Segundo día de playas

Esta entrada pertenece a la serie Brasil
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El primer día de playas nos gustó mucho y los enanos lo pasaron mucho mejor que en los días de submarinismo.

Gracias a los booguies (es divertido conducirlos por caminos pedregosos y en el barro) teníamos la libertad de elegir cualquier playa de la isla, así que leímos un poco y decidimos ir a ver las que tenían fama de ser las mejores playas de Brasil: Bahia do Porcos y  Bahia do Sancho. La primera está considerada la mejor playa de Brasil por algunas guías especializadas.

Llegamos a Bahía do Sancho a través de unas pasarelas similares a las que hay en Foz de Iguazú (están copiando la idea), para descubrir unas vistas espectaculares de Bahía do Sancho.

La mala noticia fue esta:

Esa era la única forma de acceder a la playa, por lo que tuvimos que conformarnos con verla desde arriba. Bajar con los enanos era misión imposible (bueno, no imposible, pero muy peligrosa). Decidimos probar suerte con Bahía do Porcos.

Las vistas de Bahía de Porcos era igual de impresionantes, con la ventaja de que pudimos ver desde las alturas a un grupo de gente que llegaba caminando a través de un pasaje un poco abrupto, pero transitable.

Decidimos ir a la playa vecina en Booguie (Cacimbra do Padre) y desde ahí pasar a Bahía do Porcos. Cuando llegamos a Cacimbra do Padre eran las 13:30, y encontramos un restaurante, así que decidimos dejar pasar las peores horas de sol comiendo. Hugo decidió pasarlas durmiendo en el Booguie, con Sebas haciendo de guardián durante las hora y media de siesta (que es lo que tardaron en traernos el plato!)

La espera se justificó un poco por lo delicioso que estaba el pescado hecho en una hoja de banano. Nos compramos unos helados de maracuyá y partimos rumbo a Bahía do Porcos.

Pasamos por el estrecho pasadizo pensando que estaba prohibido (leímos más un cartel y oímos un silbato que parecía advertirnos, todo falso), y con la sensación de estar haciendo algo prohibido nos metimos en Bahía do Porco, la que está considerada la mejor playa de Brasil y sin duda la más fotogénica.

Los motivos de tan alta distinción son varios: aguas cristalinas, rocas volcánicas en medio del agua que alojan a cientos de cangrejos, miles de peces de todos los tamaños pasando entre tus pies, arena fina y limpia, paisaje impresionante a tus espaldas con un acantilado y abundante vegetación…y los aviones pasando muy muy cerquita de vez en cuando, para recordarte que estás en una isla.

Todo esto fue muy apreciado por los enanos. Hugo se enamoró de los cangrejos; él y Sebas recorrieron todas las rocas entre carcajadas y sustos (cuando Sebas acercaba a Hugo a un cangrejo, primero venía el susto, después la carcajada)

Estuvimos jugando en el agua durante un buen rato y decidimos volver a Cacimbra do Padre antes de que la marea nos dejase sin camino de vuelta. Ahí acabamos la tarde, con David durmiendo la siesta y Hugo corriendo por la arena y huyendo de sus padres con puñados de la misma arena en la boca.

El día estaba acabando, y decidimos ver el atardecer desde algún punto más elevado. Nuestra “GPS” oficial (Sandra) sugirió un punto en el mapa (Forte do Bodró) y allí fuimos con los booguies.

Para nuestra sorpresa, media isla estaba viendo el atardecer ahí. Por lo visto es el mejor sitio para hacerlo y eso atrae a los turistas hasta tal punto que han puesto un chiringuito de cervezas en medio de la nada (que debe trabajar 1 hora al día).

Llamamos a España con Roaming (3 € el minuto) para desearle feliz cumpleaños al abuelo pibe y volvimos a Casa da Mirtes.

Esa noche nos deleitamos con unas creps de chocolate y coco o de banana con canela, queso y azúcar. Y café, sin duda, de lo mejor de Brasil.

Mañana será nuestro último día en Fernando.

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