Engullidos por Hong Kong

Esta entrada pertenece a la serie China
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El primer vuelo nos llevaba a Paris (donde Sandra vio por primera vez la torre Eiffel, pero desde el aire y bien iluminada), donde teníamos 1 hora para hacer la escala. Una hora para recorrer más de 2 kilómetros de pasillos y escaleras con los niños a cuestas, medio dormidos y agitados. Hubiese sido GENIAL tener una hora, pero el avión llegó tarde y no sabíamos cuánto tiempo nos quedaba…así que a correr.

Cuando leais esto, por favor, buscad la canción más famosa de la pelicula «Raising Arizona», con Nicolas Cage. Esa era nuestra banda sonora y lo sería durante unos cuantos días más.

Llegamos sudando y estresados al avión para cascarnos 12 horas más de vuelo hasta Hong Kong. Llegamos destrozados, claro. Sebas no durimó nada (primera noche sin dormir)

Salimos del aeropuerto tarde y llegamos al apartamento destrozados y agobiados por el calor de Hong Kong. Entre el calor, la contaminación y los olores, el aire se podía cortar en cubos. Después de tener que pescar las llaves con un gancho, accedimos a nuestra roñosa morada.

El apartamento era sucio, pequeño y carente de los accesorios más básicos. Y nos costaba 200 € la noche – esto es low cost en Hong Kong. Por ese precio no teníamos ni sábanas limpias. La entrada daba miedo

Salimos a cenar por la zona y nos dimos cuenta de que estábamos en la zona más «auténtica» de Hong Kong, llena de edificios viejos y oscuros y luces de neon suficientes como para señalizar un aterrizaje. Muchas de esas luces anunciaban «foot massage», un eufemismo para burdeles baratos donde lo que menos te iban a tocar son los pies.

El barrio era una estampa de Blade Runner sin los detalles futuristas. Olores, humos, neones y gente rara. Muchas terrazas al aire libre y pescados vivos en cubetas. Caos, calor y gente, mucha gente. Cenamos en un lugar sucio y mínimo.

Los niños estaban excitados y eufóricos por estar entre primos y dormir en un lugar nuevo. Esto y el Jetlag de 6 horas se tradujo en que nos dormimos a las 4 de la mañana. Y nos despertamos a las 12:30…huelga decir que el día no lo aprovechamos demasiado.

Nos pegamos un buen homenaje gastronomico en un restaurant de primera (200 € por los 8). Los sabores eran diferentes y con matices

Todo lo que pudimos hacer fue comprar las entradas para el Star ferry (que nos paseó por la bahía para ver el «Skyline» de la ciudad) y tomarnos un café en el Cultural Center of Hong Kong mientras esperábamos a montarnos.

El paseo en Ferry fue tranquilo y las vistas estaban bien, sin ser espectaculares. Después las mismas vistas desde el puerto para presenciar la «Symphony of Lights», un espectáculo de luces en la que varios edificios del skyline se coordinan con una música que solo puede oirse en un sitio atestado de gente (nosotros con los niños lo vimos a unos saludables 500 metros del lugar). La verdad es que nos pareció cutre, y la culpa es del marketing y de las expectativas que te crean de antemano. Si no hubiesemos esperado nada nos habría gustado…pero siendo uno de los mayores atractivos turísticos de la ciudad la verdad es que decepciona.

A nosotros nos impresionan más las montañas que los edificios, y más las cascadas que las luces de neon, así que quizás no fuimos jueces imparciales.

Es noche volvimos a dormirnos a las mil y volvimos a despertarnos a las 12:00 – el Jetlag con niños es dificil – y decidimos que lo único que podíamos y queríamos hacer era subir a lo alto de The Peak, una montaña en medio de Hong Kong desde la que se ve toda la ciudad. Subimos en autobús y la verdad es que la vista de la ciudad es mejor que desde el puerto, porque te da una idea más clara del tamaño de los edificios y de la densidad de las construcciones.

Una vez arriba comimos, sacamos fotos e hicimos el turista en el centro comercial que hay arriba (no, no es un bonitomirador natural, sino un centro comercial con todas sus franquicias y chorradas). Bajamos en el tren cremallera (muy divertido porque se inclina casi a 45 grados) y en 10 minutos estábamos abajo esperando otro autobús.

Las siguientes horas fueron de rutina – trenes, autobuses y finalmente el avión a Fuzhou.

Esos fueron los 2 días en Hong Kong tal y como sucedieron. Ahora, cómo lo sentimos:

  • Sentimos que la ciudad era viscosa, densa…los olores, el calor pegajoso y el ruido hacian que caminar con niños fuera como moverse en el barro. Lento y cansado.
  • Las comparaciones con Singapu eran muy evidentes. Hong Kong es más sucia, pero también más humana. Singapur es casi un escaparate y esto es más como una colmena con dinero. Por supuesto tienen un distrito financiero que es superlimpio y tan deshumanizado como Singapur (todo cristal, cemento y coches caros), pero el viejo Hong Kong (donde estuvimos), es como Blade Runner.
  • NO es una ciudad amigable para las familias. Hay demasiada gente por todas partes y todo el mundo tiene prisa. Conseguir taxi a veces es difícil.

Creo que nos ha gustado pasar por Hong Kong como un «extra» de nuestro viaje a China. Si es algo que te surge como oportunidad es interesante, pero no creemos que valga la pena como objetivo principal del viaje (algo que si podemos decir de Singapur).

 

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