especial porque te piden las tarjetas de embarque del anterior vuelo, sino no puedes coger el segundo… y haces más cola para poder pasar todos los trámites. Por suerte Sandra lo guarda todo porque se temía alguna cosa en un país donde los aeropuertos no están muy bien organizados, no porque nadie nos indicase que debíamos conservar todas las tarjetas de embarque hasta el destino final.

El vuelo fue bien y vacío, llegamos a Cusco (3.400 metros sobre el nivel del mar)  en hora prevista, 12:25 de la mañana. Lo primero que notamos fue que íbamos más lentos al caminar, de momento solo eso, pero nos pusimos a mascar hojas de coca y caramelos de coca en el mismo instante en que aterrizamos.

Nosotros viajamos con dos mochilas para los cuatro, son dos mochilas Osprey de 70 litros, una roja y una gris, no son mochilas muy vistas por decirlo de alguna manera. En la cinta de recogida de equipaje salió una mochila roja igual que la nuestra, pero Sandra se dio cuenta de que no iba tan rellena y además le había puesto un estuche azul fuera que sirvió para identificarla. Pero Sandra se fue al lavabo y cuando volvió, Sebas ya había recogido la gris. Cogimos un taxi y nos fuimos al centro de Cusco a nuestro hotel.

Cusco es grande, nos dijeron que tiene aprox 800.000 habitantes, pero cada uno nos da una cifra distinta . La parte no céntrica es fea, está mal construida y es desorganizada. Pero llegamos al centro y nos dimos cuenta de que esta zona es preciosa. Eso sí callejuelas serpenteantes y de doble sentido aunque solo cabe un coche…pero claro los Incas tenían alpacas y llamas, para ellos ya era suficiente.

Llegamos por fin a nuestro hotel en la zona de San Blas, zona de artesanos y en cuesta. El hotel realmente bonito con unas vistas nocturnas preciosas, y bien de precio, Hotel Tika Wasi Casa Boutique. Allí, nos encontramos con nuestros amigos, fue genial. Arreglamos un taxi para ir a ver las ruinas más cercanas a la ciudad esa tarde, así que solo fuimos a dejar las mochilas en la habitación para salir a comer y después a la excursión. En la habitación nos dimos cuenta de que la mochila gris no era la nuestra…….. sino de un tal Vincent Chen ups….ups…ups……

Rebuscamos   y encontramos un número de teléfono que creíamos era de Vincent, un estadounidense de California que por fortuna estaba operativo y todavía en el aeropuerto buscando su maleta…. Ups… Sebas se fue para allá con su maleta y para recoger la nuestra, son idénticas, solo que la nuestra va más rellena. Mientras los demás nos fuimos a un restaurante muy cuco al lado del hotel donde éramos los únicos (Sumaq II) y tras hora y cuarto después de haber pedido nos trajeron los platos. Así que cuando Sebas volvió del aeropuerto estábamos por el segundo. Le habíamos pedido una hamburguesa especial que se comió en dos bocados y salimos de excursión. Se saltó todas las recomendaciones que te dan para el mal de altura, camina despacio y come poquito y tranquilo….

Salimos a Tambomachay, unas ruinas incas pequeñas pero bonitas, compramos el pase general, para la mayoría de las atracciones cercanas, cuesta 130 soles y dura 10 días, más barato que comprar boletos parciales en cada atracción turística. Nos hicimos unas fotitos con las alpacas bebé, hay que pagar claro a la señora. Y tras esto, empezó a granizar, con los que nos refugiamos en una tienda textil donde acabamos comprando un gorro de alpaca baby para Sandra (130 soles , unas zapatillas de piel y alpaca para Hugo (75 soles) y un monedero rosa de alpaca super hortera pero que Amalia se enamoró en el instante (45 soles).

De ahí nos fuimos Saqsaywaman. Hacía frío porque el cielo estaba tapado y no íbamos muy abrigados, así cuesta visitar las cosas pero la verdad es que nos animamos y la visita mereció la pena. Nos sorprenden las paredes incas, tan perfectamente encajadas piedra con piedra sin nada de espacio entre ellas, tanto que nos parecía que podía ser artificial (como en Port Aventura) pero no… es auténtico.

Después de la visita volvimos a Cusco a pasear por sus calles, miradores y plazas. A parte de bonito te das cuenta de que todo el mundo vive del turismo, hay hoteles, restaurantes, bares, tiendas y oficinas turísticas por doquier. Cenamos en un restaurante de menú y volvimos al hotel. Amalia estaba cansada y Sandra la llevó cuesta arriba a caballito, no pudo terminar la cuesta porque el pecho le palpitaba y le dolía, le faltaba el aire. Quizás no es lo mejor para el primer día en esta altura. Hugo también estaba cansado así que tomamos un taxi, menos Grau y JC, por 5 soles.

Tendremos que tomar las cosas de forma más pausada.

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