Regreso al pasado: Kyoto

Esta entrada pertenece a la serie Japon
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Salimos de Tokyo rumbo a Kyoto. Cogimos el tren bala que circula a unos 400 Km por hora, con lo que en 2 horas y media estábamos en Kyoto.

Kyoto no es una ciudad tan grande como Tokyo, tiene un millón y medio de habitantes y eso da algunas ventajas…la primera no tener que caminar tanto para ver lo que vale la pena.

El aterrizaje fué genial: el hostal no sólo era bueno, sino que estaba a 20 metros de la parada de tren y cerca del barrio tradicional de Kyoto (Gion).

El primer día no dió para mucho. Llegamos a media tarde y salimos a comer. Volvimos al hostal pronto y dormimos (estábamos fatal por la fiesta del día anterior)

Al día siguiente nos calzamos las botas de «ver templos» y «pai pai en mano» empezamos por el templo Kenji. Resultó ser el templo Zen más antiguo de Kyoto y uno de los más bonitos que hemos visto en Japón. Lo más interesante (y distintivo) es que el templo es más bonito por dentro que por fuera (al contrario que casi todos los templos). Lleno de tatamis, jardines y puertas de papel es lo que todos nos imaginamos cuando pensamos en un ambiente japonés.

Paseamos bastante tranquilos por el interior, refugiándonos una vez más del calor japonés.

Más tarde Dani y Sebas se metieron en un templo mucho menos concurrido, donde los jardines eran de ensueño. Tranquilos, apartados de todo y respirando harmonía…una paz que se rompió del todo cuando el monje nos sacó a patadas de lo que era su casa! A pesar del broncazo mereció la pena (verlo sin turistas, exactamente como ellos lo viven)

Yasaka fué el siguiente templo (este sin monje guardián). Miles de turistas, casi todos japoneses. Hemos venido en su periodo de vacaciones y eso se nota (para lo bueno y lo malo). De los que no eran japoneses, un 80% eran españoles. Se nota la fortaleza del Euro y que todos salimos de viaje el mismo mes.

Cenamos temprano, a media tarde (como se cena aquí) en unos chiringuitos al lado del río. La comida no fué excepcional, pero el ambiente era divertido. Los japoneses (siempre tan recatados) gritaban para anunciar su chiringuito como los gitanos del mercado. Algunos se disfrazaban para llamar la atención, y nos recordaban un poco a «Humor Amarillo».

Por la noche fuimos a Mibudera, un templo que alumbran con 1.000 linternas durante los festivales de agosto (previos a Obon, el gran festival de los japoneses). Las fotos son chulas, y la experiencia fué bonita pero cortita.

Antes de irnos a la cama tuvimos tiempo de ser timados en unos billares. 6000 yenes por 1 hora de billar y 6 cervezas. Nos fuimos calentitos (del cabreo) a la cama. Free Ball.

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