Newcastle y las dunas de arena gigantes

Esta entrada pertenece a la serie Australia
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Cogimos el tren de Sydeny a Newcastle, en apenas 2 horas y media estábamos en nuestro destino.

Newcastle es un pueblo muy tranquilo, costero, y el hostal donde nos hospedamos es una pasada. Todavía mantienen las estructuras de hace 100 años, cuando era un antiguo hospital, pero debía ser un hospital de lujo porque el hostal es genial.

Salimos al rompeolas a ver si teníamos suerte viendo ballenas, que no tuvimos. Como el día era soleado pero con mucho viento, las olas eran enormes y los surferos empezaron a venir a mogollón. Primero se bañaban en una piscina de agua de mar que han construido aprovechando el rompeolas natural (el agua estaba a 13 grados, hay que tener valor), y luego se tiraban al agua a ver si pillaban una ola bien grande.

Primer mito caído, los surferos no necesariamente están buenos. Una típica estampa.

Al día siguiente cogimos un autobús hasta Anna Bay, donde están las dunas de arena móviles más grandes del hemisferio sur. Las dunas pueden llegar a medir 50 metros de altura, y la extensión de las dunas es de unos 32 Km. ¿Os lo podéis imaginar? es como estar en el desierto, sólo que puedes escuchar el sonido de las olas al romper.

Alquilamos un tour para que nos llevase a las dunas más altas y poder tirarnos con una tabla por las dunas, lo que se llama sandboard. Acojona al principio, porque las pendientes no son nada despreciables y notas la adrenalina; pero volver a subir la duna no es tan divertido y además bastante cansado. Aún así las vistas impresionantes, por lo que repetimos unas cuantas veces.

Después de tragar bastante arena, volvimos al hostal, noche de pizza y charla con José, un madrileño que trabaja en el hostal a cambio de alojamiento.

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