Qué es lo que no se hace el domingo? Madrugar. Y que hicimos? Madrugar.
HabÃamos contratado una especie de Tour por Harlem que incluÃa ir a ver una misa Gospel, algo que a Sandra siempre le habÃa hecho mucha ilusión.
El tour fué un paseo con nuestro guÃa, un neoyorkino nacido en el Bronx que sabÃa mil historias sobre el barrio.
Nos mostró lugares históricos, leyendas locales, arquitectura, etc. Fue muy instructivo y ameno (nada de agencia de viajes…muy de tú a tú) y nos costó sólo 10 dólares por cabeza.
Harlem tiene todavÃa el encanto de las pelis de negros de los 70, pero ya no le queda mucho (por suerte) de su fama de “tierra de nadie” o lugar peligroso. La verdad es que nos costó distinguir donde terminaba Harlem y donde empezaban los barrios colindantes.
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Lo mejor del domingo fué sin duda la misa. Tal y como las hemos visto en las pelÃculas, los negros se emocionan y viven su espiritualidad a través del canto y el baile. Sus discursos son ascendentes y apasionados. Nada que ver con la iglesia católica romana blanca (tristeza, solemnidad, austeridad). A estos, si les pones unos focos y un poco de humo, se montan un Studio 54 en un plis.
Todo merecÃa una foto, pero estábamos en las filas de atrás y por respeto no quisimos poner el flash, asà que las fotos salen un poco movidas.
El vÃdeo es muuucho mejor.
Salimos de ahà encantados y seguros de que si hubiésemos querido casarnos, lo harÃamos con un coro de negros gritando las excelencias del amor conyugal a nuestras espaldas. Aleluya! In the name of Jesus!
De ahà nos fuimos a ver la Zona Cero (donde antes habÃa dos torres gemelas y ahora hay un gran hoyo en el que van a construir algo). Poco que ver…aunque se vendÃan algunos libros con fotos de la tragedia y tal. Nos vinieron a la mente unas cuantas opiniones que convenientemente nos callamos.
De ahà nos fuimos al lugar donde se fraguó el desastre que ahora nos está costando sangre sudor y lágrimas: Wall Street.
La verdad es que es un edificio nada impresionante (en comparación a una biblioteca en Sydney, por ejemplo). Es increÃble que el destino del planeta se maneje en un lugar tan pequeño. Y no, no tuvimos valor para escupir o mearnos en la fachada…pero hicimos fotos feas como esta. Algo es algo.
Un par de calles más adelante nos sentamos a contemplar el famoso Puente de Brooklin. Estábamos realmente agotados.
Volvimos al hostal y nos fuimos a dormir temprano. ¿Se puede hacer más en un sólo dÃa? Bueno…nos perdimos el Marathon de New York!