septiembre
20
Escrito en Guatemala por admin el 20-09-2008

Nos levantamos muy temprano para ir a Guatemala, en concreto hasta Antigua Guatemala, la ciudad colonial por excelencia del país. Nos esperaban 12 horas de viaje en furgoneta. Hicimos acopio de víveres porque nunca sabes si las furgonetas van o no a parar.

Vinieron una hora después (pero dentro de su horario no nos podemos quejar) y la furgoneta estaba francamente bien. Nuestros compañeros de viajes eran europeos y 6 israelitas, hay mucho turismo de Israel en estos países.

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Después de 3 horas con pausa para desayunar llegamos a Cuachtemoc, el pueblo mexicano fronterizo. La oficina de inmigración hubiese pasado desapercibida o por un puesto de venta de refrescos si no  nos llegan a avisar de que es ahí donde se estampa el pasaporte. Fue fácil.

Unos minutos más en furgoneta y llegamos al primer pueblo de Guatemala, La Mesilla. Ahí cambiábamos de furgoneta. En el puesto de inmigración de Guatemala, querían cobrarnos 20 quetzales (2 euros) por estampar el pasaporte. Nos negamos, lo habíamos consultado con el ministerio español y no teníamos que pagar nada. Nos dieron un papel para no dar problemas, y los guiris pagaban como churros. Ya sabemos que no es dinero, pero no alimentaremos la corrupción aún más.

Cambiamos de furgoneta, cambiamos de país. La nueva no era tan confortable. La carretera, de un sólo carril, estaba llena de tumultos o lomos de burro o badenes como se les quiera llamar. El viaje largo, incómodo. Aún así el paisaje había cambiado, las montañas verdes no desaparecían, los pueblos pequeños, muy muy básicos aparecían cada muchos kilómetros. Los vestidos de las mujeres eran diferentes, pero siempre con mucho color.

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P1070777 Después de 6 horas de camino llegamos a la primera parada, Panajachel, aún quedaban 3 horas más para Antigua y estaba oscureciendo, cosa nada recomendable para andar por según que sitios de Guatemala. Incluso con reserva de alojamiento en Antigua, la corazonada (y el culo) nos hizo bajarnos en Panajachel y dejar Antigua para otro día.

No sabíamos nada del pueblo, sólo vimos que había muchos turistas. Encontramos un hostal genial. Veremos que nos depara el pueblo mañana.

septiembre
19
Escrito en México por admin el 19-09-2008

Estamos en Chiapas, uno de los estados más bonitos de México y uno de los más rebeldes. También es uno de los estados con paisajes más sorprendentes. Uno de los recomendados es el Cañón del Sumidero.

Después de casi una hora de furgoneta llegamos al embarcadero desde donde tomaríamos la lancha que nos llevaría por el Cañón.

La hora de trayecto no tuvo desperdicio. Al lado de Sandra había 2 chicas vascas de 24 y 25 años intentando ligar con un mejicano del norte (porque los mejicanos del sur descienden de los mayas, son más bajos y muy morenos con rasgos muy marcados). Al lado de Sebas había 4 andaluces muy salaos, uno de Almería, Granada, Huelva y Sevilla. Sebas estaba muy entretenido hablando con ellos. Sandra se aburría al lado de las vascas, pero escuchó algunas joyas.

Las chicas empezaron a criticar a los catalanes, porque no saben cuando hablamos en catalán o cuando en castellano (eso es que no son muy listas no?? y eso que eran maestras). Sandra no movió ni un músculo. Y empezaron a criticar a los andaluces porque hablan con muchas ce, ze, se. Os estáis ganando unas collejas chicas…

Y la joya más divertida de todas: el mexicano dice que es el único local de la furgoneta, que todos los demás son extranjeros, a lo que ellas iluminadas en ese momento responden: pero no pareces mexicano si te sirve de consuelo, pareces italiano! (mientras se les caía la baba) delante del capitán de la barca que obviamente era mexicano.

Total que al bajarnos de la furgoneta, se dan cuenta de que los andaluces y los catalanes (después de decirle a Sebas: vinga anem cap allà nen) habían hecho buenas migas entre ellos y con el mexicano. Después iban finas finas.

Y por último afirman que a ellas lo que les gusta es el turismo independiente y alternativo, bueno aún llevaban las pulseritas del Resort Riu de Cancún.

Pero a parte del entretenimiento, el Cañón era precioso. Se recorre en barca, por el río, en algunos tramos la pared del cañón tiene unos 1000 metros de altura, que resulta impresionante. Hay cascadas, pero la más bonita fue la Cascada del Árbol de Navidad. Y es que parece eso de lejos, de cerca el agua cae como si fuese una cortina apenas imperceptible, fue lo más bonito del paseo.

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Nos pararon en una gruta donde hay una virgen que sacan a pasear una vez al año, como la Virgen del Carmen en España.

Pudimos ver monos araña, aves, iguanas y… fiuuu cocodrilos. Sí, sí, cocodrilos, menos mal que no hicimos caso de la idea de Sebas de hacer Kayak, porque vaya si vuelcas… esto… si vuelcas hay unos 400 cocodrilos esperando el menú del día (sí Fani, ya se que hablamos siempre de comida, pero esto es diferente). Tuvimos a los cocodrilos bien cerquita, al lado de la embarcación pero no pasa nada… si no te caes :)

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Después de visitar el Cañón paramos en el pueblo Chiapas del Corzo. Un pueblo pequeño de Chiapas. En la plaza central hay un edificio mudéjar (sin duda hecho por los españoles), allí probamos el pozol, una bebida fresca de cacao y maíz, ligerito no era, pero sí sabroso mientras nos refugiábamos a la sombra de un árbol en la plaza de la Iglesia.

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Nuestro último día en San Cristóbal fue tranquilo, pero eso no nos impidió ir a ver los chiringuitos mayas y a dar un paseo por el mercado. La ciudad de noche se alumbra haciendo agradables los paseos. Captamos unos mariachis que esperan en la plaza a que alguien les contrate. Las fotos nocturnas no son muy buenas, pero es sólo para que os hagáis una idea.

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P1070755P1070768     No es una despedida, volveremos a México más adelante.

septiembre
17
Escrito en México por admin el 17-09-2008

- “Cuando llueve, los taxis no vienen”

Esa fue la buena noticia del día. Caían chuscos de punta y las calles inundadas (el agua hasta las rodillas en algunos cruces) y los queridos taxis decidieron no venir.

Nos despedimos de nuestra anfitriona en “El Jardín de Mérida” (Elsy) con un poco de pena. Estuvimos como en casa y ella fue muy amable.

15 horas de autobús. Espera, espera…lo voy a repetir para que os hagáis una idea: 15 horas de autobús. ¿Algo más que añadir?

Llegamos como 2 mocos a San Cristóbal de las Casas (Chiapas). Por suerte el hostal no estaba mal y el pueblo (desde el autobús) se veía prometedor.

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Después de una ducha el mundo es diferente.

Salimos, cámara en mano, a reconocer el pueblo y sus encantos. Y los encontramos a pocos metros de la puerta: mercados de artesanías, población indígena, casas llenas de colores, tiendecitas para turistas, restaurantes de todo tipo y cafeterías monas…capuchinos por 10 pesos!

El pueblo es genial. Tiene iglesias muy chulas y un simple paseo por una calle cualquiera es una experiencia. No hace falta irse a las calles principales: todo el pueblo es genial. Mérida tenía un centro bonito, pero si te alejabas 3 calles la cosa no era tan pintoresca. Aquí es todo igual.

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Hemos sacado bastantes fotos, nos hemos tomado 2 capuchinos cada uno y hemos comido bien y barato.

Mañana iremos al Cañón del Sumidero. Es uno de los 2 “tours” que haremos desde este pueblo. Estamos encantados con México.

septiembre
16
Escrito en México por admin el 16-09-2008

Bueno…ellos no dicen lo de cabrones (me lo saqué de una peli), pero sí que gritan “Vivas” a unas cuantas cosas.

La Gobernadora – Viva Yucatán

El pueblo – Vivaaaaaa!!

La Gobernadora – Viva la tranquilidad y la paz (por lo de los 12 decapitados de Mérida)

El pueblo – Vivaaaaaa!! (más fuerte)

La Gobernadora – Viva México!

El pueblo – Vivaaaaaa!! (menos fuerte)

La Gobernadora – Viva Mérida

El pueblo – Vivaaaaaa!! (súper fuerte)

Etc.

Antes de este grito pudimos disfrutar de 2 orquestas si-mul-tá-neas. Una enfrente de la otra, al mismo tiempo intentando robar público a la otra. Muy feo, pero muy gracioso.

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Había gringos (yanquis) con banderitas de “Viva México” animando sin saber lo que se decía…y vendedores de todo tipo.

La gente no bailaba ni había un “ambientazo”. Lo peor de todo: no había puestecitos de comida! Nada de pinchos, pescadito, etc. A Sandra eso le tocó el alma.

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Aún así esperamos al grito, y valió la pena. Sin ánimo de ofender a ningún mexicano (que como argentino Sebas ya ha mamado estas cosas de pequeño), nuestro punto de vista fué un poco cínico.

La situación era la siguiente:

  • Las “autoridades civiles” estaban representadas por la gobernadora, los militares y el arzobispo. Uuuuuuuu (mieeeedoooo)
  • Los fuegos artificiales los tiraron ENCIMA de la gente. Lo de Europa es un nido de burócratas y miedicas, vale…pero cuando las cenizas encendidas de los petardos empiezan a caer sobre la gente y sobre el confeti de papel que tiras al mismo tiempo…ejem…Pensamos para nosotros “Si fuese inseguro el gobierno mexicano no nos dejaría estar aquí. no? ¿no?
  • Cuando acabó El Grito, la voz en “off” que presentaba todos los espectáculos animaba a la gente a divertirse…pero a no tomar demasiado y no pasarse que mañana había que trabajar (SÍ: literalmente lo que te dice tu madre, pero por un altavoz a toda la población). Si es que somos como niños!
  • Antes de empezar la banda “estrella”, la misma voz en off recordó a la audiencia hasta 3 veces que la gobernadora nos “ofrecía este regalo”. Hija de puta!!! ¿Quién paga a la gobernadora? ¿Quién paga la banda? ¿Quién lo paga en definitiva todo? Pues nada…se ve que la gobernadora saca dinero de su bolsillo, de su sueldo (pobre mujer) y nos invita a todos a la fiesta. Ya quisiéramos dirigentes así en España, coño.

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Decidimos irnos temprano en vista de que nadie bailaba, y sobretodo después de la advertencia de nuestra voz en off: no se pasen, que mañana hay que trabajar.15-septiembre4

PD: Para que no se nos ofenda ningún Mexicano, en España (y Argentina) tenemos otros nacionalismos que nos regalan de vez en cuando con tonterías similares o peores.

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septiembre
15
Escrito en México por admin el 15-09-2008

Nos quedaba un último día en Mérida, y no un día cualquiera. Era 15 de septiembre, día de la declaración de la Independencia Mexicana (de la “Europa opresora”, tal y cómo se escribió en su día).

Decidimos ocupar el día con algo, porque la fiesta era por la noche. Después de ver Chichen Itzá, Uxmal y los Cenotes, lo único que quedaba era Celestún.

Ceslestún es un santuario natural de aves (cormoranes, pelícanos, gaviotas, patos) y especialmente de flamencos (esos pájaros rosa que se ponen de una pata y son perfectos para tener uno de plástico en el jardín). Además cuenta con algunas atracciones naturales como el Manglar (Mangroove en tierras anglosajonas) y un cenote llamado “El Ojo”.

Llegamos después de 2 horas y media de autobús de segunda (un autobús pasa de primera a segunda cuando el aire acondicionado se muere), sudados y cansados. Comimos muy bien (pero a ritmo caribeño) en un restaurante de la plaza. El pueblo era de estampa: calles desiertas y polvorientas, sol de justicia y todo el pueblo medio dormido a la sombra de la iglesia y de los árboles. Faltaba Emiliano Zapata a lomos de su caballo.

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En la playa encontramos a los de las cooperativas. Por un lado los de las lanchas (la cooperativa de los hombres) y por otro el de las artesanas (sólo mujeres). El pueblo entero parecía dividido en estos dos trabajos (aparte de restaurantes y hoteles).

Sandra cayó en la tentación y compró una pulsera de conchas a un precio ridículo. Cada vez resulta más difícil no comprar chucherías.

Por 150 pesos nos montaron con otros 2 mexicanos y 4 rusas (¿qué se les ha perdido aquí? no pegan ni con cola con los mexicanos!) en una lancha de dudosa estabilidad.

Vimos bastantes pájaros de camino a las atracciones principales. Cormoranes y pelícanos. Le explicamos al capitán de la lancha que en China los cormoranes se usan para pescar y le hizo bastante gracia.

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Y por fin los flamencos. Desgraciadamente el puto huracán de las narices (el mismo que casi hace imposible ver al tiburón ballena, y del mismo tipo de los que han destruido los corales de Isla Mujeres) había subido las mareas. Resultado: 30 flamencos donde normalmente podríamos ver miles.

Claro que fue una decepción. Claro que esperábamos a los mil flamencos…pero con la suerte que tenemos en los avistamientos de animales, nos dimos con  un canto en los dientes de poder verlos tan de cerca. Su color rosa (que adquieren por comer camarones) es precioso, sobretodo cuando despliegan las alas.

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De ahí nos fuimos al bosque petrificado…donde tampooooco pudimos bajar de la lancha a verlo por la dichosa marea. Aún así, la vista era bonita.

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Al manglar nos metíó a toda leche. Pensamos que íbamos a chocar con los árboles, pero era todo un truco. Había un túnel y pasamos sin problemas. Fue lo mejor del viaje. El manglar es algo tétrico, pero la sensación de navegar entre esos árboles es muy de “película del monstruo del pantano”.

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La marea había lavado las raíces del manglar y el cenote estaba teñido de rojo. El agua no era cristalina ni de lejos y era poco agradable para bañarse. También nos perdimos eso.

Nos volvimos contentos a Mérida, más que nada por haber visto algún flamenco, por los manglares y por haber llenado el día con algo que nos mantuvo entretenidos.

De vuelta en Mérida nos encontramos con todos los preparativos para la fiesta. Nos fuimos a duchar y a eso de las 21:00 salimos a cenar.

A las 23:00 sería el grito de independencia. O “El Grito”, como le llaman ellos.

septiembre
14
Escrito en México por admin el 14-09-2008

Nos vamos a los cenotes de Cuzamá. Los cenotes son grutas, cavernas o cuevas a las que se accede verticalmente. Es decir, es como meterse por un agujero en la tierra, sólo que al final del agujero hay un lago de agua fresca y cristalina.

No hemos visto ninguno durante nuestro viaje y tampoco sabíamos muy bien como podían ser, pero la casera de nuestro hostal nos lo recomendó varias veces.

Agarramos una furgoneta que nos dejó en la base de los cenotes, a unos 4 Km de la entrada del primero. Durante el paseo en furgoneta, vimos pueblos pequeños, modestos, pero engalanados para la fiesta. Se estaban preparando las plazas para las corridas de toros de la tarde.

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P1070422 En la base de los cenotes, tienes que registrarte para que te puedan llevar a tí solo a hacer una ruta por los cenotes en un cochecito llevado por un caballo sobre una minivía de tren. La intención es no contaminar el lugar, y por 200 pesos (20 dólares) te llevan durante 3 horas de un cenote al siguiente. También se puede ir andando, pero hay unos 3 o 4 Km entre cenotes y perderíamos mucho tiempo. Compramos patatas fritas y naranjas a un chavalillo que las vendía por 20 pesos, una ganga.

La experiencia de ir en carrito de caballos ha sido una pasada, de vez en cuando toca bajarse porque sólo hay una vía y los carros pasan en ambas direcciones. El caballo cada vez que se para se pone a comer, pero lo tienen comido los insectos al pobre.

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P1070427 P1070426 Cuando llegamos al primer cenote, vimos que la escalera de bajada no era muy difícil. Al llegar al final vimos el espectáculo tan bonito que nos había estado esperando. Una cueva, con sus estalagmitas y estalactitas con un lago perfecto de agua cristalina, pero por los efectos de la luz se veía azul eléctrico. Precioso, tranquilo, un sueño. El agua fresca se agradecía en un día donde el sol como de costumbre no nos abandonaba.

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P1070432 P1070436 Estuvimos en el primer cenote una media hora. Le dijimos al conductor que queríamos ir al último, porque habíamos escuchado que en ese la bajada era difícil y que por eso no había mucha gente, era peligroso.

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Llegamos y bajamos como no. En efecto la bajada era empinada, los escalones pequeños y resbaladizos por el agua. El espectáculo final era increíble, llegabas a una cueva donde la única luz que entraba era por un agujero en el techo. El agua cristalina, limpia, fresca. Las raíces de los árboles caían desde el techo del cenote. La luz hacía juegos con los colores en el agua, nunca nos habíamos bañado antes en un lugar tan bonito. No queríamos salir de allí.

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Pero fuimos al segundo cenote, estaba lleno de gente, era mucho más accesible para los niños y las familias. Duramos poco, por suerte nos pasamos de tiempo en el cenote anterior que a nuestro juicio era el más bonito.

Y con nuestro caballo regresamos, le dimos una propinilla al conductor para que cuidase al caballo. Y nos llevó un chico hasta el pueblo en bicicleta, al que también le dimos propina porque acabó sudando el pobre, y es que no estamos delgaditos precisamente.

Una vez en el pueblo, la fiesta se estaba preparando, con pinchos enormes que olían que te mueres, al gente sentándose en la plaza para ver la corrida de lazo.

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P1070440 Nosotros nos volvimos a Mérida, que esta noche también hay fiesta. Ahora nos vamos a cenar,a ponernos como chanchos, una costumbre aquí en México.