Chachapoyas y Gocta

Esa mañana madrugamos para coger el avión en Lima a las 9:00 hacia Chachapoyas. Por cuestión de tiempo y teniendo en cuenta todo lo que queríamos hacer en 2 días justos, ya desde Trujillo contactamos con una agencia de viajes, Santa María, en Chachapoyas para hacer el trayecto directamente desde el aeropuerto a la Catarata Gocta.

Allí nos recogió Antonio, que durante 1 hora y media nos llevó por carreteras serpenteantes en pleno territorio Amazónico pero montañoso hasta el pueblo de Cocachimba. No todo el camino es asfaltado, y no todo el camino es ancho como para que pasen dos coches, pero Antonio demostraba sus dotes de conductor a 80/100 km hora por estas vamos a llamarlas difíciles pistas. El paisaje es muy bonito y distinto a lo acostumbrado, vegetación exhuberante y verde a 2000 metros de altura.

En Cocachimba, un pueblito pequeño y algo destartalado comimos nuestro menú sencillo y delicioso antes de iniciar los 5.5 km que nos separaban de la Catarata, también cuesta 10 soles el acceso a la misma. El recorrido  hay que hacerlo a pies y si tienes suerte unos 3.2 km los puedes hacer a caballo. Nosotros no tuvimos suerte. Empezamos con nuestra guía Carmen, paso a paso y con algo de resignación. La catarata se veía tan lejos…

El resumen del camino es un ascenso duro, embarrado porque llueve cada día a ratos, resbaladizo y agotador, sobretodo para los enanos que aguantaron la caminata, no vamos a decir sin quejas. Para colmo nos llovió la mitad del camino, de forma abundante, y cuando no tienes más remedio que avanzar solo piensas que merece la pena y que verás recompensado todo el esfuerzo.

Y efectivamente,la catarata Gocta tiene una caída dede 771 metros  y es la tercera en altitud a nivel mundial. El salto es precioso igual que todo el entorno, pero el agua cae con violencia al final y no es fácil permanecer mucho rato al lado, lo justo para hacerte la foto sino quieres acabar todo mojado.

La vuelta tras la excitación de haberlo conseguido es igual porque sigue lloviendo pero tenemos la suerte de que los últimos 3 km los podemos hacer en unos caballos que nos ha conseguido Carmen. El camino es igual de largo pero ya no caminamos nosotros, voy a decir que la montura al no estar acostumbrados resulta algo incómoda. Fue muy agradable pasear a lomos de caballo por el silencio de este increíble paisaje.

Llegamos muertos y luego nos confesaron tanto chófer como la mujer del restaurante que no pensaban que pudiéramos conseguirlo. Pero nuestros chanchos son todoterrenos.

Llenos de barro comimos en un restaurante “el italiano” un bar sencillo pero con comida rica rica.

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