Sandra gone wild

Esta entrada pertenece a la serie Taliandia - Segunda Visita
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Aterrizamos en nuestro hotel que la verdad es perfecto con una cama gigantesca y muy cómoda.

Dormimos una siesta porque estábamos hechos caldo después de coger 3 aviones distintos para llegar al norte de Tailandia.

Nos levantamos y ya había oscurecido, así que salimos a patear la ciudad. Enseguida Tailandia nos recibió como la primera vez, con sonrisas, amabilidad, chiringuitos callejeros y comida por doquier. Tampoco el calor había dejado de darnos la bienvenida, pero como había anochecido el sol no  nos calentaba la cocotera.

Como era sábado nos fuimos a dar una vuelta por el “Saturday market” o mercado de los sábados. En este mercado se puede encontrar de todo, cosas de muy buen gusto y otras cosas no tanto. En todos lados hay comida, zumos, telas y muucha gente. Sandra se emocionó recordando otros momentos y compró algunas cosillas muy bien de precio. Sebas tuvo que pararle los pies un poquito porque se hubiese llevado todo el mercado con la excusa: “esto es para la martinilla”. Es decir, para nuestra sobrina Daniela que esperamos algún día pueda leer nuestro blog.

Pudimos llegar a ver un templo plateado con la entrada prohibida a las mujeres, aunque no entró ninguno de los dos. Lo bueno fue el cartel en el que los monjes justificaban la medida tan “políticamente incorrecta” a los turistas. Por lo visto las mujeres “deterioran” las reliquias con su presencia…y los hombres no. Una explicación excelente!

Al día siguiente estuvimos ocupados planificando nuestros días en el norte. Contratamos una salida al parque natural de elefantes para el que dedicamos el siguiente post.

Por otra parte, y después de casi descartar cualquier trekking (paseo) por las tribus de las montañas debido a lo “paquetizado” y “enlatado” de la experiencia (literalmente cientos de agencias que juntan esa experiencia con rafting, quads o paseos en elefante) encontramos una agencia muy diferente. Se trata de la agencia que organiza los viajes para los que ruedan documentales, universidades de antropología, etc. Además, es un paseo privado, sólo para nosotros dos. Realmente un hallazgo.

Hemos contratado 3 días de trekking por la jungla, con visita cultural a las diferentes etnias que encontremos y alojándonos en sus casas. Puede estar emocionante, ya veremos. En cualquier caso, nos guste o no, es lo que veníamos a ver al norte de Tailandia y lo que muy pocos pueden ver en esas condiciones.

Por la noche nos fuimos al “Sunday market” (mercado de los domingos) que es calcado al de los sábados, pero no llegamos a comprar nada.

Una conclusión clara después de observar la ciudad es que hay 3 clases de turistas: los “honeymooners” (recién casados), los backpackers (mochileros) y los viejos verdes que van a Tailandia a agenciarse una thai jovencita. De estos últimos hemos visto a centenas en los pubs nocturnos.

Por último, hemos probado los masajes tailandeses baratos (120 Baths 1 hora, 1,5 €). La experiencia no ha sido buena, así que probaremos con los caros.

Tailandia no decepciona de momento.

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