Neopreno Fashion Week en Dahab

Esta entrada pertenece a la serie Egipto
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Hacer un post para toda una semana no es demasiado “justo” con el lugar en el que hemos pasado los últimos 6 días, pero son tantas las cosas que hemos hecho que el tiempo para relatarlas se hace muy corto.

Además, casi todo lo que hemos hecho fue debajo del agua, y las fotos (que normalmente no hacen justicia a lo que vemos), aquí son del todo insuficientes. Nos servirán a nosotros 4 para recordar lo que vimos, pero no para explicárselo a nadie más.

Podríamos resumir toda la semana en que hemos hecho 14 inmersiones en 5 días (3,3,3,3 y 2) y eso os daría una idea del ritmo que hemos llevado. Lo “normal” son 2 inmersiones por día, 3 se considera “ir a piñón” y así hemos estado todos los días excepto hoy.

Para no dejarlo en algo tan escueto, y para los que no han vivido la experiencia submarina, un poco más de detalle:

Día 1

Hacemos las primeras 3 inmersiones. Lo que vemos está bastante bien (corales en buen estado, los peces habituales en climas tropicales, buena visibilidad) pero no disfrutamos al 100%. Nos costó acostumbrarnos al agua (es el segundo mar más salado del mundo, nos ha hecho falta casi el doble de peso que en otros lugares) y al equipo. En la tercera inmersión nos relajamos bastante y nos quedaron claras 2 cosas: el instructor era muy bueno y no nos íbamos a arrepentir de venir al mar rojo.

Día 2 – The Canyon

Decidimos ir a uno de los lugares más famosos y emblemáticos del Mar Rojo: The Canyon. Se trata de una “grieta” abierta en el fondo marino por la que nos metimos (pies por delante) uno a uno, hasta sentarnos en el lecho marino y contemplar la luz que se colaba desde la superficie. Al salir vimos como nuestras burbujas (y las de otros submarinistas) se colaban por las pequeñas gritas del fondo, creando el efecto de que la tierra respiraba. Eso fue precioso. La segunda inmersión en The Canyon nos llevó por encima, para ver el coral y los peces habituales. Acabamos con una tercera inmersión en un arrecife de coral (Recks Reef).

Día 3 – The Blue Hole

Segundo lugar de fama mundial, The Blue Hole (un gran agujero de 150 metros de profundidad). Aquí íbamos un poco nerviosos. Si bien nuestro instructor era muy estricto y nuestra inmersión era recreativa (no técnica), no puedes dejar de preocuparte cuando lees que hay más de 100 cadáveres de submarinistas en el fondo de ese hoyo. Antes de llegar, en la carretera, hay decenas de lápidas recordando a los submarinistas fallecidos.

Antes de que las madres nos maten, los que se han matado eran submarinistas que iban por libre, sin seguir normas y que a menudo competían entre ellos (es decir, chalados). La diferencia es que cuando se toman 10 cervezas en Salou no muere nadie, y aquí sí.

La primera inmersión comenzó en “El Bells” (Las campanas”, llamado así por el sonido de las botellas de los submarinistas al chocar entre ellas. Se trata de un túnel vertical por el que descendimos de uno en uno (no caben 2) para salir por un arco hacia el mar a unos 30 metros de profundidad. Muy excitante.

Seguimos la pared de coral hasta llegar al Blue Hole. Lo atravesamos por encima, a unos 10 metros de profundidad. Cuando estás en medio es como estar en la nada, completamente rodeado de azul, sin ningún tipo de referencia visual.

En la segunda inmersión lo rodeamos (recorrimos el borde) y vimos a varias personas practicando apnea (bajar a pulmón). La que vimos habría bajado unos 30 metros, pero el récord está en 122.

La tercera inmersión del día fue nocturna. Era la primera nocturna de Jordi y la segunda para Sandra y Sebas. Fue muy agradable, estuvimos relajados y observamos cómo puede cambiar el comportamiento de los animales por la noche (algunos duermen, pero la mayoría salen a comer o se esconden de los que salen a comer). Lo cierto es que éramos como 30 personas en el mismo sitio, aquello parecía una discoteca (pero no le quitó el encanto en absoluto).

Día 4 – Ras Mohamed y Thistlegorm

Este día fue muy especial. Contratamos 3 inmersiones en Sharm El Sheik, 2 en el Thistlegorm y una en Ras Mohamed (parque nacional). El primero es un barco carguero de la II Guerra Mundial, hundido en 1941 con toda su carga intacta (camiones, motocicletas, fusiles, bombas, botas, vagones de tren).

Las 2 inmersiones en el barco fueron de película. Son las mejores inmersiones en naufragio que hemos hecho (teniendo en cuenta que estuvimos en Coron, paraíso de naufragios, eso es mucho decir). Sólo esas 2 inmersiones hacían que venir a la península de Sinaí valiese la pena.

La tercera inmersión en Yolanda Reef tampoco fue menos espectacular. La corriente nos llevó muy lentamente a lo largo de las paredes de coral blando y pudimos verlo todo como en una película, casi sin movernos. Al salir estábamos eufóricos. Volvimos a casa en el barco (casi un yate) con la puesta de sol y un té calentito en la mano. Insuperable.

Día 5 – Eeels Garden y The Islands

Decidimos relajarnos un poco y hacer “solo” 2 inmersiones. La primera en “Eels Garden” (jardín de anguilas). Tal y como indica el nombre, es una explanada de arena donde se pueden ver cientos de anguilas asomando medio cuerpo fuera de los hoyos que hacen en la arena. Al principio no parecía muy prometedora (un fondo arenoso no lo parece), pero el paisaje era completamente lunar. Había una belleza muy extraña en ese paisaje, y a todos nos encantó. Esa ya hubiese sido buena como último capítulo en Dahab, pero aún nos quedaba “The Islands”

En Las Islas (en realidad son 2 elevaciones de coral dentro del agua) vimos de todo, grande y bonito. Pero lo más espectacular y que sin duda recordaremos para siempre como el epílogo de nuestras inmersiones en Dahab fue otro cono de barracudas, como el que nos tocó ver en Sipadan (Malasia). Las barracudas hacen una formación muy especial cuando se sienten amenazadas: rodean al intruso, para desorientarlo. El resultado es que Sandra y Sebas se encontraron de nuevo entre cientos y cientos de barracudas que nadaban al unísono a su alrededor.

Jordi al final ha podido sacarse la titulación advanced de buceo, así que ya estamos todos a la par. La única pega de bucear pero que al final hemos automatizado es ponerse y quitarse el maldito traje, que ya sea seco o mojado es un infierno. No hay forma elegante ni glamurosa de vestirse con eso. En cuanto a los pesos, el BCD (chaleco), las aletas y las gafas no son mucho más cómodas pero el esfuerzo bien vale la pena. Cuando acaba la inmersión se tiene que lavar el equipo con agua dulce, otra tarea que ya hacemos sin pensar y en 5 minutos. Es un vicio.

Fuera del agua sólo estábamos por las tardes cuando anochecía, así que la piscina del hotel (una de las características que nos hizo escoger este hotel y no otro) ni la catamos.

Por las tardes caminamos tranquilos por las callecitas de Dahab llenas de luces y restaurantes tranquilos. Escogemos uno al azar y nos sentamos en el suelo a comer marisco, pescado o pizza según el día, la comida es abundante y sabrosa. Nos relajamos con la música de fondo y los gatos siempre siempre vienen a vernos a la mesa.

Nadie nos molesta, todo el mundo tiene una palabra amable y el tiempo pasa sin que nos demos cuenta. Vamos a comprar agua y algunas chucherías a nuestro badulaque habitual con un tendero que siempre nos regala alguna golosina.

La verdad es que Dahab ha sido literalmente un Oasis en el desierto. Después del caos insoportable de El Cairo y de los insistentes vendedores de Luxor, este pueblo te ofrece lo que uno viene buscando: relax, buena comida, buena gente y buen submarinismo.

 

Mañana, nuestro último día (y para seguir entrenándonos para algún cuerpo de élite de la armada) hemos contratado un paseo por el Colored Canyon (2,5 horas caminando por el desierto y escalando). Esto son vacaciones!

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