Hemos contratado los servicios de un conductor con jeep para hacer una mini incursión y conocer el desierto de Wadi Rum.
Salimos puntuales y después de arreglar un pequeño problemilla con el jeep enfilamos hacia el desierto. Paramos un par de ocasiones para contemplar unas espectaculares vistas de Petra desde las alturas.![]()
Nuestro conductor, llamado Youseff resultó ser una caña. Compró pan beduino recién hecho, una maravilla. Nos contaba cosas interesantes sobre Jordania, la vida de los beduinos y nos enseñaba algunas frases sencillas en árabe.
Lo siguiente fue dejar que Sebas llevase el 4×4 un rato, por la zona “fácil” del desierto. No se le dio nada mal, según el guía fue el primer turista que superó un tramo difícil. Nos preguntó si habíamos conducido antes en el desierto.
Una de las paradas fue en un auténtico poblado beduino. Entramos en su tienda que está separada en una zona exclusiva para hombres, otra para mujeres, otra para cocinar y una para invitados. Nos dieron de beber te beduino, dulce y reconfortante. Sandra está resfriada y le sentaron de maravilla bien calentitos. Cada vez que se vaciaba el vaso lo volvían a llenar.
A Sandra la llevaron a la zona de mujeres mientras Sebas se quedaba hablando del sistema judicial beduino con Youseff y el jefe de la familia beduina.
Al cabo de un rato Sandra volvió a la tienda principal vestida como una mujer beduina. La verdad es que la ropa era muy cómoda. ![]()
El jefe nos tocó un instrumento parecido a un violín rudimentario, del que no sabemos el nombre, pero que parecía fácil tocar. Cuando nos tocó el turno a nosotros un poco más y logramos que llueva en el desierto que hace un año no ve una gota de agua.
Agradecidos y con un aportación voluntaria de 4 JD nos fuimos contentos como unas pascuas.
El desierto está atravesado por la mitad por la carretera principal que une Aqaba con Ammán. Pasando de una mitad a la otra paramos para tomar un café turco en un chiringuito y Youseff nos acabó contando la historia de su familia y de sus 6 hijos fallecidos (se había casado con su prima) pero con un tono de esperanza y sin el menor ánimo de deprimirnos.
Al acabar deshinchamos un poco las ruedas para adentrarnos en otra parte de Wadi Rum, sus dunas. La verdad que fue divertido, botando con la música jordana a toda pastilla, Youseff agitando las manos y el enorme desierto ante nosotros que iba descubriendo sus muchos colores. Desde el marrón, al amarillo, al blanco y al rojo. Espectacular.
Llegó la hora de comer, y mientras paseamos nos preparó un pollo al estilo beduino (a la parrilla sólo con sal y limón ) que estaba de muerte. Lo acompañamos con tomate, pepinos, pimientos, hummus, yogurt y por supuesto pan. Nos dimos un banquete sublime con té de colofón.
Ya con el estómago lleno nos dirigimos a la caza del atardecer. Visitamos el “puente pequeño” y el “champiñón” y pudimos ver el atardecer desde un sitio privilegiado con Youseff y el pañuelo jordano coronando la cabeza de Sebas.
Hemos vuelto al hostal después de un día lleno de experiencias. Estamos contentos y sentimos que le vamos a dedicar un tiempo pequeño e injusto a un país como este y a su gente.
Nos levantamos un poco más tarde para enfrentarnos otra vez a Petra. El día anterior habíamos caminado 10 horas y como era de esperar nos dolía todo el cuerpo. Bajamos el camino que nos llevaba de nuevo a la entrada. Para el día de hoy teníamos una ruta alternativa, un poco más cañera, la ruta peligrosa que recomiendan no hacer sin guía. A nosotros nos guiaba el instinto y las pisadas de gente que ya había pasado por ahí.
Así que antes de entrar en el cañón que lleva a El Tesoro, cogimos un desvío por la presa. Un guarda nos dijo que no estaba permitido ir por ahí y nosotros le dijimos que alguien nos había dicho que sí, nos dejaron pasar. El camino no era precisamente interesante, además de caminar sobre pedruscos y con altas posibilidades de esguinzarse un pie.
El camino llamado Túnel de al-Muthlim fue estrechándose poco a poco, y al cabo de media hora o tres cuartos empezó lo divertido. Teníamos que enfilarnos a rocas, descender barranquitos y otras estrategias en gusano mode (una técnica que Sandra ha perfeccionado hasta culminar en elegancia), es decir arrastrarse para descender y/o ascender.
Llegamos a un pequeño cañón estrecho por el que teníamos que avanzar de uno en uno. Finalmente salimos al otro lado del cañón a una gran explanada donde se podían apreciar un montón de tumbas y cuevas lejos del alcance de otros turistas.
Nos comimos unas naranjas aprovechando las vista y que estábamos solos. Allá arriba en la montaña nos sentaron de maravilla.
Reemprendimos el camino y de pura chamba encontramos la tumba perdida, la de Sextius Florentinus como escondida en una ladera de la montaña. Continuamos un pequeño valle y llegamos a la otras tumbas que enumeramos en el post anterior.
Estábamos cansados pero nos habíamos prometido subir a el “lugar alto para el sacrificio”, y efectivamente era un sitio bastante bastante alto. La subida fue muy deprimente porque se nos salía el higadillo por la boca. Veíamos pasar tíos cachotas en tejanos tan tranquilos, uno , dos, uno , dos en plan marine. Nuestro ritmo era bastante caribeño. Finalmente y no sin haber estado al borde del infarto en varias ocasiones, llegamos al el “lugar alto para el sacrifico”, allí también había dos obeliscos y un poquito más arriba,porque siempre hay un puto punto más alto estaba el monumento al León.
¿Qué mente perversa quiere hacer un monumento tan arriba?.
Lo gracioso es que durante todo el camino hay mini-puestecitos con collares y otras cosas hechas por mujeres beduinas, y en la punta más alta de la montaña también había un tipo vendiendo sus cosas. Pa flipar, creemos que deben subir en burro.
Hecha la cima, ejercitamos rodillas en el camino de bajada. Nos vamos y poco a poco nos vamos despidiendo de Petra, volvemos a pasar por delante de El Tesoro. Dedicamos los últimos minutos a ver esa maravilla con la certeza de que pasará mucho tiempo antes de volverla a ver.
Os acordáis de Indiana Jones en la Última Cruzada? Cuando al final encuentra el lugar secreto donde se esconde el grial y es un templo impresionante construido en la misma roca de una montaña en medio del desierto?
Bueno, pues eso está en Petra, Jordania. Para ahorraros el ejercicio de memoria, e ir al grano, esto es lo que todos conocemos de Petra:
Ya está. Esto es lo que ves, más o menos, si vienes en un paquete turístico de “Petra en 1 día” desde Egipto (o Jordania en 3 días / 4 noches).
Nosotros compramos una entrada para dos días. Esta es la crónica de lo que vimos el primer día, en el que caminamos 10 horas seguidas (15 minutos para comer).
En cuanto a la historia del pueblo Nabateo (los constructores y moradores originales), dejaremos que Wikipedia haga su trabajo. Nosotros describiremos nuestra visita.
Después de pagar 52 JD (51 €) por las 2 entradas para 2 días, toca caminar unos 2 Km hasta As-Siq. Se pueden hacer a caballo para aquellos que no quieran hacerlos a patita. As-Siq es un cañón que se extiende 1,2 Km hasta Al-Khazneh (El Tesoro), que es lo que habéis visto en la primera foto. El cañón en sí es increíble, lleno de formas imposibles y múltiples colores. Es decir, antes de llegar al primer monumento, el emplazamiento ya te fascina.
Como veis en la última foto, As-Siq acaba justo ahí, en frente de El Tesoro. La llegada es espectacular, porque no te lo esperas. Empiezas a verlo desde lejos y cuando lo ves por completo te quedas sin palabras. Internet está llena de fotos “neutrales”, así que ponemos nuestras fotos de guiri
Llegamos bastante temprano por la mañana, por lo que pudimos verlo sin demasiada gente (aunque costó lo suyo tener una foto “limpia”).
De ahí pasas por la calle de las fachadas hacia el teatro. La calle de las fachadas está llena de tumbas y viviendas. Es una ciudad en toda regla (el teatro se reformó para pasar de un aforo de 3.000 a 7.000, lo que te da una idea del tamaño de la ciudad hace 2.000 años).
Por si no os habéis dado cuenta, esta ciudad se caracteriza, entre otras cosas, por mezclar estilos arquitectónicos (árabe, romano, bizantino). El teatro es completamente romano, mientras algunas cornisas recuerdan a decoraciones bizantinas.
Pasando el teatro nos encontramos con otras tumbas representativas (la primera foto es la Tumba de La Urna). Buscando la de Sextius Florentinus nos enfilamos a una montaña que no era.
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Al final de las tumbas, como hemos dicho, nos enfilamos montaña arriba (unos 500 escalones mínimo) y allí tuvimos otro episodio “Oh-dios-mío-qué-pequeño-es-el-mundo”. Nos encontramos con una chica que bajaba la montaña…y la cadena fue esta:
Seguimos montaña arriba hasta la extenuación. Sandra se queda a 20 metros de la cima, y Sebas sube a coronarla y a aliviar la vejiga en las alturas. Un beduino con una flauta pone la nota mística a las vistas en 360º de todo el valle.
Bajamos los 500 escalones y nos enfilamos hacia el templo. En realidad sólo paseamos por el pasillo de las columnas, no por el templo. Vamos directamente al restaurante a comer por 10 € cada uno (caro), pero no nos vemos con ganas de comernos el “Lunch Box” que nos ha preparado el hostal (1 pepino, 1 tomate, 1 huevo duro, 1 pan, 1 chocolatina, 1 manzana, 1 naranja, 1 quesito).
Decidimos contratar un burro para subir los 800 escalones (por llamarlos escalones) que nos llevan hasta El Monasterio (Ad-Deir), otro de los puntos clave del lugar.
El paseo en burro nos ahorra una muerte lenta y segura, pero nos sentimos mal al ver que tratan a golpes a los pobres burros, y decidimos rescindir nuestro contrato en la cima y bajar a patita (con el cabreo que eso le supuso a los chavales que los llevaban).
El Monasterio es tan impresionante como El Tesoro en cuanto a dimensiones y diseño, pero carece de su delicadeza. Se ve más monolítico, menos ligero (las columnas están talladas en la roca, pero no se ha vaciado el hall de entrada).
Bajamos los 800 escalones y seguimos nuestra caminata hacia el templo. Ahora sí entramos a verlo y la verdad es que se conserva muy bien. Tuvo que ser impresionante en su época.
Volvemos a pasar delante de El Tesoro y hacemos todo el camino hasta la puerta. Salimos a las 17:30. 10 horas de caminata y no nos ha sobrado ni un solo minuto. Siempre hemos tenido algo que valía la pena ver delante nuestro.
En 1 solo día hemos sacado 390 fotos. Que eso baste como medida.
Mañana volvemos, porque nos quedan algunas cosas que ver. Está claro que Indiana Jones hizo el pack del turista rápido.
Ayer por la noche nos despedimos de Fani y Jordi. Fuimos a cenar a uno de los restaurantes de la playa y nos pedimos unas bandejitas de pescado, gambas y calamares. Como siempre acabamos hasta los ojos, porque los egipcios ponen entrantes contundentes a base de hummus y otras salsas con pan de pita.
Después de la cena nos fumamos unas sheeshas (pipas de agua) la nuestra de sabor cereza y la de Fani y Jordi sabor fresa. Son viciosillas porque el humo de sabor te impregna la boca y el que se exhala por nariz y boca tiene olor a fruta, como si fuese incienso.
Terminada la velada nos fuimos a despedir al Hotel y esperar su autobús rumbo El Cairo que salía a las 23:30. Llegaron puntuales y les vimos irse rodeado de otros turistas en un minibus.
Al día siguiente nosotros partíamos para Petra (Jordania). Nos levantamos tranquilos y desayunamos bien en el hotel. El taxi a Nuweiba donde cogeríamos el ferry hasta Aqaba (Jordania) llegó puntual a las 9:30. En principio se supone que íbamos a salir a las 5 de la mañana pero cambiaron el horario del ferry afortunadamente.
Llegamos a Nuweiba a las 10:30 con mucho tiempo de antelación a la salida del ferry supuestamente a las 13:00 horas. ¿Por qué venimos con tanta anticipación? El proceso de entrada al barco se supone lento.
Pasamos el control de maletas, que más vale no mencionar, uno de los sitios más cutres que hemos visto nunca. Luego el chiringuito de control de pasaporte. Aquí nos informan que el ferry saldrá a las 14:00 horas. Pasamos a la sala de espera donde todo eran egipcios, un grupito de yanquis y nosotros. Esto está muy tranquilo.
Los bancos de la sala son megaincómodos, los tablones de madera estrecha se pegan al culo haciendo imposible tumbarse y/o relajarse sentado. Compramos patatas, bebida, chuches para matar el tiempo.
Noticias frescas: el barco sale a las 15:00.
Leemos, escuchamos las ipods, nos cagamos en todo, nos aburrimos. Empiezan a llegar hordas de guiris, bien, ellos sí sabían que no se tenía que venir tan temprano. Malditos.
El proceso de introducir las maletas en un carromato que las llevaría posteriormente al ferry empieza a las 15:00, es evidente que no vamos a embarcar a esa hora.
No hay carteles y nadie explica nada, pero en eso que viene un chaval y nos dice a todos los guiris que estábamos juntos dando vueltas como zombis que hagamos una fila. Encabezamos la fila que resulta ser la fila para entrar en un autobús que es el que nos lleva la ferry. 16:00.
Una vez dentro del ferry a todos los guiris nos ponen juntos separados de los egipcios. Todo el mundo tiene que pasar por una ventanilla donde das el pasaporte a cambio de un papelito a chequear en destino otra vez por nuestro querido pasaporte. ¿Por qué?. ummmm.
Hasta que todo el barco no ha hecho ese procedimiento no salimos. Hora de salida:17:00.
Menuda organización de mierda. Nos pedimos dos hamburguesas de pollo resecas pero ojo que viene con patatitas fritas de bolsa y una mini coke.
Son las 18:00 y aún estamos en el barco, pero este ferry no era el rápido que hace el recorrido en una hora? Sebas ha empezado a leer un libro hoy y ya va por la página 213.
Por fin llegamos a Aqaba. Son las 19:15 y nos “escupen” en el puerto. Delante tenemos 2 autobuses, uno de lujo y otro normalillo. Nadie te dice nada, es en plan “Red Pill, Blue Pill”. Un autobús te lleva a una realidad donde consigues tu objetivo, el otro a un agujero cósmico de donde nunca saldrás.
Nos montamos en el normalillo, y acertamos. Nos traslada a 150 metros de ahí, donde nadie nos da instrucciones de nada, y seguimos a “la masa”.
La “masa” (que ahora encabezamos nosotros!) nos lleva a un edificio donde podemos cambiar moneda y recuperar nuestros pasaportes. El edificio está limpio, ordenado y con gente muy amable. La primera impresión ya es muuuuy diferente al lado egipcio.
A las 20:00 tenemos nuestros pasaportes. ¿Y las maletas? Bueno, ¿Os acordáis del momento en el que seguimos a la masa en busca del pasaporte? Pues en la misma puerta del edificio, nada más bajar del autobús, alguien dejó nuestras mochilas en el suelo (suponemos que con el resto). Cuando fuimos a verlo sólo quedaban las nuestras, en medio de la calle y rodeadas de gente. Desde luego, es un punto a favor de la seguridad y honestidad jordanas.
Salimos por fin a buscar taxista. Nos encontramos con uno en una posición “privilegiada” (antes de la salida) y suponemos que ha pagado algo a los guardas. Pasamos de él, aunque nos ofrece el viaje por 30 dinares (el precio real que hemos leído en Internet).
Al salir la horda de taxistas nos asaltan, pero empiezan a “recular” cuando alguien dice que “le pertenecemos” al taxista inicial. Al final nos vamos con nuestro amo, porque nadie nos da mejor precio.
El taxista en cuestión acaba siendo una pasada. Nos pregunta nuestros nombres y a partir de ahí nos llama por nuestro nombre todo el viaje. Nos para en una gasolinera para comprarnos zumos de naranja. Nos para para invitarnos a un té que rechazamos amablemente. Y por último, y ya para flipar, se para a 2 km de Petra, en medio del desierto, simplemente para que salgamos a observar las estrellas.
Mientras tanto, nosotros íbamos observando lo limpias que están las calles aquí, lo ordenado que es todo y lo increíble que resulta un país musulmán en el que se respetan los semáforos (es el primero que vemos, no es que el Corán diga nada de los semáforos, pero empíricamente era así)
Llegamos al hostal, donde nos reciben con todas las facilidades. Nos hacen un plan para nuestros 4 días aquí que lo incluye todo y a precios razonables. Nos dan consejos y nos preparan la fiambrera para el día de mañana (excursión a Petra). Genial
Ha sido como pasar de un mundo a otro, del caos al orden en 12 horas. Al final, y después de leer el mail de Fani esta mañana, ella y Jordi llegaron ANTES a sus casas en REUS (parando para comer en casa de los padres de Jordi) que nosotros a nuestro hostal.
Mañana, PETRA.
En nuestro último día en Dahab (y el de la despedida de Fani y Jordi) decidimos hacer algo diferente (ya estamos arrugados de inmersiones, y ellos no pueden hacerlas 24 horas antes de tomar un avión). Después de saber que el Monasterio de Santa Caterina (construido donde se supone que Moisés vio el arbusto en llamas parlante) cerraba los domingos, la opción más interesante era el Colored Canyon (Cañón “Coloreado”).
Nos recogieron a las 08:30 en el hotel con un 4×4. El conductor y el guía eran beduinos, pero no nos dijeron ni palabra (ni siquiera el guía). Suponemos que el gobierno obliga a las agencias a contratar a los beduinos y por eso no ponen demasiado esfuerzo como guías. Lo cierto es que eso nos dejó disfrutar más del paseo por nuestra cuenta.![]()
El tour se organizaba en 4 puntos:
1. Colored Canyon: El que se suele visitar estaba cerrado (no hay carreteras, sino dunas por las que el 4×4 sube y baja, y en algún punto el acceso estaba bloqueado), así que fuimos a uno un poco más corto, pero igual de bonito. Caminamos una media hora dentro del cañón y el coche nos esperaba a la salida.![]()
2. Mushroom Rock (La piedra “seta”). Es una piedra muy peculiar, fruto de una erosión continuada sobre diferentes densidades de roca. La verdad es que hay tantas y tantas formaciones rocosas espectaculares que no tiene mucho sentido darle tanto protagonismo a una sola, pero algo hay que poner en los folletos turísticos. Aquí empezamos a encontrar los primero beduinos (mujeres) vendiendo collares y otras baratijas.
3. Oasis: La comida nos la prepararon los beduinos que residen en uno de los oasis del desierto (en la península del Sinaí hay unos cuantos). Pasamos allí un rato, comprando pulseritas y collares a los beduinos y dando vueltas por el oasis. Todo se lo deben al pequeño pozo de agua al que conectan decenas de mangueras que distribuyen el agua para el consumo humano y para el riego. Su dieta es sobretodo vegetal (lo que pueden cultivar) y no vimos rastro de gallinas, cabras u otros animales.
4. The White Canyon (El cañón blanco). Recibe este nombre porque la acción del viento sobre la arena la vuelve blanca en algunas partes del camino. La piedra es de color claro, y las formaciones de roca espectaculares. El paseo empieza con una ascensión hasta la cima del cañón, desde el que puede observar todo el conjunto. Allá arriba puedes estirar los brazos y sentir el viento en la cara, te sientes el rey del mundo.
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Ha sido un broche de oro para los días en Dahab. La península del Sinaí tiene muchos tesoros escondidos (el nivel de turismo es alto, pero no tanto como para estropearlo de momento) y la gente es estupenda (honesta, amable y tranquila). De haberlo sabido habríamos reducido los días en El Cairo para pasar 2 más aquí.
Esta noche nos despedimos de nuestros compañeros de viaje. Les deseamos un regreso tranquilo y que no olviden pronto todo lo que hemos vivido estas 2 semanas.
Nos vemos en los bares!
Hacer un post para toda una semana no es demasiado “justo” con el lugar en el que hemos pasado los últimos 6 días, pero son tantas las cosas que hemos hecho que el tiempo para relatarlas se hace muy corto.
Además, casi todo lo que hemos hecho fue debajo del agua, y las fotos (que normalmente no hacen justicia a lo que vemos), aquí son del todo insuficientes. Nos servirán a nosotros 4 para recordar lo que vimos, pero no para explicárselo a nadie más.
Podríamos resumir toda la semana en que hemos hecho 14 inmersiones en 5 días (3,3,3,3 y 2) y eso os daría una idea del ritmo que hemos llevado. Lo “normal” son 2 inmersiones por día, 3 se considera “ir a piñón” y así hemos estado todos los días excepto hoy.
Para no dejarlo en algo tan escueto, y para los que no han vivido la experiencia submarina, un poco más de detalle:
Día 1: Hacemos las primeras 3 inmersiones. Lo que vemos está bastante bien (corales en buen estado, los peces habituales en climas tropicales, buena visibilidad) pero no disfrutamos al 100%. Nos costó acostumbrarnos al agua (es el segundo mar más salado del mundo, nos ha hecho falta casi el doble de peso que en otros lugares) y al equipo. En la tercera inmersión nos relajamos bastante y nos quedaron claras 2 cosas: el instructor era muy bueno y no nos íbamos a arrepentir de venir al mar rojo.
Día 2: Decidimos ir a uno de los lugares más famosos y emblemáticos del Mar Rojo: The Canyon. Se trata de una “grieta” abierta en el fondo marino por la que nos metimos (pies por delante) uno a uno, hasta sentarnos en el lecho marino y contemplar la luz que se colaba desde la superficie. Al salir vimos como nuestras burbujas (y las de otros submarinistas) se colaban por las pequeñas gritas del fondo, creando el efecto de que la tierra respiraba. Eso fue precioso. La segunda inmersión en The Canyon nos llevó por encima, para ver el coral y los peces habituales. Acabamos con una tercera inmersión en un arrecife de coral (Recks Reef).
Día 3: Segundo lugar de fama mundial, The Blue Hole (un gran agujero de 150 metros de profundidad). Aquí íbamos un poco nerviosos. Si bien nuestro instructor era muy estricto y nuestra inmersión era recreativa (no técnica), no puedes dejar de preocuparte cuando lees que hay más de 100 cadáveres de submarinistas en el fondo de ese hoyo. Antes de llegar, en la carretera, hay decenas de lápidas recordando a los submarinistas fallecidos.
Antes de que las madres nos maten, los que se han matado eran submarinistas que iban por libre, sin seguir normas y que a menudo competían entre ellos (es decir, chalados). La diferencia es que cuando se toman 10 cervezas en Salou no muere nadie, y aquí sí.
La primera inmersión comenzó en “El Bells” (Las campanas”, llamado así por el sonido de las botellas de los submarinistas al chocar entre ellas. Se trata de un túnel vertical por el que descendimos de uno en uno (no caben 2) para salir por un arco hacia el mar a unos 30 metros de profundidad. Muy excitante.
Seguimos la pared de coral hasta llegar al Blue Hole. Lo atravesamos por encima, a unos 10 metros de profundidad. Cuando estás en medio es como estar en la nada, completamente rodeado de azul, sin ningún tipo de referencia visual.
En la segunda inmersión lo rodeamos (recorrimos el borde) y vimos a varias personas practicando apnea (bajar a pulmón). La que vimos habría bajado unos 30 metros, pero el récord está en 122.
La tercera inmersión del día fue nocturna. Era la primera nocturna de Jordi y la segunda para Sandra y Sebas. Fue muy agradable, estuvimos relajados y observamos cómo puede cambiar el comportamiento de los animales por la noche (algunos duermen, pero la mayoría salen a comer o se esconden de los que salen a comer). Lo cierto es que éramos como 30 personas en el mismo sitio, aquello parecía una discoteca (pero no le quitó el encanto en absoluto).
Día 4: Este día fue muy especial. Contratamos 3 inmersiones en Sharm El Sheik, 2 en el Tristhelworn y una en Ras Mohamed (parque nacional). El primero es un barco carguero de la II Guerra Mundial, hundido en 1941 con toda su carga intacta (camiones, motocicletas, fusiles, bombas, botas, vagones de tren).
Las 2 inmersiones en el barco fueron de película. Son las mejores inmersiones en naufragio que hemos hecho (teniendo en cuenta que estuvimos en Coron, paraíso de naufragios, eso es mucho decir). Sólo esas 2 inmersiones hacían que venir a la península de Sinaí valiese la pena.
La tercera inmersión en Yolanda Reef tampoco fue menos espectacular. La corriente nos llevó muy lentamente a lo largo de las paredes de coral blando y pudimos verlo todo como en una película, casi sin movernos. Al salir estábamos eufóricos. Volvimos a casa en el barco (casi un yate) con la puesta de sol y un té calentito en la mano. Insuperable.
Día 5: Decidimos relajarnos un poco y hacer “solo” 2 inmersiones. La primera en “Eels Garden” (jardín de anguilas). Tal y como indica el nombre, es una explanada de arena donde se pueden ver cientos de anguilas asomando medio cuerpo fuera de los hoyos que hacen en la arena. Al principio no parecía muy prometedora (un fondo arenoso no lo parece), pero el paisaje era completamente lunar. Había una belleza muy extraña en ese paisaje, y a todos nos encantó. Esa ya hubiese sido buena como último capítulo en Dahab, pero aún nos quedaba “The Islands”
En Las Islas (en realidad son 2 elevaciones de coral dentro del agua) vimos de todo, grande y bonito. Pero lo más espectacular y que sin duda recordaremos para siempre como el epílogo de nuestras inmersiones en Dahab fue otro cono de barracudas, como el que nos tocó ver en Sipadan (Malasia). Las barracudas hacen una formación muy especial cuando se sienten amenazadas: rodean al intruso, para desorientarlo. El resultado es que Sandra y Sebas se encontraron de nuevo entre cientos y cientos de barracudas que nadaban al unísono a su alrededor.
Jordi al final ha podido sacarse la titulación advanced de buceo, así que ya estamos todos a la par. La única pega de bucear pero que al final hemos automatizado es ponerse y quitarse el maldito traje, que ya sea seco o mojado es un infierno. No hay forma elegante ni glamurosa de vestirse con eso. En cuanto a los pesos, el BCD (chaleco), las aletas y las gafas no son mucho más cómodas pero el esfuerzo bien vale la pena. Cuando acaba la inmersión se tiene que lavar el equipo con agua dulce, otra tarea que ya hacemos sin pensar y en 5 minutos. Es un vicio.
Fuera del agua sólo estábamos por las tardes cuando anochecía, así que la piscina del hotel (una de las características que nos hizo escoger este hotel y no otro) ni la catamos.
Por las tardes caminamos tranquilos por las callecitas de Dahab llenas de luces y restaurantes tranquilos. Escogemos uno al azar y nos sentamos en el suelo a comer marisco, pescado o pizza según el día, la comida es abundante y sabrosa. Nos relajamos con la música de fondo y los gatos siempre siempre vienen a vernos a la mesa.
Nadie nos molesta, todo el mundo tiene una palabra amable y el tiempo pasa sin que nos demos cuenta. Vamos a comprar agua y algunas chucherías a nuestro badulaque habitual con un tendero que siempre nos regala alguna golosina.
La verdad es que Dahab ha sido literalmente un Oasis en el desierto. Después del caos insoportable de El Cairo y de los insistentes vendedores de Luxor, este pueblo te ofrece lo que uno viene buscando: relax, buena comida, buena gente y buen submarinismo.
Mañana, nuestro último día (y para seguir entrenándonos para algún cuerpo de élite de la armada) hemos contratado un paseo por el Colored Canyon (2,5 horas caminando por el desierto y escalando). Esto son vacaciones!