Después de un viaje corto desde Nara, llegamos a Osaka al mediodÃa. Después de haber visitado ciudades con tanto encanto, no tardamos en descubrir que Osaka no merecÃa la pena.
Estábamos en un barrio donde los borrachos y los mendigos eran la norma, por lo que pensamos que estábamos en un barrio marginal. Pero no era asÃ, estábamos en pleno centro y cerca de todas las cosas interesantes de Osaka.
Es de lejos la ciudad más fea y sucia que hemos visto den Japón hasta la fecha, los japos nos tenÃan muy bien acostumbrados.
El hotel no estaba mal, pero tenÃamos que dormir en habitaciones individuales con baños públicos, unas horas para las mujeres y el resto del dÃa para los hombres. Muchos hoteles son asà en Japón, con duchas comunes y una piscina de agua hipercaliente para relajarte.
El primer dÃa en Osaka fuimos al Acuario, el más grande del mundo. A pesar de estar abarrotado de japoneses, el lugar mereció la pena. Y nos entró el mono del buceo.
Pudimos ver peces raros, tiburón ballena, rayas gigantes, cangrejos gigantes, pingüinos, nutrias, focas y todo lo marino que os podáis imaginar.
El segundo dÃa en Osaka decidimos ir al Spa más grande del mundo. En el Spa no dejan entrar a gente tatuada para evitar a los Yakuza, asà que tuvimos que poner unos apósitos al tatuaje de Nati, nos quedó de maravilla y pudimos pasar el rato remojándonos en aguas calientes y paseándonos en bolas por el recinto. Cada género en una planta….. y finalmente a tirarnos por los toboganes de las piscinas del Spa familiar.
Los japoneses tienen una idea muy rara de lo que es una piscina, al menos aquÃ, porque le aplican corriente y te obligan a moverte todo el rato a favor de la corriente en cÃrculos, raro raro.
Salimos de allà flotando, listos para patear la ciudad de noche y el distrito electrónico.
La ciudad resultó ser una mierda, en eso estábamos todos de acuerdo. Pero una mierda super-iluminada por luces de neón.