Salimos de Osaka rumbo a Kanazawa, un “pueblo” tranquilo de 450.000 habitantes en la costa oeste de Japón.
Tres cosas positivas a la llegada: llovÃa y eso habÃa hecho descender la temperatura doce grados y se estaba fresquito; el hotel estaba de coña y tercero al lado del hotel habÃa una cafeterÃa con café bueno y barato.
El primer dÃa, después de hacer el check-in en el hotel, fuimos a pasear un rato y a enterarnos de que un autobús turÃstico daba la vuelta a la ciudad por los puntos más importantes por tres euros el pase de un dÃa. Ya estuvo bien por el momento.
MartÃn, Natalia, Ana y Dani se fueron a cenar a un italiano un poco pijo, nosotros nos fuimos a comer pizza y pasta al bar Manolo del barrio por dos duros.
Al dÃa siguiente tocó madrugar. Fuimos a los jardines Kenroku-en, considerados uno de los tres mejores jardines de Japón. Al ir bien temprano nos ahorramos el calor y la marabunta de gente. Es un jardÃn muy muy relajante y bonito.
Cuando empezó a apretar el calor estábamos viendo el castillo de Kanazawa, nos habÃa gustado mucho más el de Himeji, aunque este tenÃa un bosque alrededor bastante guapo.
De aquà nos fuimos al Museo de Noh (teatro japonés aristocrático, un poco decepcionante porque era pequeño y no habÃa explicaciones en inglés) y el de Arte Contemporáneo.
Tanta cultura y el madrugón nos habÃa dejado exhaustos, asà que comimos y nos fuimos a echar la siesta por fin. Mañana será otro dÃa.