Rumbo a Belice

Esta entrada pertenece a la serie Honduras
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Salimos por fin de la isla!

No es que fuera tan malo…bueno sí, fue terrible. Quizás por el clima, quizás porque los hondureños son los menos simpáticos de centroamérica (de la que conocemos hasta ahora) o simplemente porque no pudimos bucear todo lo que quisimos (y la pasta se acaba!), pero teníamos ganas de irnos.

De lo que no teníamos ganas era del pedazo de viaje que nos esperaba. Honduras es el paradigma del país bananero, en el cual decir 60 kilómetros no es decir una hora…ni dos…ni tres.

Empezamos con el ferry en Utila a las 06:20. Llegamos al puerto y un taxi nos medio-tima. Decimos medio porque nos cobró caro, pero nos dio buena información. En lugar de Hedman Alas (aire acondicionado, buenos autobuses) podíamos tomar uno más barato: Mirna. El autobús desde La Ceiba a San Pedro de Sula nos costó 100 lempiras cada uno.

En San Pedro de Sula tomamos otra mini-furgoneta con aire acondicionado hasta Puerto Cortés. El conductor hizo gala de su simpatía al hacernos cargar con las mochilas en las rodillas si no queríamos pagar asiento por ellas.

En Puerto Cortés tomamos otro autobús hasta la frontera con Guatemala. Era un “Chicken Bus” (Bus Gallina), o lo que es lo mismo, un autobús estadounidense escolar repintado, con música reaggeton a toda pastilla y parando donde cualquier cristiano levantase la mano.

Fueron 2 horas y media de chicken bus. Llegamos a las 18:00 a la frontera (12 horas de viaje) donde cogimos otra furgoneta (con gente colgando de la escalera lateral y subida al techo) hasta Puerto Barrios. En la furgoneta cabían 12, pero íbamos 23.

En el control de frontera encontramos a un pseudo-oficial borracho que nos quería marcar el ritmo de entrada. Pasamos de él y el resto fué fácil. A los locales los pillaron sin documentos y tuvieron que pagar “mordida” a los polis. Pasaron todo el tiempo en la furgoneta quejándose de la corrupción, pero ninguno de ellos propuso hacer nada (resignados están).

Llegamos a nuestro hotel a las 19:30. Unas 13 horas de viaje con trasbordos y todo para recorrer una distancia que en Japón se hace en 2 horas de tren bala. Y lo que es peor: aún estamos en Guatemala! Nuestro objetivo era Belice, pero para eso tenemos que esperar a la lancha de mañana.

Bananerismo extremo, ese deporte.

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