Después de dos dÃas un poco sabáticos y de análisis, dejamos nuestro último destino japonés con una cena italiana y un capuccino enorme de postre. A la mañana siguiente nos fuimos al puerto de Hakata (o Fukuoka) en autobús. Estábamos en el sentido de la carretera contrario, asà que vino un amable japonés uniformado y nos llevó a la parada correcta, nos dijo el autobús que tenÃamos que tomar y a que hora llegarÃa. Perfecto.
Llegamos como relojes a la terminal internacional de ferry. En la página web avisan de que el check-in se debe realizar una hora antes, si no no pueden dejarte embarcar. Nosotros llegamos 20 minutos antes de la hora de inicio del check-in, y como son japoneses no nos dejaron pasar hasta que fue la hora exacta.
Una vez en el ferry beetle que corre que se las pela en 3 horas estábamos en Busan (o Pusan), es decir, en Corea.
Sólo bajarnos del ferry, todo y que no entendÃamos lo que decÃan y los sÃmbolos con los que escriben nos resultan tan extraños como los japoneses, enseguida supimos que ya no estábamos en Japón.
Los coreanos gritan, se cuelan, te empujan, se dan señales de afecto entre ellos (aunque no hemos visto los morreos españoles) y tiran cosas al suelo. Bienvenidos a Asia de nuevo!!!
Después de un viaje por metro llegamos a nuestro hostal. Más que un hostal era como un piso compartido, en la planta 24 de un edificio gigantesco, por el que tenÃamos unas vistas interesantes, no vamos a decir bonitas, de la ciudad.
Ese dÃa comimos y cenamos pizza, sÃÃÃÃ, pronto descubrirÃamos que la comida coreana pica que te mueres.
en argentina los coreanos esos ponen supermercados