Como no aburrirse en Rotorua

Esta entrada pertenece a la serie Nueva Zelanda
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Como habíamos comentado, Rotorua sirve como base para hacer un montón de actividades, así como es centro de la ruta de la actividad geotérmica y las aguas termales.

El tiempo no quería acompañarnos, llovía y hacía frío, además de anochecer a las 17 horas cada día, pero nosotros no dejábamos un pequeño descanso en la lluvia desaprovechado. En Rotorua no puedes aburrirte, es imposible, a parte de las actividades inventadas por el hombre para estar a tope de adrenalina (paracaídas, pelotas gigantes en las que estás dentro cayendo colina abajo, etc), los paisajes naturales son una pasada.

Hicimos camino a las Okere Falls, nos costó llegar y cada vez que lo hacíamos (porque tuvimos que ir dos veces) llovía, pero al final las encontramos. Son muy pequeñas, pero los maoríes venían a bañarse aquí. Era un sitio tranquilo.

Pasearse por los lagos en la tranquilidad del invierno es muy relajante, pudimos hablar con locales, que aunque muy simpáticos tienen un acento muy cerrado y nos cuesta entenderles. Se puede hacer todas estas cosas si tienes un coche para moverte de un sitio a otro, sino es imposible ya que muchas veces los sitios no tienen ninguna señal. Nosotros le agradecemos a Chris, el dueño del hostal, todos los consejos que nos dio para poder ver las cosas gratis. Porque ya dijimos que en Nueva Zelanda nada es gratis.

La zona también es conocida por la actividad volcánica, el Volcán Tarawera, que permanece tranquilo desde el 1886, después de enterrar un poblado entero y de ganar terreno al lago. Los kiwis que lo aprovechan todo, han sacado partido del pueblo enterrado y puedes visitarlo previo pago. Fue una de las pocas actividades por las que hemos pagado hasta el momento. El Museo ciudad está muy bien documentado y puedes pasearte por el pueblo como si nada. Del barro y el lodo ya no queda nada de nada, la vegetación a vuelto a crecer exhuberante, pero quedan algunas construcciones y un bonito paseo con cascada incluída.

 

Por si no  nos habíamos cansado lo suficiente, fuimos al Bosque Rojo a hacer uno de los caminos, poca cosa, 2.5 Km, pero el bosque fue una de las cosas que nos sorprendió más. Árboles perfectamente alineados, enormes, muy verdes, pero de corteza roja que si hubiese hecho sol habría sido para morirse.

 

 

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