Castillos hasta el cielo y humos aún más altos

Visto lo visto, hoy decidimos adaptar nuestras expectativas al dictado de nuestra experiencia y no planificar más de 2 actividades para todo el día. A partir de hoy, empezamos a ponernos “máximas”, como las siguientes;

4 Primeras Reglas Fundamentales para viajar con (muchos) niños

  1. Si tiene que hacerse en menos de 5 minutos, está fuera de nuestro alcance.
  2. Planificar sólo 2 cosas para cada día, y darse en un canto en los dientes si alguna de ellas sale bien.
  3. Escaleras, cuestas arriba y largas caminatas no son para niños. Papá nunca se cansa, papá es invencible y puede llevar a todos los integrantes del circo húngaro a cuestas 500 escalones en una cueva resbaladiza sin sudar una gota (perspectiva de Hugo)
  4. Son ellos (los niños) los que nos están aguantando a nosotros y a nuestro caprichito de conocer mundo. Ellos preferirían un parque cualquiera o un zoo. Así que por muy insoportables que se pongan, a poner buena cara y a decir gracias.

Pues bien, siguiendo la regla número 1, decidimos que ese día veríamos un bonito castillo en Buda (la parte “alta” de la ciudad, tanto topológica como socialmente hablando) llamado el Bastión de los Pescadores y acabaríamos la tarde en un paseo por el Danubio (en barco). A las 20:30 salía nuestro tren nocturno, así que la agenda era apretada (sin niños estas dos cosas se hacen en 3 horas como mucho)

Hicimos el checkout del apartamento a las 11:00, y los niños jugaron en un parque cercano hasta que Miklos (conductor privado con furgoneta) nos recogió a nosotros y a las maletas. Fuimos a la estación y las dejamos en consigna. Esto ya nos plantó sobre las 14:00, y para nosotros eso era estar “en racha!”

Le pedimos a Miklos que nos llevase al Bastión de los Pescadores, por 10 € más. Durante el paseo nos explicó algunas cosas interesantes. Por lo visto lo que ahora son las zonas más turísticas de Buda fueron un infierno durante la segunda guerra mundial.

40.000 Alemanes se acuartelaron en esa montaña llena de túneles (obra de antiguos reyes paranoicos) y aguantaron como pudieron la embestida del Ejército Ruso. El resultado fue que no quedó nada en pie, excepto por la Iglesia de Mateo que se salvó porque era un hospital señalado con la cruz roja. Es triste pensar que hoy no se respetaría eso en ninguna de las guerras activas (basta ver lo que hacen los Israelitas con las escuelas de la ONU).

La zona nos gustó mucho. La iglesia de Mateo era muy bonita, y las vistas desde el Bastión (con el imponente Parlamento al otro lado del río) se llevaron unas cuantas fotos. Para Hugo todo era “Grande hasta el cielo”, incluida la Iglesia, el Bastión y hasta la Montaña.

Comimos un menú de platos “típicos” (Gulash y Carne) y empezamos a caminar hacia el autobús. Después de mucho caminar y un autobús lleno hasta los topes, llegamos al puerto. Más caminata y por fin al barco que se suponía teníamos incluido en el pack que contratamos el primer día (el autobus turístico). Al llegar, una eslava con humos muy subidos (hasta el cielo) y malas pulgas nos dice que para que esté incluido tenemos que llevar un librito que nos dieron lleno de descuentos. Yo recuerdo que sólo nos dieron 2 (no 4, uno para cada adulto)…y que Amalia se comió las páginas de uno y destrozó el resto…así que intentamos explicar que sólo nos dieron 2 pero que pagamos 4. La respuesta fue un poco borde (Tenéis que pagar!, pero a lo eslavo). Y ahí el carácter sobrio y seco de los eslavos topó con el “cabreo de toda la vida” de mi mujer latina (Sandra)…y bueno…digamos que el Danubio no está en la lista de ríos que hemos navegado

Nos fuimos directos a la estación de tren. Compramos un montón de comida (no había vagón restaturant a bordo) y nos metimos en nuestras cabinas. Los niños estaban hiperexcitados con la idea de dormir en el tren, como se puede apreciar en esta foto que podría ser un cuadro renacentista de alguna batalla entre cristianos y moros.

Dormimos mal y poco, como casi siempre en un tren nocturno, pero a los niños les gustaba tanto que no se quejaron mucho. Sólo y por el pasillo hasta el lavabo era motivo de excitación y risas.

Y por fin, llegamos a Ljubljana, Eslovenia.

Las fotos de Budapest son de Hugo!

Un comentario sobre “Castillos hasta el cielo y humos aún más altos

  • fani 29 agosto, 2014 at 18:16 Reply

    Me encantan vuestras reglas para viajar con niños. Muy prácticas y realistas.
    El Danubio… pues ellos se lo pierden.
    Las fotos del tren… una locura!!

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