Giza Station, please

Esta entrada pertenece a la serie Egipto
Ver Más Entradas

El día empezó para nosotros muy tranquilo, sin madrugones y un desayuno relajado. Pocos minutos antes del check-out nos dirigimos al Museo Egipcio de El Cairo.

Allí se amontonaban las decenas de turistas y tras pagar la entrada y una propinilla al taquillero que nos guardó las mochilas con todas las cámaras (están prohibidas en el Museo) nos adentramos a los misteriosos mundos que nos pudiera ofrecer aquel edifico.

Como no hemos podido sacar fotos no os podemos enseñar ni el contenido ni el continente del Museo. En cuanto al contenido, la colección es espectacular, estatuas colosales egipcias, sarcófagos rodeados de jeroglíficos, momias, así innumerables objetos valiosísimos se exhibían en cualquier rincón del Museo.

La joya era sin dudarlo la cámara mortuoria del faraón Tutanhkamon. Se podía observar su máscara, su trono, el sarcófago, todos los objetos personales del faraón que fueron llevados a su tumba. Un entierro sencillo, con una cámara dentro de otra en un total de 3 forradas de oro. Un tipo sencillo con 3 sarcófagos uno dentro de otro a cual más increíble. Animalitos disecados también en la tumba para su vida próxima en el más allá. En definitiva un chaval de 19 años (edad que tenía cuando murió) convertido en un faraoncillo venido a menos un pelín egocéntrico.

La visita al museo mereció la pena, la muestra es que estuvimos entretenidos unas 3 horitas que para muchos (excepto Jordi) fue más que suficiente.

Nota: aunque hayas pagado la entrada de museo y/o cuenta de restaurante al ir al lavabo te van a pedir propina si quieres que te den papel. Acabas violentándote un poco y llevándote tu propio papel. Jordi estuviste lento…

Salimos a comer en nuestro ya conocido restaurante Felfela y nos dirigimos al barrio Copto a ver la Iglesia colgante.

Para llegar cogimos el metro que nos dejaba justo delante de Museo Copto, a esas horas de la tarde ya cerrado. Caminamos un poco perdidos en busca de la Iglesia, por callejones oscuros, sucios y un poco peligrosos. Reculamos nuestros pasos hasta que la encontramos.

Estábamos fuera de horario del recorrido turístico pero nada que 20 libras no puedan solucionar. La Iglesia Colgante a parte de impresionar porque no deja de ser un minireducto católico en una ciudad musulmana, asombra ver como se han conjugado las dos religiones en una decoración caótica pero a la vez muy harmónica. Era muy bonita, la verdad.

Salimos de allí sin perder mucho tiempo, teníamos que regresar al hotel, comprar provisiones para el tren de esa noche hacia Luxor y recoger nuestras mochilas.

Salimos a las 19:30 del hotel , el tren salía a las 20:45 desde la estación de Giza. Cogimos un taxi con taxímetro, ohhhhhhh!!!!!! existen!!!!!. Pero empezó nuestra pequeña odisea. No sabíamos si el taxista entendía donde queríamos ir y eso nos puso un poquito nerviosos porque era demasiado tarde para arrepentirse, estábamos en pleno atasco en el Cairo. Los minutos corrían y nos movíamos demasiado. Después de preguntar a un transeúnte en inglés que nos confirmó que íbamos en dirección correcta estábamos un poco más calmados.

Pero no nos movíamos, Jordi empezó a “reposar” la cabeza (=dar cabezazos) en la mochila que cada uno llevaba encima porque no cabían en el maletero. Fue el primero en caer en desesperación, luego vino Fani que no sabía si abrir ventanas, cerrar ventanas. Eran las 20:10  y no nos movíamos mucho. Entonces empezó a decaer Sandra, le entraron ganas de gritar, tocar el cláxon y matar, sí sí matar. Y finalmente Sebas cayó con todos y las risas nerviosas no paraban.

Alá estaba con nosotros y se hizo un claro, llegamos con 10 minutos de margen. Porque a ninguno de los 4 en el estado de nervios se nos ocurrió pensar que a lo mejor, y sólo a lo mejor los trenes egipcios venían con retraso.

Efectivamente, vimos pasar 3 trenes delante nuestro un poco tétricos y finalmente llegó el nuestro, supuestamente Deluxe porque es el único que pueden coger los turistas. 21:45.

Nos acomodamos en los camarotes, bastante correctos y nos sirvieron una cena basada en arroz, escalopín y algo que pretendía ser carne.

Nos alejábamos de El Cairo camino a Luxor con muchas ganas, y aunque todos no pudimos dormir del todo bien, después del desayuno incluido y la puta propina salimos a comernos la pequeña ciudad a pleno sol.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.