Cazando Geishas!

Esta entrada pertenece a la serie Japon
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Un nuevo día, un nuevo templo! En Kyoto hay un montón de templos declarados «Patrimonio de la Humanidad», así que uno tiene que ver como mínimo 2 al día para no sentir que ha perdido el tiempo no?

Nos cascamos un par de templos por la mañana (Yamikazu y otro).

No fueron experiencias tan gratas como el del día anterior, pero las calles de Kyoto eran encantadoras. Llegar a cualquier sitio valía la pena sólo por hacer el trayecto.

En una de esas calles, de repente y sin aviso: Oh! Una Geisha!

Empezamos a sacar fotos (a intentarlo más bien, porque la marabunta de gente la tapaba). Por un momento nos creímos muy muy afortunados…hasta que la vimos andar. Era torpe…muy torpe.

Digamos que no era más hábil que cualquiera de nosotros si nos calzaran unos zancos de madera puntiagudos y un vestido ceñido. Y Martin y Sandra empezaron a decir «No es una Geisha», ante el abucheo de todos los demás (que queríamos creer que lo era).

Seguimos nuestro rumbo al hostal. Un breve descanso antes de salir al encuentro de Peter Macintosh, un guía no profesional que nos iba a dar un paseo comentado sobre Geishas (con información de donde se podían ver y a qué horas).

A las 16:30 encontramos al tal Macintosh vestido de kimono, sudando como un gorrino y con otros 4 turistas. No nos esperaba…a pesar de haberlo confirmado por mail. No pareció importarle mucho nuestra decepción (poco profesional) pero logramos sacarle información sobre el paradero de las Geishas y las horas en las que era más probable verlas.

Con esta valiosa información empezamos a deambular por las calles de Gion a la busca de una Geisha a la que fotografiar. Se estima que hay unas 1000 Geishas y Maikos (aprendices) en Japón…y unas 100 en Kyoto. Es difícil verlas, porque no son demasiado amigas de las cámaras y los turistas. Además, su negocio es la discreción y la imagen (que puede verse un poco dañada cuando 100 turistas corren detrás tuyo en pleno día con cámaras en mano)

Cuando llegamos a la calle en cuestión nos dimos cuenta de que no íbamos a estar solos en la cacería. Cientos de turistas cámara en mano esperaban como nosotros, caminando sin rumbo y reaccionando como un rayo ante cualquier grito. Si nos llamábamos entre nosotros para cualquier cosa había 10 personas oteando el horizonte.

Tuvimos mucha suerte.

La primera fué un desastre. Dani corrió detrás de ella…Sebas no pudo hacer fotos porque Dani la tapaba y Dani no tuvo tiempo de sacar una buena foto. Martín se perdió y Sandra tampoco pudo grabar video. Todos pensamos «bueno, la hemos visto…», con una mezcla de alegría y decepción.

Pero entonces vimos otras 2. En realidad sólo las vió Martín…que en ese momento no llevaba la cámara. Empezábamos a mosquearnos…¿Cómo corren tanto con ese vestido?

Empezamos a pillarle el gusto a la caza de Geishas. Y entonces sucedió. Sebas pasó por delante de una puerta y oyó tacones. Por las dudas, preparó la cámara…y se las encontró de frente. Sólo hubo tiempo a 2 fotos (una Geisha  a 1 metro de distancia IMPRESIONA), pero geniales.

Dani y Nati vieron 3 más. De hecho pudieron pasear a su lado un ratito.

Para despedirnos, vimos una aprendiz (Maiko) antes de dar la caza por concluída.

Fuimos a cenar encantados con la cacería. Las fotos son buenas…pero lo mejor es que todos (menos Sandra) habíamos tenido la experiencia de tener a una de esas obras de arte vivientes a menos de 1 metro de distancia (menos de eso, sólo los más poderosos de Japón)

Por la noche el plan era ir a Kodaiji, un templo que se ilumina de noche sólo 2 semanas al año (también para Obon). Aquí no hay mucho que decir aparte de las fotos, que dan fe de lo bonito de la experiencia (nos sentimos tremendamente afortunados durante todo el día).

Al volver del templo, Martín dice: «¿Por qué no volvemos por la calle de las Geishas?». Y vimos la última.

Sandra ya puede decir que ha estado delante de una Geisha (y la ha grabado!)

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