Este es el día que todo el mundo espera cuando vienes a Egipto. Es lo que todo el mundo te pregunta cuando vuelves de Egipto, y es el motivo por el que mucha gente viene a Egipto. Las pirámides.
No vamos a dar rodeos, lo haremos esquemático:
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De ahí nos fuimos a Sakkara, una necrópolis del antiguo Egipto, donde están las pirámides más antiguas. Lo cierto es que a nivel arquitectónico tiene muchos más detalles que Giza. Muchos grabados en buen estado, carreteras pavimentadas y pasillos de columnas en un estado de conservación difícil de imaginar en un país donde la vigilancia de estas joyas es tan escasa (aquí había más grafitis de amor adolescente)
Nos encantó pasear por una carretera pavimentada donde las hordas de turistas no se adentraban…era como tener la necrópolis para nosotros solos. Encontramos incluso un grabado con pigmentación azul aún visible (el único colorido que hemos visto hasta ahora).
Finalmente, y a pesar de que nuestro chófer quiso escaquearse aduciendo que cerraba a las 15:00, fuimos a Darshur (que evidentemente, no cerraba a las 15:00). Después de los sobornos y tickets de rigor, nos plantamos en la pirámide roja.
Nos pareció mucho más impresionante que Khafre. La bajada era espectacularmente larga y estrecha. La primera cámara daba paso a una segunda, y esta, a través de una escalera, a la cámara mortuoria que había sido escondida tras una falsa puerta (como en las pelis!)
Justo antes de irnos, y en la lejanía, divisamos la única “chapuza” egipcia de la que tenemos constancia. La pirámide romboidal, con 2 ángulos distintos. Por lo visto empezaron con un ángulo demasiado ambicioso, y cuando vieron que no era estable decidieron cambiar a medio camino. No era cuestión de empezar de cero…
Un día muy completo que acabamos con una buena cena y durmiendo como los ángeles (ya no nos despierta ni el grito del Muyaidin a las 04:30 de cada día)
SANDRA
Hace mucho tiempo que no escribíamos nada en el blog, probablemente porque teníamos miedo a aceptar que el viaje se había acabado, probablemente porque poner un punto y final con las cosas no publicadas de New York sería cerrar definitivamente el capítulo.
El retorno fue muy cálido, sin avisar a nuestras familias, pillados por sorpresa nos presentamos en sus casas, fue como si nunca nos hubiésemos ido.
Pero lo hicimos, y las cosas cambiaron desde ese mismo instante. No hablamos de depresión por volver a nuestras anteriores vidas, ni de estrés por recuperar el trepidante ritmo que hemos adquirido desde entonces.
Había algo en nosotros que era diferente, Fani lo describió muy bien, nos faltaba chispa.
Quien dice chispa, puede decir ilusión,los flashes del pasado a veces venían y vienen, interrumpen un momento de rutina y se vuelven a ir. Hemos aprendido muchas cosas en este camino, unas nos han enriquecido , otras nos han hecho más cínicos pero el hambre de conocer nos perseguía cada día.
Este post podría ser largo y deprimente,pero preferimos quedarnos con todos los buenos momentos, con toda la buena gente que hemos conocido. Y a nuestra vuelta, volver a ver a la familia y a los amigos bien paga un viaje inacabado.
Pero no hemos estado en el letargo, teníamos un fin, una meta que ha hecho más fáciles nuestros aburridos días. Somos adictos a viajar, y ese hambre ha hecho que volvamos otra vez a caminar.
SEBAS
Los dos volvimos a nuestros antiguos trabajos (yo con un “ascenso” inesperado). Nuestra situación económica es envidiable dados los tiempos que corren (nos podemos permitir el lujo de irnos 6 semanas de vacaciones), y todo el mundo no para de decirnos lo afortunados que somos. Y lo somos, pero ha sido difícil superar el trago de la vuelta. Nadie quiere decir adiós a la completa libertad, ni a que cada día de tu vida sea un día aprovechado.
Nos hemos pasado muchos días diciéndonos que no podía durar para siempre, que tenemos que aceptar que se acabó, pero lo cierto es que únicamente la perspectiva de volver a viajar, volver a ser libres, nos ha dado oxígeno durante estos últimos 11 meses.
No nos malinterpretéis, la vida puede ofrecerte muchas cosas más que viajar y conocer mundo (proyectos personales, hijos, amigos, experiencias), pero nos cuesta mucho bajarnos de este tren para subir al próximo.
Hay una botella de Blecua tinto, fermentado en barrica de roble americano de 65 € en casa que sólo se abrirá si tenemos un hijo o volvemos a dar la vuelta al mundo.
El tiempo (no demasiado ya) dirá, de momento escribimos estas líneas desde El Cairo. Haber escrito este post desde España era demasiado duro.
Se hace camino al andar.
Empezamos nuestro circuito de turista autodidacta, espoleados por las ganas de conocer todo lo que valiese la pena del Cairo y dispuestos a jugarnos la vida (literalmente) en cada cruce.
El primer punto del día era la Ciudadela (Citadel) construida por Saladino en el siglo XII. Además de incluir 2 mezquitas (una de ellas con cúpula plateada), la ciudadela ofrece unas vistas completas del Cairo desde las alturas.
El taxista que nos dejó en la puerta tuvo que pagar su “colaboración” con la policía, algo que desgraciadamente nos tocará ver muy a menudo en Egipto.
En la entrada empezó el regateo. A diferencia de los que vienen en autobuses, nosotros pudimos desviarnos 20 metros de la entrada principal y comprar 2 botellas de agua por 15 libras egipcias (lo normal habrían sido 6). A los pobres desgraciados que venían en el tour, no les dieron opción…una vez atrapados ahí dentro las latas de cocacola iban a 30 libras!
Entramos con nuestros carnets de estudiantes falsos (hechos en Bangkok hace un año) por la mitad de precio y empezamos a sacar fotos como buenos guiris.
No es la primera vez que hemos visto una mezquita, y en esta el techo era especialmente interesante (por un color verde-azulado que no hemos visto en otras). La visita en general estuvo bien, pero lo mejor fueron las vistas de la ciudad.
En la panorámica se podían apreciar los enromes contrastes de la ciudad, que ha ido creciendo desordenadamente según circunstancias muy particulares. Bloques de edificios blancos se alzaban en manojos entre construcciones más antiguas y polutas. Ruinas de la ciudadela se fundían con barrios pobres, y las mezquitas salpicaban barrios ricos y pobres por igual, como si crecieran en cualquier hueco que la ciudad dejara.
Las impresiones que nos llevamos de estas vistas cuadró (días después) con lo que nos tocó ver y caminar por el Cairo. Sin ir más lejos, rodeando la ciudadela, entramos en una calle donde muy pocos turistas se ha visto (las miradas clavadas en la nuca de todos los locales así nos lo sugirió), donde acabamos comprando unos bollos de pan para matar el hambre. Al final comimos en un bar de la zona, con otros locales, mientras infinitos versos coránicos le daban a todo un aire satánico-árabe muy curioso (esos versos los emitía una televisión de plasma de 42”, con un cartel de “24 Hours Open” de neon encima)
De ahí a Ibn Tulum, la mezquita más grande del Cairo (y por su tranquilidad la que más nos ha gustado). Estábamos prácticamente solos.
Al salir tuvimos otro encuentro con la policía local y sus costumbres. Varias personas (civiles), persiguieron a un chaval de unos 25 años. Suponemos que habría robado algo. Lo engancharon 50 metros más adelante, y lo traían agarrado entre dos. Uno de los dos le iba dando puñetazos mientras lo traía hacia los policías, uno de los cuales se percató de nuestra presencia.
Enseguida empezó a hacer señas hacia nosotros y a gritar “No, no” (es decir, “No ahora, que te ven los guiris!”. Nos echaron de ahí muy convincentemente, y sólo nos quedó suponer la que le iba a caer al pobre desgraciado.
Sentimos asco, mucho asco al ver a todos los policías trabajando para crear el linchamiento perfecto lejos de los ojos de los turistas. Esto no es democracia ni nada parecido. Es un estado policial donde se alimenta un cuerpo de policía gigantesco para mantener a la población atemorizada y en su sitio. Los musulmanes aún no han encontrado la fórmula para conjugar religión y democracia sin tener pistolas a mano (lo mismo vimos en Turquía).
Acabamos el día elevándonos aún más, para ver el Cairo de noche desde lo alto de la Cairo Tower. La verdad es que la ciudad es más bonita de noche, cuando las fachadas polvorientas no se ven y los coches, además de hacer un ruido infernal, te regalan con cientos y cientos de luces rojas haciendo obediente caravana en cada autopista.
La cosa ya pintaba mal cuando el “azafato” (un egipcio que hacía evidentes esfuerzos por hablar español) empezó a explicarnos cómo abrir las puertas de seguridad y los españoles que iban a nuestro lado le gritaban “Bueno, eso si no está oxidada no?” o “No se puede hacer en marcha no?”.
No hagas bromas a alguien que no entiende el idioma y está haciendo su trabajo…porque no las entenderá y se sentirá incómodo. Eso es lo que NO pasaba por sus cabezas en ese momento.
El resto del viaje, nos regalaron con perlas del calibre:
Perla 1- ¿Tu vas a estudiar a Egipto no? Como hablas su idioma…(nótese que esto lo dijeron cuando dijimos “Chiken” para pedir el pollo)
Perla 2 – Sí sí, seguro que tienen cerveza (nótese que les acabábamos de explicar que en una aerolínea musulmana no sirven alcohol, como ya había indicado la azafata)
Perla 3 – Nosotros vamos al Cairo Y a Egipto (si, si…Y. Son dos países distintos no? O son dos ciudades?)
Murphy quiso que se sentaran junto a Sandra, la que menos paciencia tiene de los 4.
Al llegar al Cairo todo fue sobre ruedas. Nuestro conductor Ajmar (o como se escriba) nos hizo una perfecta demostración de cómo sobrevivir en caso de que la autopista se llenase de conductores adictos al LSD que nos será útil algún día. En serio, los egipcios no sólo no saben conducir…además tienen un sistema oculto de códigos a base de luces largas y toques de claxon que deja a la altura del betún a los jeroglíficos de las pirámides.
Sebas (para variar) sacó temas amenos para la charla con un desconocido: política, religión, corrupción de la policía, Israel…Por suerte el conductor era un “progre” (dentro de los márgenes de un nacionalismo impepinable) y no nos quedamos en la calle.
Las conclusiones de la llegada:
Como anécdota, estamos al lado de la embajada norteamericana. Eso nos sitúa muy cerca del corazón de millones de musulmanes de este país.