Si nos olvidamos de que en el universo no hay un “arriba” y un “abajo” y hacemos caso a los mapamundis, ahora estamos bocabajo en Australia. Y bocabajo todo sale al revés.
Será por eso que los planes se han ido a tomar por saco? En pocas semanas, hemos cambiado lo siguiente en nuestros planes:
En fin…esto es viajar. Imprevistos, anécdotas y saber decir a tiempo: “Que me quiten lo bailao…lo que duró duró” mientras le prendes fuego a la planificación de 200 páginas que habÃas hecho antes de salir.
Vivan las vacaciones. Gato puto!
Después de Milford Sound necesitábamos algún aliciente para seguir buscando cosas en Nueva Zelanda. El listón había quedado muy alto y decidimos que la próxima sorpresa nos la depararían los animales, y no los paisajes (o por lo menos, no sólo los paisajes)
Para eso fuimos a Dunedin. Como todas las ciudades kiwis, Dunedin es pequeña, limpia y bonita. La mayoría de los turistas vienen hasta aquí para ver dos cosas: la península de Otago (con playas muy bonitas) y a los poingüinos de ojos amarillos, una de las especies más raras y difíciles de ver (por su escaso número y su carácter extremadamente tímido y hudizo)
Nosotros hicimos las dos cosas. Fuimos a una de las playas a ver si había suerte y podíamos ver alguna foca o pingüino sin pagar (Alan Beach) mientras unos amigos del viaje probaron suerte en otra (Sandfly Beach). Ellos vieron focas…nosotros nada, pero ninguno pingüinos, así que todos acabamos pagando la entrada a la reserva natural de pingüinos de ojos amarillos que hay en Otago.
El avistamiento fué más natural de lo que esperábamos. Al principio pensamos que sería en plan zoológico, con los bichos encerrados y muertos de asco, pero nada de eso. Se trata de una playa a la que te acercas desde puestos de vigilancia camuflados y ves a los pingüinos salir del agua hacia sus nidos, en plena libertad.
Son animales bonitos y graciosos. Esta variedad además practica la monogamia (una pareja para toda la vida) y viven aislados (en parejas, no forman grupos para nada). Fué curioso ver como se limpiaban las plumas mutuamente y caminaban con esos andares tan característicos para salir del agua.
Después de sacar todas las fotos imaginables de pingüinos que pudimos pasamos una noche más en Dunedin y al día siguiente salimos hacia Christchurch. De camino pasamos delante de Moeraki Boulders (unas bolas de piedra formadas naturalmente de la misma forma que las perlas). Las bolas se formaron hace millones de años en un mar primitivo, quedaron sepultadas por los sedimentos y ahora el viento empieza a descubrirlas. Parece que surgan de la tierra.![]()
Eran parecidas a las del Valle de la Luna en Argentina, pero mucho más grandes y con otra composición (parecían estar formadas por hexágonos, como las pelotas de fútbol).
Seguimos hasta Christchurch donde pasaremos nuestros últimos días en este país maravilloso que nos ha devuelto la esperanza de seguir sorprendiéndonos con la naturaleza. Antes de llegar no sabíamos casi nada de este país y antes de irnos estamos seguros de saber una cosa: hay muy pocos países con tanta belleza acumulada en tan poco espacio. Los Kiwis son muy afortunados.
No, no es nada justo. Nueva Zelanda tiene demasiadas cosas bonitas. No puedes ir de un pueblo al otro sin parar 3 veces para hacer fotos. No puedes descartar nada como imposible (paisajes volcánicos, géisers, glaciares, colinas verdes, etc.)
En Argentina tenemos un chiste. Cuando Dios creó el mundo empezó a poner todo lo bueno (cataratas, glaciares, riquezas, recursos naturales) en Argentina. Un par de ángeles le preguntan si no es demasiado…y Dios dice – Tranquilos! Compensamos con la gente!
Los Kiwis (Neozelandeses) tendrían que ser personas realmente despreciables para compensar lo que tienen aquí.
Hoy por fin salimos hacia Milford Sound, tras 2 días esperando a que abriesen las carreteras. La espera valió la pena.
Hicimos todo el trayecto en un tour organizado y fué genial. Ninguno conducía y pudimos admirar el paisaje todo el camino. El tour incluía el autocar (con varias paradas para tomar fotos) y el crucero por los fiordos (más algún extra como sopa de calabaza o pastitas)
Las fotos han quedado bien, pero hay algunas experiencias que no quedarán escritas (quizás grabadas?) aquí. Entre ellas, el momento en el que el barco se acercó muchísimo a una cascada preciosa. Los dos teníamos puestas las Ipods, escuchando canciones que eran perfectas para el momento. Nos empapamos de agua fria, pero todo era tan idílico que nos importó un pimiento. Fué indescriptible, quizás uno de los mejores momentos en este país (y uno ciertamente memorable en el viaje).
Aquí os dejamos las fotos para que os hagáis una idea de lo que hemos visto.
Nota: Ayer nos enteramos de que TripAdvisor (una web de viajes con más de 25 millones de visitas al mes) ha elegido Milford Sound como el destino número 1 de todo el mundo. Nosotros lo vemos discutible teniendo en cuenta lo que llevamos visto, pero tampoco es descabellado.
PD: Mañana es nuestro aniversario. Cumplimos 9 años juntos, así que no esperéis que publiquemos (estaremos ocupadillos)
Salimos de los glaciares hacia el sur rumbo a Queenstown.
Vamos a explicarlo de forma simple: hemos alquilado un coche literalmente enano. Las mochilas no caben en el maletero porque ahí ponemos la comida, el motor es 1.3 y las carreteras de Nueva Zelanda son un poco tortuosas, pero su límite es 100 Km por hora. A veces en 10 metros te hacen reducir de 100 a 30 km/hora, son así de majetes y no hay un puto poli en la carretera nunca….
Excepto cuando venimos nosotros. Un poli muy majo nos puso la segunda multa por exceso de velocidad…íbamos a 110 en vez de a 100, así que tenemos 80 dólares más de deuda con los kiwis. A este paso no vamos a poder volver al país en la vida.
Pese al rallote que supuso acumular papelillos de la policia, llegamos a Queenstown. El paisaje como siempre merece la pena, incluso nos permitimos un pequeño picnic – pequeño no por la comida que tenemos en cantidad, sino por el tiempo, porque no hace falta se médico para saber que si se te duermen los dedos de las manos es que hace frío y te tienes que ir.
Queenstown es un pueblo pequeño que vive del esquí y el turismo. Siguiendo la filosofía de "estamos en temporada baja, no hace falta reservar" nos fuimos al primer hostal que nos gustó. Lleno.
Mira por donde ese día se inauguraba el festival de invierno , y empezaban las vacaciones de los kiwis y de los australianos. El pueblo estaba como una plaza de toros….22,22,22.
De pura chamba encontramos alojamiento después de patearnos todos los hostales y caer rendidos en la oficina de turismo, que por suerte, nos informó de que habían cancelado 2 camas si las queríamos eran nuestras. !Qué suerte! y una mierda.
Nos tocó dormir con un tío que bien entrado los 30 no hacía más que beber cerveza,. La noche fué encantadora:
Salimos pitando de allí para encontrarnos de lleno con un control de alcoholemia. El poli le acerca un aparato electrónico a Sebas a la cara y le dice algo que no entendimos a la primera.
Sebas abre la boca para soplar en la punta del aparatito…pero no hay boquillla. El poli repite: "Name and adress please".
Por lo visto detectan el nivel de alcolhemia por la voz…y nosotros casi le soplamos en el micro. Nos sentimos como Paco Martinez Soria en Madrid.
Dos horitas de coche y llegamos a Te Anau. Es el pueblo de entrada a la "Tierra de los Fiordos", a la orilla de un lago, es un pueblo encantador con un motón de senderos para caminar. Estamos en un hostal muy acogedor y sin vecinos toca huevos.
Mañana nos vamos a hacer la ruta del Milford Sound, un paseo escénico por la tierra de los fiordos con crucero incluído. Dicha carretera es la que tiene mayor riesgo de avalanchas del mundo, que no nos pase nada, pero tranquis que vamos en un tour organizado, nada de aventuras con mini-coches con cadenas.
Como nos dijo el poli, take it easy.
Nos levantamos tempranísimo para llegar temprano a los glaciares. Entre una tarea y otra (que si comprar comida, que si sacar más dinero, cargar gasolina…) llegamos a Franz Joseph a eso de las 10:30. En el camino atropellamos a un pobre pájaro que decidió hacer el kamikaze contra nuestro coche…
Nos fuimos directamente al único hostal del pueblo que tiene Internet gratis…pero la cosa nos ha salido mal. Internet sólo está en 2 ordenadores (para decenas de personas que se matan por usarlos) y lo que se gastan en Internet lo ahorran de calefacción.
De todos modos no vinimos aquí a relajarnos. En cuento dejamos las cosas, aprovechando que hacía un buen día (algo extraño en esta época), salimos con el coche hacia la base del glaciar Franz Joseph. El coche lo dejas a unos 200 metros de la morena del glaciar.
Las vistas que se tienen desde el sendero "seguro y pavimentado" son estas:
Si lo quieres ver más de cerca, tienes que caminar por el "sendero de los tobillos rotos", o lo que es lo mismo, por el río seco lleno de piedras de todos los tamaños y formas imaginables. Deben ser unos 1,5 km, pero tardamos casi 90 minutos en ir y volver.
De camino al glaciar se aprecian algunas cascadas y otras formaciones preciosas.
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Pero la estrella es por supuesto el hielo. En la base no es demasiado espectacular (a no ser por el tamaño, claro), debido al polvo y sedimentos que hacen que el hielo se vea como una roca sucia y gris. En lo alto se pueden ver los colores del hielo que vimos en Argentina (Perito Moreno) y que algunos van a ver caminando durante horas o directamente en helicóptero. Nosotros de momento tenemos nuestra cámara de fotos con un Zoom del 18, que es más barato y menos cansado que las dos opciones anteriores.
Al día siguiente fuimos a ver el Glaciar Fox, que aunque más pequeño, se puede ir más cerca de la base del glaciar. Pero como es costumbre en invierno en Nueva Zelanda, estaba lloviendo, de hecho estuvo toda la tarde y noche anterior lloviendo. Nosotros fuimos igualmente ya que no nos podemos entretener muchos días en el mismo sitio, hay un montón de cosas que ver en este país.
Llegamos al lugar por una carretera tortuosa y tuvimos que esperar en el coche hasta que amainara un poco la lluvia. Cuando salimos del coche a 5 minutos caminando estaba el glaciar. Pequeño pero mucho más bonito que el anterior.
Aunque el camino era largo, el paisaje hacia los glaciares merecía la pena. Paramos en Punakaiki, sí los nombres aquí son así de regios y contundentes. Como decíamos en Punakaiki están las Pancake Rocks o lo que es lo mismo"Las rocas panqueque o filloa o crepes" según el lugar de procedencia. Se llaman así por la forma, parece como si un panqueque encima de otro hubiesen formado la roca.
Paseamos por el parque y sacamos fotos tan guapas como estas. ![]()
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Se nos hizo tarde así que paramos en Hokitika a dormir, no pudimos llegar a los glaciares en un solo día.
Como anécdota, una segunda multa, esta vez con poli detrás de nosotros avisándonos con las luces al estilo puro yanqui. Ejemmm mientras reducíamos de 100 a 50 en 3 segundos, porque así son las indicaciones en este país, el poli nos pilló en 66, uisssss por los pelos. Bueno esos 16 km de diferencia suponen una multa de 120 dólares, que por supuesto no pensamos pagar.
Así mismo nos lo aconsejó el poli, diciéndonos que si nos íbamos a abandonar el país que no la pagásemos a menos que quisiésemos volver a Nueva Zelanda. De regalo, nos indicó en el mapa algunos sitios de interés turístico en nuestro camino al Franz Josef Glaciar.
Igualito que la guardia civil española.