agosto
10
Escrito en Islandia por admin el 10-08-2011

Poco hay que explicar de nuestros 3 días en la capital, así que lo concentraremos todo en un post.

Día 1: Blue Lagoon

A pesar de las advertencias de otros viajeros sobre lo tremendamente turístico del sitio, estaba en nuestra lista desde que llegamos, y a todos nos apetecía un día de relax y baños termales.

Blue Lagoon es un complejo termal que aprovecha las aguas con propiedades exfoliantes y la energía geotérmica cercana para ofrecer aguas termales en un campo de lava. Es realmente bonito y está muy bien explotado.

Sí, encontramos cientos de turistas allí, pero su tamaño y la rotación de la gente hace que en ningún momento te sientas agobiado ni falto de tu espacio.

Los enanos se lo pasaron de muerte, estuvimos 2,5 horas en el agua, que para ellos es un montón.

Comimos en el buffet (unos menos que otros, porque había mucho pescado crudo o ahumado) y salimos encantados con la experiencia.

Días 2 y 3: Compras y paseos

Pues exactamente eso. Compramos algunos suvenires, paseamos por el centro, tomamos café y nos relajamos.

Reykjavik es como un pueblo con una gran periferia, no es una ciudad que de para mucho tiempo (a no ser que seas un apasionado de las galerías y los museos).

Pasamos mucho tiempo en la Guesthouse (Capital Inn), que para resumirlo era una mierda. Podríamos contar muchas cosas malas, pero la conclusión es que nos equivocamos al elegirlo (por la fotos en la Web) e intentamos olvidarnos de sus fallos para pasar los últimos días lo más relajados posible.

Keflavik: Despedida

Estamos escribiendo esto a las 00:10 de nuestro último día en Islandia. Las vacaciones se nos han hecho cortísimas y estamos destrozados físicamente, pero estamos felices e impresionados con el país.

Como siempre, tardaremos una semanas (o meses en el caso de Sebas) en asimilar todo lo que hemos visto y asentarlo en nuestra memoria, así que nuestro post final sobre Islandia lo publicaremos desde casita, con nuestros gatos, nuestro sofá y nuestros seres queridos.

NOTA: Sin duda la gran noticia de estas vacaciones es que volvemos a ser tíos. Es genial que te espere esto a la vuelta.

 

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agosto
10
Escrito en Islandia por admin el 10-08-2011

Nuestro hostal en Grundarfjörður estaba bastante bien. Presenciamos un atardecer bastante chulo, y salimos camino a Reykjavik y con unas cuantas paradas planificadas para nuestra última gran excursión.

La primera parada iba a ser la caldera de un volcán, pero desistimos para ahorrar un poco en kilómetros. En el camino sin embargo nos encontramos una cueva a la que se podía bajar en escalera de caracol, pero sólo con guía.

Fue una pena que no estuviese en la guía, porque no había plazas (había que reservar), y nos perdimos bajar con los enanos.

Seguimos nuestro camino hasta otros campos de lava, donde nos esperaban según otros viajeros unos túneles menos concurridos.

Así llegamos a los campos de lava donde, después de muchas vueltas y de perdernos dentro de un camping, encontramos una de las temidas carreteras marcadas con una “F”. 7 Kilómetros sólo aptos para 4×4 que se interponían entre nuestra furgoneta con tracción a 2 ruedas y la cueva prometida.

Por supuesto, íbamos de “sobrados” después de la experiencia en los fiordos del oeste. Nada podía detenernos en nuestra flamante furgoneta y seguimos adelante. En más de una ocasión pensamos que la idea no era buena (en alguna cuesta con mucha gravilla), pero al final llegamos.

La mala noticia era que los peques no podían  bajar, así que el primer turno lo hicimos los chicos (Jordi y Sebas), con las super-mamás esperando en el coche.

Lo más cómico y estresante de la situación es que no teníamos linterna…y nos alumbrábamos con el móvil de Sebas. Tiene una aplicación que mantiene el flash de la cámara encendido todo el tiempo, consumiendo la batería en poco tiempo, así que a medida que bajábamos nos alumbrábamos por turnos e íbamos controlando el porcentaje de la batería que quedaba. Bajamos con un 66%y decidimos volver atrás cuando nos quedásemos a 40% o estuviésemos en oscuridad absoluta.

Avanzamos unos 500 metros entre rocas desiguales y cortantes. Muchas se movían cuando apoyábamos el pie, y para complicarlo todo aún más empezamos a encontrar lapos de hielo entre las rocas. Y nosotros con un móvil como única linterna. Para haberse matado.

La verdad es que teníamos la seguridad de estar haciendo una burrada, pero estar haciéndolo de ese modo precario y en un lugar donde tan poca gente se aventura, nos hacía disfrutarlo como enanos.

Y por fin llegamos a la oscuridad total, y apagamos el teléfono.

Genial.

Sólo había una forma de mejorar la experiencia, así que nos dimos las espaldas y meamos en aquella cueva que quedará en nuestros diarios como el lugar más raro en el que jamás hemos dejado nuestra huella biológica.

Salimos de ahí y tras contarles la experiencia, nuestras mamás (que para algo son mamás), declinaron prudentemente bajar a semejante sitio.

Superamos la carretera F una vez más para salir de allí y nos fuimos a ver la última atracción de día: las cataratas Hraunfossar.

La verdad es que pasamos poco tiempo allí, porque el enano estaba resfriado y no queríamos exponerlo demasiado tiempo al viento.

Y por fin, después de completar la excursión, fuimos a Reykjavik. La carretera nos ofrecía sus últimos paisajes y una última sorpresa: un túnel submarino de 2,5 kilómetros que nos permitió hacer la “inmersión” más original que tenemos registrada (con furgoneta incluida).

El hostal que encontramos en Reykjavik (gracias a Sandra, que ha hecho de guía estupendamente todo el viaje) merece un post aparte. Antes de llegar, eso sí, lavamos nuestra furgoneta antes de devolvérsela a la agencia de alquiler. No era obligatorio, pero viendo la foto, se entiende que nos diese vergüenza entregarla como la dejamos.

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agosto
08
Escrito en Islandia por admin el 08-08-2011

Nuestra siguiente meta era Grundarfjördur. En el camino queríamos ir a ver unos acantilados donde se supone habita la población de pájaros más numerosa del Europa. De ahí queríamos ir hacia nuestro siguiente hostal. Para ello hay dos caminos, uno por ferry otro por carretera.

Como somos tan fantásticos, según nuestros cálculos tardaríamos más o menos lo mismo, con la comodidad de parar cuando nos diese la gana y sin prisas para ver las cosas y llegar a tiempo al ferry.

Lo primero que tendríamos que habernos preguntados es que si se tarda lo mismo por carretera que por mar, porqué habrían de poner un barco si no te ahorras camino??? Evidentemente no nos lo preguntamos.

Fuimos a los acantilados, Látrabjarg, después de 80 Km de tierra!! llegamos a destino. Estábamos en la punta más occidental de Europa y los pájaros se escuchaban nada más bajar del coche. Las expectativas estaban altas, muy altas. Como se nos iba a ocurrir pensar que la zona en realidad son Km y Km de acantilados llenos de pájaros. Al que se le ocurra pensar que están todos los pajarracos en una sola roca es que es tonto… somos tontos.

Algunos miembros del grupo nos subimos al coche algo decepcionados y con la sensación de haber perdido 4 horas de valioso tiempo que bien querríamos después.

Sebas, sin embargo, se puso cabezón con que no habíamos hecho cientos de kilómetros para ver a los dichosos frailecillos (puffins) en vano…y que había que conseguir como fuera verlos y fotografiarlos.

Caminó durante unos 5 km de acantilados y se asomó a cuanto peñasco había. Al final, cuando estaba a punto de tirar la toalla (las piernas no respondían), escuchó el llanto de un pichón, que no pudo ver. Fue muy parecido a aquel día en Japón, cazando Geishas, donde el ruido de los zapatos de madera delataron a la Geisha antes de que apareciera.

El pichón delató el nido, y en pocos minutos aparecieron 3 frailecillos a posar a escasos metros de Sebas, que estaba tumbado panza abajo en pleno acantilado (la cámara ya estaba en el aire).

Al menos alguien disfrutó de la visita. Salimos camino a la ciudad donde se coge el ferry enganchando después de el camino de tierra, un trozo de carretera decente.

Llegamos a la taquilla del ferry, hora 14:00, el ferry había salido a las 12:15, el próximo era a las 19:00. Para ir a preguntar Fani y Sandra se tiraron casi de la furgoneta,mientras Sebas daba vueltas y vueltas con la furgoneta para no parar el motor, sino Hugo se despertaría… y no queríamos eso. La escena tenía su gracia, porque Jordi bajó a hacer sus necesidades detrás de la caseta, y tuvo que perseguir la furgoneta que daba vueltas en círculos a 5 km/h por la esplanada.

Estaba claro que no podíamos esperar hasta las 19:00 a coger el ferry, así que comimos y cogimos fuerzas para continuar por carretera. Aquí empezó lo guapo, la peor carretera que habíamos visitado hasta ahora, atravesando los fiordos pero no por la costa sino por la montaña. Pendientes que luego tendríamos que bajar frenando y a 10-20 Km. Los paisajes siempre nos acompañaban sino ya nos hubiésemos tirado por uno de los acantilados.´

El resumen es que después de 500 Km, siempre nos vamos superando, llegamos a destino, los niños nerviosos y llorando después de tanto coche, nosotros sin fuerzas y arrepintiéndonos de no haber cogido el ferry. Eso sí, no nos hemos dejado ni un solo fiordo sin visitar, eso al menos se nos tiene que reconocer.

El día no acaba aquí, hay que hacer la cena y ocuparse del baño y la cena de los niños. Desde este hostal, la habitación tenía baño incluido y eso a estas alturas era de agradecer, las vistas eran magníficas y nos quedamos a ver la puesta de sol  de madrugada.

La etapa de mañana tenía dos caminos a resumir: el corto y el largo. ¿adivináis cuál escogimos?

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agosto
07
Escrito en Islandia por admin el 07-08-2011

Nuestro siguiente destino Bildudalur, en la otra parte de los fiordos. La meta era salir de Broddanes, llegar a la capital de los fiordos con solo 2 mil y algo habitantes, comprar allí comida para el resto de la etapa de los fiordos y llegar a Bildudalur lo más despejados posible. Estamos locos.

Después de otro nuevo madrugón salimos rumbo a Isafjördur. Diremos que los paisajes de los fiordos del oeste son de los más espectaculares de Islandia, pero las carreteras de esta parte del país, son sencillamente una mierda. Hasta la capital íbamos haciendo, a veces tramos asfaltados y otras veces no.

Llegamos a la capital, comimos en el puerto en una taberna de lo más pintoresca en la que servían platos de pescado buenísimos. Un fallo universal en todo el país, la cerveza la sirven tibia. Hicimos unas fotillos por los alrededores, paramos en el supermercado a surtirnos de comida y empezamos de nuevo la odisea hacia Bildudalur.

No sabríamos como describiros la experiencia de las carreteras que transitamos, pero en algunos sitios no podíamos ir a más de 20 o 30 Km por hora. Es en esos momentos en los que te preguntas qué carajo hago yo aquí, y es en ese mismo momento en el que te das cuenta de que has planeado tu viaje por los fiordos del oeste como el culo.

Las distancias en el mapa son muy cortas, pero las carreteras son sinuosas y cansinas. Los paisajes son preciosos y por suerte a 20 Km se pueden hacer muchas fotos porque no hace falta parar mucho el coche…

Cuando el ánimo del grupo estaba ya por los suelos encontramos la cascada Dynjandi o Fjallfoss. Paramos desesperados para caminar entre cascadas, prados verdes y reposar un poco de tanto camino.

No pudimos retozar todo lo que quisimos allí porque sino llegaríamos demasiado tarde, así que emprendimos el camino.

Casi lloramos al ver nuestro hostal, después de 400 Km, que parecen pocos, pero por estos caminos parece una procesión interminable. Han sido casi 8 horas de carreteras sacadas de los mejores anuncios de neumáticos.

Otro día más reventados y hasta cansados de tanta belleza (llega un momento en que decirle al grupo "mirad que paisaje tan impresionante" era para que te dieran una torta)

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agosto
06
Escrito en Islandia por admin el 06-08-2011

El último día en Akureyri fue de lo más relajado, no teníamos muchas ganas de movernos después de la paliza del día anterior. Salimos a pasear por la ciudad, que sin ser fea es bastante sosa, si no fuese por las vistas del puerto. Comimos sushi mientras Fani y Sandra pasaban hambre, para después rematarlo con unos cafés y unas pastas. La tarde transcurrió haciendo tareas domésticas y descansando para el día siguiente.

Y llegó el madrugón porque nos esperaba una etapa bastante larga. Salimos temprano (nos levantamos a las 7, que es mucho madrugar para los enanos y para nosotros que se supone estamos de vacaciones), y pusimos rumbo a los fiordos del oeste.

En esa parte del país las carreteras son más precarias, viven mucho menos habitantes y se encuentra la parte más inhóspita del país, a la que no iremos pero nos hubiese gustado.

La carretera fue bastante bien la mayoría del camino con algunos tramos no asfaltados pero de pistas fáciles. Pudimos parar incluso para estirar las piernas y ver un grupo de focas a pie de carretera.

Poco a poco la carretera se fue haciendo un poco más complicada, pero por suerte fue poco camino hasta llegar al hostal. Tal y como esperábamos estaba en medio de ninguna parte pero con unas vistas increíbles a una bahía. La luz del día dura mucho más en esta parte, especialmente porque no estaba lloviendo.

Esto era Broddanes, que no es un pueblo sino un par de casas incluido el hostal. Aunque nos hicimos 300 y algo Km, llegamos justo a tiempo para preparar la comida y hacer una pequeña excursión por la tarde.

Salimos hacia Holmavik, a 35 Km del hostal para ir a ver un museo un poco especial, era un museo de Magia y brujería. Al parecer en esta zona de Islandia eran muy comunes las acusaciones por brujería allá por el siglo XVII (en el mapa). Y no es de extrañar, con 6 meses sin la luz del sol, el clima tan frío y con poblaciones de una sola casa completamente aislados te tiene que dar por jugar con piedrecitas y huesos de animales…

La pieza clave son los necropantalones (reproducción), usados en un conjuro para ganar dinero y poder. Las instrucciones dicen así, es casi como una receta de cocina, con elementos que están fácilmente a mano:  primero hay que hacer un pacto con un amigo en vida para desenterrar su cuerpo después de su muerte por causas naturales.

  • Después de haber sido desenterrado, se despelleja la piel del cadáver en una sola pieza, sin rasguños ni roturas,  de la cintura para abajo. En ese momento se debe poner los pantalones  recién extraídos, ieckss, que se adhieren a la propia piel del nuevo portador.
  • Seguidamente es necesario robar una moneda a una viuda pobre en unas fechas señaladas (imaginamos que en esas fechas las viudas andaban paranoicas) y colocarla en el bolsillito que formará el escroto  junto con el signo mágico nábrókarstafur, escrito en un pedazo de pergamino.
  • Antes habrá que retirar la moneda de su dueño anterior y guardarla, sustituyéndola por la propia para que el escroto-bolsillo nunca quede vacío. Para asegurarse la riqueza, el dueño momentáneo no se puede deshacer de los necropants hasta convencer a alguien para pasarle la prenda y trasladarle el conjuro.
  • El cambio de pantalones también debe hacerse de una forma particular: el “dueño” debe mantener su pierna izquierda en los necropants mientras que el heredero entra con la pata derecha en la pernera libre, momento en que entonces la transferencia queda validada.
  • Si no se realiza el ritual así, y uno mete o saca la pierna antes de tiempo, se cae en la maniobra o rompe la prenda, en vez de riquezas lo que llegará será un terrible mal; dicen que una desgracia incluso peor que la sensación de meter la pierna desnuda en un trozo de humano recién desollado…

Ah sí, la "recompensa" por todo esto es tener un necro-escroto que nunca está vacío de monedas (puedes sacar y sacar).

En el museo había muchos más conjuros e historias raras, bueno y curioso para pasar una buena tarde. Otro que nos llamó la atención son estos bichos que se crean a partir de la costilla de un muerto desenterrado en una noche determinada. La costilla se amamanta con un pezón que hay que pegarse en la pierna de una mujer. Todo para que el bicho salga a robar por nosotros leche a las ovejas del vecino.

Una de las escenas más curiosas con el enano fue su reacción ante la reproducción de un esqueleto. Normalmente, ante cualquier objeto complejo el enano se estira y pelea para tocarlo, chuparlo y golpearlo (reconocimiento completo). En este caso, su primera reacción fue la contraria…no le apetecía mucho ir a verlo. Al cabo de unos minutos en brazos de su padre (base segura) decidió que podía acercarse a distancia prudencial…pero sin tocarlo. Nos sorprendió que reaccionase así ante algo que no había visto nunca (además, la foto nos quedó de lo más paranormal)

A la salida del museo había columpios, zancos y otros juguetes para los niños y los jóvenes, donde se demostró que no somos ni lo primero ni lo segundo.

Con estos aprendizajes nos fuimos de vuelta al hostal a preparar la pócima de la noche.

Desgraciadamente al día siguiente también toca madrugar.

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agosto
04
Escrito en Islandia por admin el 04-08-2011

Sandra (nuestro oráculo-guía oficial) nos había advertido en repetidas ocasiones, Lonely Planet en mano, aquello de “el jueves os vais a cagar” (sí, así de heterodoxo es nuestro oráculo).

Lo que Sandra había planeado para ese día era nada más y nada menos que visitar todos los puntos de interés en un mismo día, empezando por el más lejano (a unos 110 Km de Akureyri) y volviendo hacia atrás de uno en uno.

Las paradas planificadas eran:

  1. Stóra-viti: Es la caldera de un volcán semi-activo donde se ha formado un bonito lago de aguas termales.
  2. Leirhnjúkur: Los campos de lava más bonitos y extremos de Islandia
  3. Hverir: Una zona geotérmicamente activa con chimeneas, lagos de lodo hirviendo y paleta de colores variada.
  4. Dimmuborgir: Parque natural donde hay diferentes rutas para el senderismo entre formas rocosas muy curiosas (más lava)
  5. Hverfell: Otra caldera de volcán
  6. Sqútustadagigar y el lago Mivatn: Pseudo-cráteres entre lagos
  7. Godafoss: Finalmente, y como guinda del pastel, las cascadas Godafoss.

Todo esto ya es bastante ambicioso en pareja. Con los enanos, es un concurso televisivo.

Salimos temprano (con los enanos eso es a las 10:00) y condujimos sin paradas hasta la primera parada. En el camino de ida vimos muchas cosas que nos pedían a gritos una parada, pero la consigna era “a piñón hasta el final”.

La caldera del volcán era bonita, sobretodo porque podías abarcarla con la vista y porque subir ahí te permitía contemplar el valle. La verdad es que si no llegas a saber que es un volcán, lo verías simplemente como un lago en la montaña. La gracia no está en lo que ves, sino en lo que sabes (que el agua está caliente porque debajo, a muchos metros, la lava sigue estando activa).

Fue un buen comienzo.

De ahí fuimos a un segundo aparcamiento, donde había un puesto de perritos calientes, que nos prometimos para el final de la visita, que iba a ser larga.

Lo que nos esperaba en esta parada era nada menos que uno de los paisajes más espectaculares que hemos visto en Islandia, y el segundo paisaje volcánico más espectacular que hemos visto después del volcán de Antigua en Guatemala.

A la entrada pudimos ver unas formaciones bastante singulares, como los cojines de sofá a cuadritos pero sobre la tierra.

Lo segundo fue un pedazo de tierra con multitud de colores, fruto de los gases y chorros de agua que salían a la superficie y arrastraban azufre y otros sulfatos. Muy parecido a la “Paleta del Pintor” de Nueva Zelanda.

Seguimos adelante hasta que el paisaje se hizo completamente negro y volcánico. Desgraciadamente Sandra y Fani renunciaron a ir demasiado lejos porque llevaban a los enanos colgados, y eso cansa. Sebas y Jordi exploraron bastante más allá y disfrutaron de unas vistas extraordinarias.

La sensación de caminar entre un pedazo del mundo que acaba de crearse es muy especial. Sebas marcó esta experiencia como una de las mejores de todo el viaje.

Las fotos como de costumbre no transmiten todo lo que se vive: faltan los olores a azufre, el calor que emana de las piedras, el movimiento de los vapores, el crepitar de las piedras que se pisan, el aire frío que te da en la cara y la visión en 360 grados de todo el valle que te rodea y que está igualmente cubierto de capas de lava de diferentes edades y colores.

Abandonamos el lugar, no sin antes comernos un fantabuloso menú hot-dog por 800 ISK: Hot Dog, refresco y chocolatina. Sano, sano.

La siguiente parada fue menos espectacular (teníamos todavía que asimilar lo que habíamos visto en los campos de lava), pero no menos memorable. Aunque las calderas de barro hirviendo y los colores del azufre sobre el suelo ya los habíamos visto, encontramos un fenómeno geológico que no habíamos presenciado antes: las ruidosas chimeneas de vapor.

Sonaban como cuando dejas la cafetera hervir durante demasiado tiempo…en una cafetera de varias toneladas claro. La columna de vapor apestaba a azufre (huevos podridos) y era tan densa que no se podía ver nada a través de ella.

A estas alturas el cansancio ya hacía estragos en el equipo, y lo mejor de todo es que Sandra seguía siendo la única que sabía lo que aún nos esperaba. Tomamos un poco de aire, cambiamos algunos culetes y seguimos adelante.

Buscando la entrada para la siguiente caldera de volcán, llegamos al parque natural (nos saltamos una parada). Decidimos seguir adelante. Teníamos 2 opciones de senderismo, una de 10 minutos y otra de 25 (con los peques en brazos no podíamos ir mucho más lejos).

Elegimos la de los 25 minutos, y la verdad es que valió la pena. Creo que a estas alturas ya estábamos un poco saturados de tanto paisaje volcánico y no pudimos apreciar toda la belleza del lugar, pero tampoco nos dejó indiferentes. En especial algunas formaciones en las que pudimos hacernos fotos con los enanos.

Nos tomamos unos cafés y unos pasteles para recobrar fuerzas y seguimos a la carga, porque “Aún hay más!”

Nos quedaba ver una serie de cráteres rodeados de lagos, un paisaje bastante singular por el que tuvimos que pasear haciendo turnos de 2 en 2, porque nuestros enanos estaban ya demasiado cansados y Hugo dormía.

Y cuando volvimos nos dolían los pies, la espalda y hasta el alma…los peques se habían portado como auténticos campeones del aguante, pero todavía quedaba la traca final.

Estiramos todo lo que pudimos nuestras fuerzas y el aguante de los peques (tampoco os penséis que los maltratamos, viven como reyes) y enfilamos hacia las cascadas de Godafoss (las cuartas en este viaje).

La verdad es que cada una de las 4 cascadas que hemos visto tiene algún hecho diferencial que hace que no te satures de tanta catarata. Gulfoss fue la primera y simplemente por eso fue impactante. Skogarfoss gozaba de una ubicación privilegiada a la que pudimos acceder a pie desde el hostal. Dettifoss era monstruosa, monumental, y pudimos acercarnos a una distancia de miedo…

Y Godafoss…bueno, Godafoss es preciosa. No en plan “majestuoso” ni “brutal”, sino preciosa como una pieza de cristal de bohemia. No es tan alta como las demás, por lo que el rebote del agua no es tan fuerte y se puede apreciar sin problemas el romper del agua.

Las rocas que quedan de pie antes de la caída del agua están recubiertas de un musgo muy verde y todo el conjunto tiene un aspecto de cuento.

Hablamos con una española que viajaba con sus gemelas (de unos 14 años) y nos contó que se había bañado en el lago del volcán (el primero que vimos). Con un par! Nos dio ánimos para seguir viajando con niños (ella las sacó desde los 2 años, pero claro, son gemelas!)

Por fin volvimos a casa, con la satisfacción de haber cumplido los planes y la tranquilidad que nos da tener todo el día de mañana para descansar, conocer el pueblo y dar un poco de tregua a los enanos de tanto coche.

Las siguientes etapas serán más duras, con sólo 1 noche en cada parada. Son los últimos petardos antes de volver a Reykjavik y decir adiós a este país que de momento está cumpliendo con creces nuestras expectativas.

NOTA: Queremos agradecer a nuestros enanos su aguante y paciencia. Gracias a que ellos se adaptan a todo y la lían solo cuando tienen motivos de peso, nosotros podemos permitirnos estos caprichos. Por si algún día lo leen.

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