Vamos al Cairo Y a Egipto

Esta entrada pertenece a la serie Egipto
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La cosa ya pintaba mal cuando el “azafato” (un egipcio que hacía evidentes esfuerzos por hablar español) empezó a explicarnos cómo abrir las puertas de seguridad y los españoles que iban a nuestro lado le gritaban “Bueno, eso si no está oxidada no?” o “No se puede hacer en marcha no?”.

No hagas bromas a alguien que no entiende el idioma y está haciendo su trabajo…porque no las entenderá y se sentirá incómodo. Eso es lo que NO pasaba por sus cabezas en ese momento.

El resto del viaje, nos regalaron con perlas del calibre:

 

Perla 1- ¿Tu vas a estudiar a Egipto no? Como hablas su idioma…(nótese que esto lo dijeron cuando dijimos “Chiken” para pedir el pollo)

Perla 2 – Sí sí, seguro que tienen cerveza (nótese que les acabábamos de explicar que en una aerolínea musulmana no sirven alcohol, como ya había indicado la azafata)

Perla 3 – Nosotros vamos al Cairo Y a Egipto (si, si…Y. Son dos países distintos no? O son dos ciudades?)

 

Murphy quiso que se sentaran junto a Sandra, la que menos paciencia tiene de los 4.

Al llegar al Cairo todo fue sobre ruedas. Nuestro conductor Ajmar (o como se escriba) nos hizo una perfecta demostración de cómo sobrevivir en caso de que la autopista se llenase de conductores adictos al LSD que nos será útil algún día. En serio, los egipcios no sólo no saben conducir…además tienen un sistema oculto de códigos a base de luces largas y toques de claxon que deja a la altura del betún a los jeroglíficos de las pirámides.

Sebas (para variar) sacó temas amenos para la charla con un desconocido: política, religión, corrupción de la policía, Israel…Por suerte el conductor era un “progre” (dentro de los márgenes de un nacionalismo impepinable) y no nos quedamos en la calle.

Las conclusiones de la llegada:

  • La corrupción policial es el pan nuestro de cada día
  • La policía y el ejército están por todas partes y tienen el control de casi todo
  • El Cairo es un caos circulatorio total. El ruido y la polución dan dolores de cabeza, y los edificios están tan cubiertos de polvo, hollín y escombros que parece que la ciudad acabase de pasar la 2ª guerra mundial hace 2 días.
  • Cuesta un montón encontrar restaurantes de buen precio. Aquí pasan del chiringuito roñoso al restaurante pijo, sin escalas. Algo muy indicativo de la distribución de la riqueza que hay en el país (algo que ya hemos constatado en calles menos céntricas)

Como anécdota, estamos al lado de la embajada norteamericana. Eso nos sitúa muy cerca del corazón de millones de musulmanes de este país.

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